Los Warren y la granja de ‘El Conjuro’
La granja de Harrisville, en Rhode Island, quedó ligada para siempre a Ed y Lorraine Warren y a la familia Perron después de los episodios que esta última aseguró haber vivido allí durante la década de 1970
La vivienda es una antigua granja situada en Harrisville, Rhode Island, en una extensa parcela rodeada de naturaleza. Su notoriedad no procede originalmente del cine, sino de las experiencias relatadas por la familia Perron, que se instaló en la propiedad a comienzos de los años setenta.
Roger y Carolyn Perron vivieron allí con sus cinco hijas y, según el relato familiar, comenzaron a advertir sucesos que consideraban fuera de lo normal.
Los Perron hablaron de ruidos, movimientos inexplicables y otras situaciones que atribuyeron a presencias en la vivienda. La intensidad que, según su versión, llegaron a alcanzar algunos episodios llevó a recurrir a Ed y Lorraine Warren, el matrimonio estadounidense conocido por investigar casos que ellos interpretaban como manifestaciones paranormales. Su intervención terminó convirtiéndose en una de las historias más conocidas asociadas a su trayectoria.
El caso adquirió una dimensión completamente distinta décadas más tarde, cuando sirvió como base para Expediente Warren: El Conjuro, una película estrenada en 2013.

El film convirtió la experiencia de los Perron en una historia de terror construida para la gran pantalla, con elementos dramatizados y recursos propios de la ficción cinematográfica. Por ese motivo, lo mostrado en el filme no debe entenderse como una reproducción documental de los acontecimientos relatados por la familia, el cine siempre dramatiza los hechos y los exagera.
La propiedad real, sin embargo, existe y su vinculación con los Perron y los Warren hizo que se transformara en un lugar muy reconocible para los seguidores del género.
Que en una misma vivienda confluyeran una tragedia histórica, testimonios sobre supuestos fenómenos paranormales y una adaptación cinematográfica de éxito acabó dando a la granja una notoriedad que continuó mucho después de que la familia abandonara el inmueble.
Cory y Jennifer Heinzen compraron la propiedad y volvieron a hablar de fenómenos extraños
Años después, Cory y Jennifer Heinzen adquirieron la granja. La decisión tenía un componente poco habitual: conocían perfectamente la fama del inmueble y estaban interesados en el misterio y en la investigación de supuestos sucesos paranormales. Para ellos, por tanto, la historia de la casa no constituía necesariamente un inconveniente.

Cory Heinzen explicó al Lewiston Sun Journal que ambos se habían enamorado rápidamente de la propiedad. Destacó el terreno, el río situado en la parte posterior y el estanque, además de la tranquilidad del entorno.
La pareja emprendió trabajos de restauración y comenzó a pasar tiempo en una vivienda cuya reputación había trascendido ya ampliamente las fronteras de Rhode Island.
Experiencias paranormales en la granja
Fue entonces cuando los Heinzen aseguraron haber vivido sus propias experiencias. Cory relató haber escuchado pasos y golpes y habló también de luces que parecían parpadear en determinadas habitaciones. Según su testimonio, algunas de esas estancias ni siquiera disponían de iluminación que pudiera explicar aparentemente lo observado.
Las cámaras instaladas en la propiedad también jugaron un papel importante en sus investigaciones.
El propietario afirmó haber captado imágenes que interpretó como indicios de presencias y llegó a referirse a lo que consideraba un espíritu inicialmente juguetón cuyo comportamiento, siempre según su percepción, habría ido adquiriendo un carácter más inquietante.
La relevancia periodística del caso orbitaba en que nuevos habitantes de una casa ya conocida por este tipo de relatos aseguraron experimentar situaciones similares décadas después de los episodios descritos por los Perron.

Una casa marcada por la fama de los Warren
La historia de la granja reúne así dos etapas claramente diferenciadas. La primera corresponde a los años en los que la familia Perron residió allí y solicitó la intervención de los Warren.
La segunda llegó con Cory y Jennifer Heinzen, que entraron en la propiedad conociendo de antemano su pasado y posteriormente comunicaron experiencias que también consideraron anómalas.
La popularidad de El Conjuro terminó amplificando una historia que llevaba décadas circulando. Ed y Lorraine Warren ya eran figuras conocidas dentro del ámbito de la investigación paranormal, pero la película trasladó el caso de Harrisville a una audiencia internacional y convirtió la casa real en una pieza central del universo que inspiró la saga cinematográfica.
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