Enigmas y anomalía

Las claves de las "ouijafonías" con Francisco Azorín (2a parte)

Francisco Azorín asegura: «Uno de los fenómenos más extraños que suceden durante una práctica de ouija es lo que llamamos ‘ouijafonías’. Durante las sesiones grabamos todo lo que ocurre, y en bastantes ocasiones hemos conseguido psicofonías –voces supuestamente pertenecientes a espíritus, solo audibles mediante aparatos electrónicos– que aluden a lo que sucede durante la sesión. En varias de estas psicofonías son reconocibles voces de personas ya fallecidas que conocíamos en vida».

Miguel Pedrero

8 de Julio de 2020 (15:35 CET)

Las claves de las "ouijafonías" con Francisco Azorín (2a parte)
Las claves de las "ouijafonías" con Francisco Azorín (2a parte)

M. P.: Cuéntame algún caso de esta clase.

F. A.: Durante algunos años participó en nuestras prácticas un médico que murió ya hace tiempo. En una sesión grabamos una voz que decía: «Paco, soy (el nombre del médico), he venido antes, voy a tomar nota de estos registros». Cuando escuchamos la psicofonía, enseguida reconocimos su voz. Era inconfundible. Se estaba dirigiendo a mí porque Paco es como me llama todo el mundo que me conoce.

M. P.: Supongo que habrás vivido algunas experiencias personales que te han dejado marcado de por vida. Cuéntame alguna.

F. A.: Tengo grabado a fuego un suceso que ocurrió en una de las primeras sesiones que hice con la que ahora es mi esposa. Durante una ouija, apareció un ser que le dijo a mi mujer, entonces mi novia, que ella no era Elvira, como creía, sino María Eugenia. Se puso muy nerviosa porque sabía que su hermana gemela se llamaba María Eugenia. Esta había fallecido a las pocas horas de nacer. Total, que acabó contándole lo sucedido a su madre. Le preguntó si no era posible que se hubieran confundido, creyendo que había muerto María Eugenia cuando en realidad había sido Elvira. La madre lo negó y, además, la riñó por dedicarse a hacer sesiones de ouija. La cosa quedo así, y a los cuatro años decidimos casarnos. Pedimos, por tanto, nuestras partidas de nacimiento, necesarias para el tema burocrático. Y sorpresa, mi prometida descubrió que en la partida de nacimiento constaba como viva María Eugenia. Por tanto, la fallecida había sido Elvira, como había revelado la ouija. Tuvimos que remover Roma con Santiago para poder casarnos, porque obviamente una muerta no podía contraer matrimonio. Aquello fue bastante surrealista, pero al final logramos arreglar el asunto.

Otra vez, una entidad se dirigió a mi hermana María Rosa, que ese día participaba en la sesión, y le dijo que en el futuro se iba a mudar a Madrid a estudiar. Allí conocería a un compañero de clase llamado Robert con el que se iba a llevar muy bien. Efectivamente, pasado el tiempo se marchó a Madrid a realizar estudios de inglés y conoció a un compañero llamado Robert, con el que acabó manteniendo una relación.

Vaticinando el futuro

M. P.: Este último caso que me has narrado indica que es posible adelantarse a hechos futuros a través del tablero.

F. A.: Es posible, pero no habitual. Una vez, mis alumnos en el instituto me pidieron comprobar la validez de la ouija. A medio camino entre el interés propio de unos adolescentes y el egoísmo personal, me explicaron que en los próximos días iban a tener un examen muy importante de la asignatura de Filosofía y querían averiguar si el tablero podía revelarles las preguntas (risas). Entonces decidí llevar a cabo con ellos un experimento racional. Les puse como condición que solo podrían participar aquellos alumnos de 18 años o más, siempre y cuando contaran con el permiso por escrito de sus padres. Además, los chicos que formaran parte de la investigación debían comprometerse a estudiar todos y cada uno de los temas que entraban en la prueba de Filosofía. Con posterioridad a la misma se analizarían los aciertos y los fracasos. Al final participaron ocho chavales que dividí en dos grupos de cuatro. Los resultados cabría calificarlos de espectaculares, porque un grupo acertó a través de la ouija la mitad de las preguntas que iban a caerles en el examen, pero el otro hizo pleno: obtuvo un 100% de éxitos.

