Correlación de Orión, el mensaje de una civilización perdida
¿Por qué se orientaron las pirámides de Giza a la constelación de Orión? ¿Son un símbolo de la eternidad? ¿Qué impulsó a varias generaciones a trabajar en unas obras que movieron 50M de toneladas de piedra?
En 1989, Robert Bauval observó que las pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos, en Egipto no están perfectamente alineadas; la pirámide de Micerinos está ligeramente desplazada. Esta disposición recuerda la posición de las tres estrellas del Cinturón de Orión: Alnitak, Alnilam y Mintaka, donde Mintaka también presenta un ligero desplazamiento. Bauval creyó que no era por casualidad, sino una representación intencionada por parte de los constructores. Es lo que se conoce como Teoría de la Correlación de Orión (OCT) y Bauval no solo identificó la correspondencia entre las pirámides y Orión, sino que también señaló que la alineación era más exacta si se retrocedía en el tiempo hasta aproximadamente el año 10.500 a.C. Esto sugiere que la planificación de las construcciones de la meseta de Giza pudo estar inspirada en un conocimiento astronómico muy anterior a la IV Dinastía (alrededor del 2,500 a.C.), lo que abriría la posibilidad de que estuviera basada en tradiciones mucho más antiguas. ¿Una civilización anterior?
Cuando se difundió la datación los egiptólogos más ortodoxos huyeron como alma que pilla el diablo. ¿Cómo iban a alinearse las pirámides con un momento de la historia en el que Egipto no existía? ¿Qué pudo suceder en el 10.500 a.C para que los habitantes de estas tierras erigieran tres hitos para conmemorarlo? ¿Acaso las pirámides no eran tumbas? La alineación tenía que ser una curiosa coincidencia. Pero no. En 2016, un estudio publicado en Archaeological Discovery por científicos italianos del Departamento de Matemática y Física de la Universidad de Salento, sometieron la OCT a análisis estadísticos rigurosos. Utilizando simulaciones de Monte Carlo, los investigadores evaluaron la probabilidad de que la correlación entre las posiciones de las pirámides y las estrellas fuera fruto del azar. Los resultados indicaron que la coincidencia no parece ser fortuita y es compatible con la observación a simple vista de las estrellas del Cinturón de Orión. Es más, comprobaron como la dimensión de las pirámides está correlacionada con el brillo de las estrellas de la constelación de Orión.

Para los antiguos egipcios, la vida después de la muerte estaba estrechamente ligada a las estrellas. El faraón, considerado un ser divino en vida, debía emprender un viaje cósmico tras su muerte para reunirse con los dioses en la Duat, el reino celestial. Esta creencia se ve reflejada en los Textos de las Pirámides, los escritos religiosos más antiguos de Egipto, que describen al faraón ascendiendo a los cielos para convertirse en un dios estelar.
La construcción de las tres grandes pirámides no fue un proceso arbitrario. Para que encajaran con la disposición del Cinturón de Orión, una misma visión debió ser transmitida a lo largo de generaciones. Esto implicaría que los faraones Keops, Kefrén y Micerinos—o al menos sus arquitectos y sacerdotes—compartían un plan maestro que aseguraba que cada monumento se construyera siguiendo un modelo preestablecido, haciendo un espejo del cielo en la Tierra.
Pero, ¿cómo pudieron lograr esta proeza? Los egipcios de la IV Dinastía ya poseían avanzados conocimientos matemáticos y astronómicos. Se sabe que orientaban sus monumentos hacia los puntos ascendentes de ciertas estrellas brillantes como Sirio y Canopo, y que utilizaban la constelación de la Osa Mayor para alinear sus templos y pirámides con los puntos cardinales.

Astronomía en los templos
El interés de los egipcios por los fenómenos celestes está ampliamente documentado en inscripciones funerarias y templos sagrados. Por ejemplo, en los sarcófagos del Imperio Medio (1990-1780 a.C.) y en las tumbas del Imperio Nuevo (1530-1080 a.C.) encontramos representaciones detalladas de constelaciones y estrellas asociadas con la vida después de la muerte. Un caso emblemático es la tumba de Senmut, dignatario de la reina Hatshepsut (siglo XV a.C.), donde se ha descubierto un techo astronómico que muestra un mapa estelar con las posiciones de diversos astros clave para la cosmovisión egipcia.
El hecho de que los antiguos egipcios alinearían templos y pirámides con referencia a las estrellas refuerza la idea de que Giza no fue una excepción. Si las pirámides realmente fueron concebidas como una representación terrestre de Orión, entonces el propósito de estos monumentos no era solo funerario, sino también astronómico y religioso: un puente simbólico y físico entre el faraón y su destino celestial.

¿Un misterio más allá de Egipto?
Si la alineación de Giza con Orión es más precisa en el 10.500 a.C., surge una pregunta inquietante: ¿quién diseñó este plan astronómico? La egiptología convencional sostiene que las pirámides fueron erigidas en la IV Dinastía, pero esta teoría abriría la posibilidad de que los egipcios heredaran conocimientos de una civilización anterior, ya sea local o foránea. Algunos investigadores han señalado similitudes con construcciones megalíticas en otras partes del mundo que también presentan alineaciones astronómicas precisas.
La Teoría de la Correlación de Orión sigue siendo un tema de debate entre científicos y entusiastas del misterio. Mientras algunos la ven como una prueba de la avanzada cosmovisión egipcia y su obsesión con la inmortalidad, otros la descartan como una simple coincidencia. Sin embargo, lo que es innegable es que las pirámides de Guiza siguen desafiando nuestra comprensión de la historia antigua, dejando abierta la puerta a nuevas investigaciones y descubrimientos.
¿Fue Giza simplemente una necrópolis real o el reflejo de un conocimiento ancestral perdido en el tiempo?









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