El experimento que desmontó la astrología
¿Cuánto de verdad hay en la astrología? Un experimento en Francia demostró que la percepción pesa más que los astros.
En los años 60, los horóscopos informáticos eran un suculento negocio en Francia. Con ayuda de los ordenadores de la época, se realizaban registros de la posición de los astros en el momento del nacimiento de una persona y, a partir de su nombre, hora y lugar de nacimiento, se podía conocer su personalidad y lo que el futuro le deparaba.
La empresa Ordinamus, del astrólogo André Barbault, era la más afamada de la época. Anunciaba cartas astrales por 120 francos en enormes vallas publicitarias, asegurando ofrecer los detalles más íntimos y específicos de la personalidad con ayuda de la tecnología electrónica de última generación. Por eso, cuando el periódico Ici-Paris publicó un diminuto anuncio de “Horóscopo gratis” el 16 de abril de 1968, el resultado fue histórico.

El anuncio aseguraba que, a cambio de enviar sus datos personales a la compañía "Stral Electronic", en el 8 de Rue Amyot, los interesados recibirían un documento de 10 páginas con una carta astral personalizada, completamente gratis. La historia recuerda que incluso diez años después de publicado el anuncio, las cartas de los interesados seguían llegando a Rue Amyot; pero solo las primeras 150 personas recibieron aquella carta astral junto a un pequeño cuestionario.
"¿Te reconoces a ti mismo? ¿Reconoces tus problemas personales? ¿Qué piensas de los resultados de la carta? ¿Qué opina tu familia?" Fueron 135 participantes quienes devolvieron las respuestas a Stral Electronic. Lo que no sabían era que aquella era una empresa ficticia, inventada por el psicólogo Michel Gauquelin con el fin de realizar un experimento sobre la percepción de la astrología.
El experimento quería comprobar si los franceses se dejaban influenciar por su carta astral

El experimento consistía en comprobar si los franceses se dejaban influenciar por lo leído en la carta astral. El resultado, publicado en 1979 en el libro Dreams and Illusions of Astrology, arrojó que el 94 % de los participantes se identificaban con la carta, y el 90 % afirmaban que su familia concordaba con los resultados. Pero la publicación del experimento reveló algo aún más sorprendente, que lo llevó a los anales de la investigación paranormal.
Todos los participantes habían recibido el mismo texto. Un texto que, entre otras cosas, decía que “es una persona sensible, con un amor infinito por la humanidad”. Y he aquí lo más revelador: la carta astral había sido solicitada por Gauquelin a la empresa Ordinamus, proporcionando los datos de un personaje nacido el 17 de enero de 1897: Marcel Petiot.

Petiot sigue siendo un eco macabro en Francia. Fue un médico y político que, durante la Segunda Guerra Mundial, engañó a multitud de refugiados. Con el pretexto de ayudarlos a escapar de la Francia ocupada, los asesinaba en su propia casa para robar sus pertenencias y deleitarse viéndolos morir. ¡Así es! Los franceses habían asegurado sentirse identificados con la carta astral de un asesino en serie sospechoso de 60 víctimas, condenado a la guillotina en 1946.
"Está bañado por una estremecedora sensibilidad oceánica de amor universal […] provisto de un sentido moral confortable", decía la carta astral generada por los modernos ordenadores de Barbault…
Sorpresas da la vida. Mundos llenos de contradicciones. Sorprendentemente, el nombre de Gauquelin sigue siendo utilizado por cientos de astrólogos para justificar la creencia en la influencia de los astros sobre los humanos. El motivo es el llamado efecto Marte, un experimento cuya casualidad parece haber eclipsado el resto de sus trabajos destinados a desacreditar lo que él consideraba una pseudociencia.
El efecto Marte es una supuesta correlación entre la posición del planeta Marte en el cielo en el momento del nacimiento y el hecho de que esa persona sea un gran deportista.
Hoy aún es posible encontrar páginas de internet que ofrecen gratuitamente cartas astrales a cambio de unos cuantos datos de nacimiento. Un participante devolvía las respuestas a Gauquelin aquel 1968 y concluía: "El trabajo hecho por la máquina es maravilloso”.








Comentarios
Nos interesa tu opinión