Misterios

Resuelven el caso del 'vampiro' de Griswold

JB 55. Así rezaba en el ataúd descubierto por casualidad en Griswold (EE.UU.). En su interior yacían los huesos de un presunto vampiro en Griswold cuya historia ha sido ahora desvelada

Josep Guijarro

Periodista y escritor

24 de Septiembre de 2019 (11:00 CET)

Resuelven el caso del 'vampiro' de Griswold
Resuelven el caso del 'vampiro' de Griswold

En noviembre de 1990 unas obras en Griswold, una localidad del estado de Connecticut, EE. UU., pusieron al descubierto 28 tumbas que formaban parte un antiguo cementerio. Según los archivos, en el siglo XVIII se erigía allí el camposanto de Walton Family. Uno a uno fueron abriendo los ataúdes y comprobaron que todos poseían un inquilino para la eternidad, incluido el esqueleto de un niño de 13 años enterrado junto a un ataúd cuyo contenido era especial. La cabeza del fallecido había sido separada del cuerpo y sobre el cráneo se habían depositado dos fémures cruzados. En el féretro se habían inscrito las iniciales JB y un número que, posiblemente aludía a la edad del fallecido: el 55.

No se trataba de un pirata sino de un vampiro. Así lo han puesto de manifiesto los científicos encargados de su estudio que recientemente han presentado en el Museo Nacional de Salud y Medicina de Silver Spring los resultados de casi 30 años de investigación.

Michael E Ruane   Fair Use
 

Las iniciales JB se corresponderían con John Barber, un granjero o agricultor que vivió en la zona entre los siglos XVIII y XIX. Lo ha confirmado el cromosoma Y de su ADN y datos de genealogía disponibles en Internet. El arqueólogo arqueólogo Nicholas F. Bellantoni se han hecho una idea muy aproximada de la historia que llevó a este hombre a ser enterrado de una forma tan peculiar estudiando sus huesos y su ADN.

Tuberculosos y vampiros

Que JB era granjero o agricultor lo delatan la artritis de sus huesos y las señales de fracturas en sus costillas. Sin embargo éstas nada tuvieron que ver con su muerte. Según los investigadores, las fracturas obedecían a los abscesos de la tuberculosis, una infección bacteriana causada por un germen que ataca los pulmones, pero también puede dañar otras partes del cuerpo. Durante la época en la que JB falleció se sabe que hubo una gran epidemia de esta enfermedad en Nueva Inglaterra.

Sucede que la superstición de muchos habitantes de la región, relacionó a los afectados con el vampirismo. Sus rostros demacrados, tez pálida, ojos hundidos y las comisuras de los labios llenos de sangre, a causa de los esputos, contribuyeron a afianzar el mito. Creían que, después de muertos, se levantaban de sus tumbas para morder a sus vecinos y diseminar el mal.

Por esa razón, sus seres queridos realizaban con frecuencia lo que se llamaba un ritual de confirmación. Consistía en extraer el corazón del fallecido y si este contenía todavía sangre líquida significaba que era un vampiro. Si esto sucedía, se extraía el órgano para ser quemado en unos recipientes que tenían por objeto que, el humo resultante de la combustión fuera inhalado por los familiares y amigos para protegerse.

JB, sin embargo, llevaba cinco años enterrado cuando sus allegados quisieron comprobar si era un vampiro y, como es normal, sus órganos internos ya estaban descompuestos por lo que optaron por colocar los huesos de sus muslos cruzados sobre su rostro. Es la forma en la que se advertía en los cementerios de un peligro relacionado con el difunto vampiro. ¿Qué ladrón se atrevería a tocarlo?

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