Hechos paranormales

El monasterio embrujado, un caso del matrimonio Warren

El matrimonio Warren se ha hecho popular gracias a las adaptaciones de algunos de sus casos a la gran pantalla. Sin embargo, su archivo de historias es mucho más amplío. Por ejemplo, la historia del monasterio embrujado levantado en un lugar maldito donde se realizaron extraños rituales.

3 de Febrero de 2021 (17:58 CET)

El monasterio embrujado, un caso del matrimonio Warren
El monasterio embrujado, un caso del matrimonio Warren

El matrimonio Warren se ha convertido en un icono de la cultura popular gracias a las películas que han llevado a la gran pantalla algunos de sus casos más terroríficos. Sin embargo, las historias que hemos conocido a través del cine son solo un mínimo ejemplo del enorme archivo que esta peculiar pareja de investigadores de lo paranormal acumularon a lo largo de su carrera. Gracias a Ediciones Obelisco, que está traduciendo las obras de los Warren al castellano, ahora podemos acceder a muchos de sus famosos "expedientes". Por cortesía de la editorial, en Espacio Misterio os ofrecemos algunos de los más impactantes.

Ed y Lorraine Warren se conocieron en 1942. Inmediatamente, ambos conectaron de forma especial. Cuando Ed le confesó a su futura esposa que, desde que eran un niño, le sucedían cosas extrañas, Lorraine prestó mucha atención. Ed le contó que la casa en la que vivía cuando era niño estaba embrujada. Muchas noches se iba a la cama aterrado, ya que las puertas de su armario se abrían y cerraban solas y, además, ante él aparecían diferentes rostros que no debían estar allí que le hacían gestos y le hablaban. Lorraine se sintió inmediatamente identificada. A ella le sucedía lo mismo, e incluso era capaz de percibir el aura de las personas. 

Con el inicio de la II Guerra Mundial, Ed fue llamado a filas y sus aventuras en busca de lo paranormal se hicieron esperar. Pero en 1952, fundarían la NESPR, New England Society for Psychic Research (Sociedad para la Investigación de Fenómenos Paranormales de Nueva Inglaterra), una entidad sin ánimo de lucro destinada a ayudar a quienes afirmaban ser víctimas de fenómenos extraños o espíritus diabólicos. Ante cualquier solicitud de ayuda, los Warren se dirigían a la casa en cuestión, entrevistaban a sus habitantes, evaluaban el caso y decidían si tomar cartas en el asunto o no. Esta es una de sus historias recogida en El Cementerio...

Ed y Lorraine Warren
Ed y Lorraine Warren, ambos ya fallecidos

En los archivos del cementerio Union (Connecticut), hay un ejemplo de nigromancia, el extraño caso del monasterio embrujado.

Hace algunas décadas, un grupo de monjes devotos llegó a la zona para construir un monasterio. Su intención era la de erigir un hermoso y noble monumento en honor a Dios, y para ello utilizarían la piedra y la madera de la región. Levantarían el monasterio en lo alto de una colina, para vivir en comunión con las estrellas en la vasta noche de Nueva Inglaterra.

La historia nos cuenta que, durante la Edad Media, hubo algunos monasterios en el corazón de Europa dedicados a las prácticas satánicas. Más de un sacerdote, buscando refugio de la tormenta, terminó sentado a una triste mesa de madera situada en una habitación con aspecto de mazmorra frente a un monje cuyos ojos oscuros reflejaban la locura de su pacto con Satanás.

Estos monjes renegados eran nigromantes. ¡Pobre del viajero que cayera en sus manos! Uno de estos sacerdotes santos más tarde relató que había sido testigo de una ceremonia que tuvo lugar a medianoche en un profundo sótano donde una joven virgen de quince años oriunda de un pueblo cercano había sido primero violada y después descuartizada con unos largos cuchillos que brillaban a la luz de las velas. El cadáver se utilizó como sacrificio para invocar a los muertos. El sacerdote consiguió huir y, al llegar a París, advirtió al gran arzobispo sobre aquella repugnante secta. Éste envió a tres de sus mejores guerreros-sacerdotes para que se ocuparan de los infieles. No obstante, cuando llegaron al lugar que les habían indicado, encontraron el monasterio vacío. Los monjes hacía tiempo que se habían ido.

