Descubren un 'ecosistema extraterrestre' bajo el océano de Chile
Científicos descubren en las profundidades más inhóspitas de la Tierra un ecosistema que desafía las leyes de la biología y que podría ser el mayor indicio de que hay vida en otros mundos
Hay lugares en la Tierra donde la ciencia debería decir "aquí no puede haber nada". Uno de ellos es el fondo de la Fosa de Atacama, en el Pacífico chileno: más de 8.000 metros de oscuridad absoluta, presión aplastante, temperaturas cercanas al cero. Un entorno que parece diseñado para matar.
Y sin embargo, allí, a 2,5 kilómetros de profundidad frente a la costa de Antofagasta, un equipo de investigadores españoles acaba de encontrar algo que no debería existir.
Un ecosistema entero. Vivo. Funcionando. Y siguiendo unas reglas que hasta ahora no habíamos visto.
El hallazgo que nadie esperaba
El estudio ha sido liderado por el Centro de Astrobiología (CAB), INTA-CSIC, en el marco de la expedición Living Fossils of the Atacama Trench, parte del programa del Schmidt Ocean Institute y dirigida por el investigador del CAB el Dr. Armando Azúa Bustos.
Durante una inmersión de larga duración, algo llamó la atención del equipo: una zona de sedimentos inusualmente oscuros que albergaba formas de vida características de las emanaciones de gases, incluyendo moluscos simbióticos y extensas biopelículas blancas de microorganismos capaces de oxidar azufre.

Habían encontrado lo que se llama un cold seep o emanación fría: un ambiente donde gases y líquidos salen lentamente del subsuelo marino hacia el agua, manteniendo ecosistemas altamente especializados que forman "oasis marinos" en el fondo oceánico.
Hasta aquí, nada extraordinariamente nuevo. Pero entonces llegó el detalle que lo cambió todo.
Todos los ecosistemas de este tipo conocidos hasta la fecha tenían algo en común: el metano. Es el gas que alimenta la cadena de vida, el combustible de estas comunidades en la oscuridad. Pero aquí no había metano.
"Aunque el ciclo del azufre es relevante en las emanaciones de gases a nivel global, sus fluidos asociados suelen contener también hidrocarburos como el metano. Este no parece ser el caso aquí, lo que convierte a este lugar en un ecosistema único y especialmente interesante", señala Miguel Arribas Tiemblo, autor principal del estudio e investigador del CAB.
En su lugar, todo gira en torno al azufre. "La superficie de la emanación está cubierta por biopelículas de organismos oxidadores de azufre, mientras que el subsuelo alberga abundantes bacterias reductoras de sulfato. En conjunto, estos procesos apuntan a un ciclo del azufre muy activo", explica Arribas Tiemblo.
Un ecosistema completo, autosuficiente, funcionando en las tinieblas del Pacífico, sin luz solar y sin metano. Solo química de azufre. Una receta que, hasta hoy, nadie había visto funcionar sola a esta escala.

Más allá de la Tierra
Aquí es donde el hallazgo adquiere una dimensión que va mucho más allá de la biología marina, y que el propio equipo —formado por astrobiólogos, no por oceanógrafos convencionales— señala explícitamente.
Las emanaciones de gases, junto con las chimeneas hidrotermales, se consideran similares a potenciales entornos habitables en los océanos presentes bajo la superficie de algunas lunas del Sistema Solar, como Encélado y Europa.
Encélado, luna de Saturno, tiene un océano líquido bajo su capa de hielo con actividad química confirmada. Europa, luna de Júpiter, presenta condiciones similares. Ambas son candidatas principales en la búsqueda de vida extraterrestre. Y en ambas, la química del azufre podría ser protagonista.
El descubrimiento de un ecosistema sostenido mayormente por procesos basados en el azufre amplía el rango de condiciones en las que podría existir vida fuera de la Tierra.
Dicho de otra manera: antes de este hallazgo, los modelos de habitabilidad de esas lunas exigían ciertos ingredientes. Ahora sabemos que la vida puede prosperar con una receta diferente. El abanico de mundos donde podría haber vida acaba de ampliarse.

El equipo que busca vida en el cosmos... y la encontró en la Tierra
No es casual que este descubrimiento lo hayan hecho astrobiólogos y no oceanógrafos al uso. El Centro de Astrobiología (CAB) fue creado en 1999 como el primer centro del mundo dedicado específicamente a la investigación astrobiológica, y el primer centro no estadounidense asociado al programa de Astrobiología de la NASA.
Son los mismos científicos que tienen instrumentos funcionando ahora mismo en Marte, los que buscan señales de vida en exoplanetas, los que participan en misiones como ExoMars. Y ahora, explorando el fondo del Pacífico, han encontrado algo que refuerza exactamente lo que llevan décadas argumentando: que la vida es más resiliente, más creativa y más inesperada de lo que imaginamos.
Estos resultados expanden nuestro conocimiento sobre la capacidad de adaptación de la vida en ambientes extremos e inciden en la importancia de seguir explorando el océano profundo como una ventana tanto al pasado de la vida en la Tierra como a su existencia fuera de ella.

La Fosa de Atacama
La Fosa Perú-Chile es uno de los entornos marinos más profundos y estables de la Tierra, alcanzando profundidades superiores a los 8.000 metros a lo largo de sus 6.000 kilómetros de longitud. Esta región ha permanecido estable durante millones de años, lo que podría haber permitido la persistencia de "fósiles vivientes" en ella.
Un tiempo geológico tan largo que algunos de sus habitantes podrían ser literalmente reliquias de otra era. Formas de vida que llevan evolucionando en el más absoluto aislamiento mientras en la superficie surgían y caían civilizaciones enteras.
Y todo eso estaba ahí, esperando, a 2,5 kilómetros bajo las aguas de Chile.









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