Historia oculta
14/06/2022 (13:02 CET) Actualizado: 14/06/2022 (13:02 CET)

Magia negra en la antigüedad (II)

Desde tiempos remotos, el hombre ha buscado los más diversos métodos para dominar a las fuerzas sobrenaturales en su propio beneficio

Javier Garcia Blanco

Periodista y fotógrafo

14/06/2022 (13:02 CET) Actualizado: 14/06/2022 (13:02 CET)
Magia negra en la antigüedad II
Magia negra en la antigüedad II

Junto a tablillas y figuras "vudú", un tercer grupo de evidencias arqueológicas ha permitido a los investigadores profundizar en las prácticas mágicas de la Antigüedad. Se trata de los Papyri Graecae Magicae o Papiros Mágicos Griegos, un conjunto de textos escritos en griego, demótico y copto datados entre el siglo I a.C. y el IV de nuestra era. Estos textos, hallados en el desierto egipcio, constituyen un material de valor incalculable, pues no sólo evidencian la riqueza del sincretismo religioso de Egipto bajo la dominación romana, sino que además amplían nuestro conocimiento sobre la variedad de hechizos y prácticas mágicas de la época.

Buena parte de las "recetas" incluidas en los papiros guardan notables similitudes con las tabellae, pero en otros casos presentan soluciones totalmente distintas. Una de las instrucciones más singulares explica, con todo lujo de detalles, cómo conseguir que el enemigo pierda la cordura: para ello había que atar un pelo de la víctima al de un muerto, y adherir ambos al cuerpo de un halcón. En otro caso, se alecciona al mago para conseguir que la víctima elegida sufra terribles pesadillas o incluso la muerte, después de dominar la ira del dios Seth y dirigirla contra el adversario deseado.

AL HABLA CON LOS MUERTOS

El repertorio de prácticas mágicas desarrollado en el mundo antiguo contaba también con otra "disciplina" de tintes no menos siniestros: la comunicación con los espíritus de los muertos, o nigromancia. Una práctica esta que debía ser común desde tiempos muy antiguos, pues la primera mención de la que se tiene constancia se halla, precisamente, en el libro XI de la Odisea, un texto que data de la época arcaica.

Los estudios realizados por los especialistas parecen evidenciar que la nigromancia fue una costumbre bastante común en Grecia. De hecho, distintas referencias en fuentes literarias hacen mención a los nekuomanteia o nekromanteia, "lugares de profecía de los muertos" o "lugares donde se ve a los muertos", respectivamente. Al parecer, existieron cuatro oráculos de este tipo que obtuvieron una fama considerable: el Acheron, en Thesprotia; el Avernus, en Campania; Heracleia Pontica, en el Mar Negro y el Tainaron, en la península de Mani. Según el especialista Daniel Ogden, autor de Greek and Roman necromancy, estos nekuomanteia podían estar ubicados en cuevas artificiales o naturales, o bien en lagos "donde no había pájaros".

Los consultantes debían pasar la noche en el interior del nekuomanteion, de forma que los espíritus le revelaran las respuestas durante el sueño

Por desgracia, la arqueología no ha obtenido muchas evidencias sobre las prácticas allí realizadas, aunque todo parece indicar que para obtener la información deseada, los consultantes debían pasar la noche en el interior del nekuomanteion, de forma que los espíritus le revelaran las respuestas durante el sueño, una práctica conocida como "incubación".

Ya en época romana, la práctica de la nigromancia estuvo vinculada a la participación de niños durante el ritual, generalmente como médiums, pues se creía que los infantes vírgenes poseían un espíritu limpio que facilitaba la comunicación con los espíritus. Al igual que en el caso griego, la finalidad de estos rituales era obtener algún tipo de información valiosa, o una predicción sobre el futuro. Curiosamente, la participación de niños en los rituales nigrománticos extendió la idea de que, en ciertos casos, éstos eran sacrificados durante los rituales, algo que en ningún caso ha sido demostrado por la arqueología.

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Ritual de Incubación

Esta connotación negativa de la nigromancia en época romana se manifestó tanto en la República como bajo el Imperio. De hecho, fue moneda corriente que algunos autores del momento utilizarán las acusaciones de nigromancia para desacreditar a figuras relevantes, e incluso a emperadores, como ocurrió con Nerón, Cómodo o Caracalla, entre otros. Una percepción negativa que tuvo su reflejo en la persecución que éstas y otras prácticas mágicas sufrieron en distintos momentos.

La llegada y posterior desarrollo del cristianismo no acabó con estas "disciplinas" –algunas de ellas, como la adivinación, incluso fueron practicadas por miembros del clero en los primeros siglos–, aunque sí fueron modificándose con el tiempo, creando el caldo de cultivo para prácticas de índole mágica de épocas posteriores.

Sólo se perseguía aquel tipo de magia que buscaba dañar a un individuo o a la comunidad

AL MARGEN DE LA LEY

Las distintas prácticas mágicas desarrolladas en el mundo grecorromano no fueron vistas por las autoridades de la misma manera, y su percepción fue distinta entre griegos y romanos. En el caso de Grecia, prácticas como la nigromancia no estaban mal consideradas, y por norma general sólo se perseguía aquel tipo de magia que buscaba dañar a un individuo o a la comunidad, y se juzgaba en función del mal supuestamente infligido. Una de las escasas referencias conservadas al respecto procede de la ciudad jonia de Teos, en cuyas leyes se condenaba a quienes empleasen pharmaka deleteria (magia dañina) contra la ciudad o algunos de sus miembros. Curiosamente, la cita aparece bajo la forma de una maldición contra quien realizase tal delito: "Aquel que emplee magia dañina contra la gente de Teos, sea destruido, él y toda su familia".

Tiberio condenó a pena capital a todo aquel que utilizara métodos mágicos para averiguar cuándo iba a fallecer el emperador

En Roma, tanto durante la República como en el Imperio, las leyes fueron mucho menos permisivas. Así, el emperador Augusto prohibió durante su mandato el uso de la magia o la adivinación con la intención de predecir la muerte. Igualmente, Tiberio condenó a pena capital a todo aquel que utilizara métodos mágicos para averiguar cuándo iba a fallecer el emperador. Finalmente, en época de Constancio II, la nigromancia quedó proscrita en función de la ley De maleficis et mathematicis et ceteris similibus.

AMULETOS CONTRA EL MAL

Las víctimas –o aquellos que se creían tales– de las más variadas maldiciones contaban con distintos medios de protección frente al mal. El medio más habitual para contrarrestar los hechizos maléficos eran los amuletos protectores, conocidos como periapta o periamma y que, básicamente, consistían en una especie de láminas de oro o plata, llamadas lamella, que se colgaban del cuello y en las que se realizaban inscripciones. Estos amuletos podían proteger frente a males generales o maleficios concretos, como los que se creían causados por las tablillas de maldición. En el caso de éstas, y de los muñecos “vudú”, parece ser que bastaba con descubrir tales objetos maléficos para anular su poder. En otros casos, los amuletos podían consistir en gemas igualmente inscritas, cuyo poder era mayor en función de la riqueza y el valor de la piedra preciosa utilizada.

Sobre el autor
Javier Garcia Blanco

Periodista y fotógrafo especializado en temas de arte, historia y viajes. Ha publicado sus trabajos en medios como El Mundo, GEO, Lonely Planet, Condé Nast Traveler Destinos, entre otros. Autor de varios libros, como Historia negra de los Papas, Ars Secreta o Héroes y villanos. Fue jefe de edición de Año/Cero, y actualmente dirige el magazine de viajes y cultura Wanderer.es

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Nº 384, Julio de 2022