Algunos años después, el arzobispo decidió volver a consagrar el monasterio y entregárselo a los frailes dominicos. Sin embargo, después de que diversos grupos de monjes y frailes intentaran vivir allí sin demasiado éxito, el arzobispo llegó a la conclusión de que el terreno donde se asentaba el monasterio era inhabitable. La cosecha no crecía, el agua del pozo era tan amarga que no podía beberse y los gritos y gemidos de los muertos demoníacos se oían a través del suelo.

El terreno estaba maldito y, por tanto, no era adecuado para aquellos que seguían los caminos del Señor.

UN MAL LUGAR PARA CONSTRUIR

En el monasterio de la región del cementerio Union nada iba bien. Por muchas horas y empeño que los monjes dedicaran a la construcción de los cimientos, éstos nunca estaban bien. Por mucho esfuerzo que pusieran en la construcción del tejado, la estructura siempre terminaba desplomándose. Por si eso no fuera poco, también hubo incendios provocados por llamas que aparecían súbitamente sin motivo aparente y que destruían gran parte del trabajo ya terminado.

En la actualidad, al subir por la colina que lleva al monasterio, lo único visible son unas cuantas piedras desperdigadas y escombros. Aún puede distinguirse el lugar donde tenían previsto construir los cimientos, imaginar las ventanas que habrían permitido a los monjes observar las estrellas por la noche y el terreno donde pensaban emplazar un amplio jardín.

Tras investigar el terreno sobre el que querían construir, llegaron a la conclusión de que estaba maldito

Sin embargo, hoy en día sólo quedan unas cuantas piedras y escombros. Desde lo alto de la colina se oye el prolongado silbido del viento agitando la hierba y las plantas que cubren todo el esfuerzo que los monjes pusieron en este lugar. Es la misma sensación que te invade al visitar las ruinas de un templo inca, la de un pasado majestuoso sobrepasado por el tiempo y el capricho de los dioses.

La sociedad dedicó toda una primavera a investigar el terreno sobre el que debía construirse el monasterio. Y llegó a la conclusión de que el terreno está maldito. A finales del siglo XIX, un grupo de personas que viajaba a través de la región acampó aquí durante casi un mes en condiciones muy primitivas. Tuvieron altercados con algunos habitantes de la zona y problemas con la ley. Según algunos rumores, por la noche realizaban extrañas actividades. Una vez que se hubieron marchado, se encontraron los huesos limpios de distintos animales en una fosa de arena y, más tarde, se descubrieron símbolos satánicos tallados en los troncos de diversos árboles. Muchas de estas personas acamparon en el lugar donde, tiempo después, debía construirse el monasterio.

Aunque no existe ninguna evidencia del paso de aquellas personas por la zona –a veces este tipo de «personas» son sólo el producto de rumores y chismorreos–, la sociedad cree que existieron, que se detuvieron aquí, que realizaron ritos nigrománticos... y que ése es el motivo por el cual el terreno está maldito.

El lugar aún se utiliza para realizar actividades satánicas

El edificio sigue en pie hoy en día..., su majestuosidad pasto de las malas hierbas y las plantas. Cuando lo visitas, como Ed y yo hicimos recientemente, no puedes evitar pensar qué se siente al caminar entre las ruinas de una civilización desaparecida.

El lugar aún se utiliza para realizar actividades satánicas. En un viaje reciente para realizar labores de campo, algunos miembros de la N.E.S.P.R. se acercaron a las inmediaciones del viejo monasterio y encontraron velas negras y demás parafernalia relacionada con la magia negra. Al parecer, los seguidores del culto satánico han regresado a este viejo emplazamiento y vuelven a utilizarlo.

No es de extrañar que los devotos monjes cejaran en su empeño de construir el monasterio… y huyeran de ese terreno maldito.

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