M. P.: Sé que en el CIM también habéis empleado la ouija para buscar objetos perdidos…

F. A.: Sí. En cierta ocasión, después de una sesión de ouija, una compañera del CIM llamada Cristina nos explicó que había comprado los regalos de Reyes para su familia antes de las fiestas navideñas, pero no se acordaba donde los había dejado. Había buscado por casa y nada. Así que se me ocurrió pedirle a Cristina que construyera un tablero de ouija en una cartulina, donde debía escribir todos los lugares en los que podían estar los regalos, por muy remotas que fuesen las probabilidades. Yo añadí la opción «otra posibilidad no contemplada aquí», que finalmente fue la que tocó el vaso durante la sesión. De modo que Cristina añadió nuevas opciones, incluyendo la palabra «hospital», porque es ginecóloga en uno de estos centros.

Reanudamos la sesión y el vaso indicó rápidamente «hospital», añadiendo que los regalos estaban a buen recaudo y no se iban a perder. La mujer no se quedó nada convencida del resultado y dudaba mucho que se encontraran donde había indicado la ouija. Al día siguiente, a las diez de la mañana, me telefoneó muy emocionada explicándome que, efectivamente, los había encontrado en el aparcamiento del hospital. Concretamente en el maletero del coche de un amigo y compañero. Pero lo extraño es que ya habían buscado varias veces en ese vehículo y allí no estaban. Me dijo: «No puedo explicarme cómo, de golpe y porrazo, han aparecido ahora en este lugar».

¿Qué «fuerza» desplaza el vaso?

A la vista de lo expuesto por Francisco Azorín, parece claro que es posible comunicarse mediante la ouija con el inconsciente de una persona viva sin que esta se percate de ello. «Mi teoría es que el ser humano no es solo su mente consciente, sino que está formado por otras potencialidades mentales, incluso más inteligentes y activas que el consciente», aclara mi informante. Del mismo modo, también es evidente que en muchas sesiones los participantes no se comunican con ningún espíritu, aunque así se identifique la entidad que hace acto de presencia, sino con el inconsciente de uno o varios de los actuantes, o bien con alguna clase de «compendio» del inconsciente de todos ellos.

En la actualidad, buena parte de los investigadores que se han acercado al fenómeno de la ouija defienden que el vaso no se desplaza sobre el tablero movido por alguna fuerza sobrenatural, aunque la sensación de los participantes en una sesión de ouija sea precisamente esa. Siempre es uno de ellos el que mueve el vaso, pero de forma inconsciente, no premeditada, mediante una serie de movimientos incontrolados de los músculos de su brazo.

Ahora bien, debemos formularnos la pregunta clave: ¿Es siempre el inconsciente del individuo el que genera el fenómeno de la ouija, o bien en algunos casos son entidades no humanas las que provocan dichos movimientos musculares, que acaban desplazando el vaso, el cual va tocando letras y componiendo frases?

Francisco Azorín no está de acuerdo con la teoría apuntada anteriormente, «ya que en determinadas experiencias, el máster –denominación del vaso o elemento sobre el que los participantes apoyan sus dedos– es capaz de describir trayectorias rectilíneas, curvilíneas y circulares a tal velocidad que es imposible que los microimpulsos inconscientes de una persona puedan provocarlas». En otras ocasiones, apunta Azorín, «los individuos pierden el contacto con el máster, que sigue su marcha frenética a lo largo y ancho del tablero, describiendo trayectorias impensables e imposibles de conseguir por medio de microimpulsos neuromusculares».

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