Misterios

La verdad sobre la piedra extraterrestre del sur de Francia

Toda la historia de la misteriosa piedra azul de origen extraterrestre que un vecino de Le Bugarach aseguró haber encontrado en una cueva en el sur de Francia

Josep Guijarro

Periodista y escritor

20 de Septiembre de 2019 (11:00 CET)

La verdad sobre la piedra extraterrestre del sur de Francia
La verdad sobre la piedra extraterrestre del sur de Francia

En 2012, el Bugarach la montaña que se erige en la región de Corbières (Francia) se convirtió, por arte de las profecías mayas, en el único lugar del mundo que se salvaría de la “catástrofe”. Los extraterrestres de Orión anunciaron vía canalización que el pico se convertiría en una especie de gigante jaula de Faraday que protegería a quienes estuvieran allí de las tormentas cósmicas y la reversión de los polos terrestres.

La difusión de estas ideas milenaristas atrajo hasta la región a cientos de personas que pusieron al límite los recursos e infraestructuras del pueblo que se yergue en el valle de este pico de hermosas rocas dentadas. El Bugarach es una curiosidad geológica de 135 millones de años sobre una base de entre 15 y 70 millones de años de antigüedad. Cuando surgieron los Pirineos la corteza terrestre se desmoronó dando lugar a esta montaña.

El Bugarach es, en consecuencia, un queso de Gruyère repleto de cavernas, cuevas y simas que ocultan todo tipo de leyendas. En alguna de ellas, un vecino de la región del Aude encontró en marzo de 2013, sólo unos meses después de todo el despliegue mediático de las profecías mayas, una misteriosa piedra de origen extraterrestre. No es broma. La agencia espacial norteamericana (NASA) y el Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNRES por sus siglas en francés) analizaron su composición que, a día de hoy, se mantiene en secreto.

El presunto meteorito posee unos reflejos azulados y una forma esférica desconcertante. "Incluso nuestros instrumentos de medición de energía están en pánico, es diferente a todo lo que hemos visto hasta ahora", dijo Josh Byerly de la NASA a la AFP. Lo que da mucha importancia a aquellos que están convencidos de la existencia de una vida extraterrestre...

Muchos creyeron que el hallazgo confirmaba la leyenda que sitúa el Grial en los alrededores de la montaña. Y es que El grial es algo más que la copa con la que Cristo consagró la última cena. El poema de Wolfram von Eschebach, Parzifal habla del grial como una piedra caída del cielo: el Lapsit exilis.

La piedra caída del cielo

“Los alimentos que consumen los Templarios proceden de una piedra preciosa que, en su esencia, es toda pureza. Si no la cono­céis, os daré su nombre: se llama Lapsit exilis. Y el fénix se con­sume y se convierte en cenizas por sus cualidades; pero de esas cenizas renace la vida; gracias a esa piedra, el fénix realiza su mutación para reaparecer después con todo su resplandor…”

Y es curioso porque antes de que el Bugarach fuera famoso por el Apocalipsis de los mayas, circulaban por la región diversas informaciones y leyendas que ubicaban el Grial en la región: Templarios, cátaros e incluso la historia del cura de Rennes le Chateau que se habría hecho rico gracias a un secreto codificado en su aldea.

Si has tenido la paciencia de llegar hasta aquí conviene que sepas que todo lo relativo a la piedra azul fue un fake. Sí, como lo lees. El 17 de marzo de 2013, la cuenta de Twitter de Sébastien Durand se hacía eco de la fotografía que reproducimos a continuación y que, presuntamente, era la piedra azul examinada por la NASA y el CRNES

Utilizando una cocaña retocada con Photoshop, se trata de una bola de pasta que prosperó entre Albi, Toulouse y Carcasonaen la Edad Media, Durand viralizó la imagen en un año marcado por el miedo milenarista y la caída de meteoritos en Rusia. El propósito  era publicitar su libro Storytelling. Y picaron  numerosos medios digitales e incluso algunos “serios”que se imprimen en papel, hasta llegaron a decir que se le construiría un museo en la región.

La lección que nos ofrece este fake es que tenemos que desconfiar de todas las noticias hasta que hayan sido contrastadas, aunque para ello sea necesario un activo en crisis en la actualidad: el tiempo.

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