Misterios

Tumbas perdidas

La historia de la humanidad ha deparado grandes personajes cuya memoria permanece viva en el recuerdo de los hombres, pero no así sus restos mortales o la sepultura donde fueron depositados por última vez. A menudo, sorprende la manera en que rápidamente fueron olvidados estos mausoleos, aunque su búsqueda sea el mejor aliciente para los más intrépidos investigadores. En las últimas décadas nuevas pistas y esfuerzos se han acumulado con la intención de levantar el velo de misterio que cubre a algunas de esas grandes tumbas perdidas. Por: Juan José Sánchez-Oro

26 de Agosto de 2016 (08:41 CET)

Tumbas perdidas
Tumbas perdidas

Gilgamesh es el primer gran héroe conocido que, a pesar de su antigüedad, no pierde vigencia. Encarna el deseo esencial del ser humano por escapar de la muerte y conquistar la inmortalidad. Como protagonista del famoso poema que lleva su nombre, buscó sin descanso la planta que le otorgara la vida eterna y, cuando la obtuvo después de un ajetreado viaje, la terminó perdiendo por un revés del destino. Durante un descuido mientras se bañaba, una serpiente devoró el poderoso vegetal y por eso los ofidios rejuvenecen mudando la piel.

Pero más allá de la literatura, Gilgamesh pudo vivir realmente a mediados del segundo milenio antes de Cristo y ser uno de los grandes monarcas de la ciudad sumeria de Uruk. Si bien, las disputas acerca de su historicidad continúan abiertas entre los especialistas. Por tal motivo, resultaría fundamental encontrar su tumba.

Según el poema, Gilgamesh, una vez entendió que la eternidad le había sido denegada por los dioses, dispuso su muerte como un acto de suicidio ritual y colectivo. Mandó excavar un túmulo en el lecho desecado del río Éufrates, tras ordenar desviar sus aguas. Luego, se introdujo en el interior junto a sus esposas, hijos, concubinas, sirvientes y bienes más apreciados. Hecho lo cual, las puertas fueron selladas y el cauce del río devuelto a la posición original para cubrir con él la sepultura.

En verdad, este procedimiento coincide con la costumbre mesopotámica del asesinato ritual del séquito regio cuando el monarca es enterrado. Hábito detectado por los arqueólogos en los "pozos de la muerte" que aparecen junto a las tumbas reales de la ciudad de Ur.

Pues bien, el año 2003, Jorg Fassbinder, del Departamento Bávaro de Monumentos Históricos de Múnich, afirmó haber detectado unas estructuras en Uruk que por su ubicación y características recordaban la descripción ofrecida por el texto épico. En palabras de este arqueólogo, "encontramos en las afueras de la ciudad, en el medio del antiguo cauce del Éufrates, los restos de un edificio que podría ser una tumba", junto a un sofisticado sistema de canales y casas destruidas por inundaciones. "Era como Venecia en el desierto", aseguraba Fassbinder, quien publicó sus sondeos geomagnéticos en la revista académica Archaeologia Polona. Sin embargo, aunque este anuncio levantó una gran polvareda mediática, no removió de igual manera las arenas del desierto y seguimos a la espera de más novedades al respecto.

LA TUMBA ALQUÍMICA DE QUIN SHI HUANG
Otro buscador de la inmortalidad fue Quin Shi Huang, unificador de los siete reinos chinos allá por el siglo III a. C. Tanto amaba la vida este emperador que reclutó para su corte a los mejores médicos taoístas del momento con la intención de que elaboraran la fórmula para detener el reloj de la vejez. Como también oyó hablar de las míticas Islas de los Inmortales, el gobernante chino organizó una expedición, capitaneada por uno de sus ministros, quien se marchó, surcando los mares del este, para no regresar jamás.

Finalmente, el emperador murió sin remedio a los 39 años y su tumba nos genera hoy día una terrible ansiedad. Porque si lo que ya conocemos de ella resulta inconmensurable, lo pendiente por conocer dispara toda suerte de imaginaciones.

El año 1974, varios agricultores de la provincia china de Shaanxi tropezaron, por pura casualidad, con una extraña estructura subterránea. Las pesquisas científicas posteriores enseguida determinaron que se estaba ante los restos parciales de la última morada del citado gobernante.

Alrededor de 8.000 soldados y caballos de terracota habían sido sepultados allí, conformando un ajuar funerario sin precedentes. Correspondían a los hoy día universalmente célebres guerreros de Xi'an. El séquito de barro destinado a acompañar al difunto en su viaje al más allá. Sin embargo, el problema radicaba en que el mencionado difunto, a cuyo descanso eterno se levantó tan magna obra, no apareció por ninguna parte. Todavía está pendiente de completarse el hallazgo y abrir la cámara principal. Un cometido para el que las autoridades chinas no concederán los permisos oportunos hasta que la tecnología y los conocimientos arqueológicos garanticen que se puede proceder a la excavación sin poner en riesgo todo lo que allí pudiera yacer enterrado.

Y es que estamos ante un auténtico palacio subterráneo de proporciones descomunales. Un inframundo que, según el cronista Sima Qian, aspiró a recrear a pequeña escala la geografía del reino unificado de China, sus regiones y detallada orografía, sus principales mares, lagos y ríos rellenos con litros y más litros de mercurio. Resguardado todo ello por una gran bóveda que reproducía el cielo nocturno mediante estrellas hechas con perlas. Este microcosmos prodigioso fue tomado como una pura fantasía o mera propaganda política durante milenios. Sin embargo, los descubrimientos de 1974 disiparon muchas dudas de las mentes más escépticas. Así que a la vista de lo ocurrido con los hallazgos de Xi'an, toca actuar con cautela. La exhumación arqueológica de los guerreros de barro resultó fatal para su policromía. En cuanto las figuras entraron en contacto con la intemperie, los pocos restos de color que presentaba su superficie se cayeron a pedazos. Mientras estuvieron a cubierto en el subsuelo, la laca natural con la que los artesanos fijaron la pintura para darle brillo, se mantuvo húmeda. Pero al salir a la superficie, se secó y descascarilló casi inmediatamente. Por otro lado, muchas estatuas han sido invadidas por moho, lo que favorece su deterioro, de ahí que se estén desarrollando avanzadas técnicas de conservación para prevenir futuros problemas. Hasta que estos procedimientos no estén maduros, difícilmente se procederá a excavar la cámara principal del túmulo por temor a que las ansias de curiosidad destruyan un patrimonio absolutamente único.

De todos modos, hay quien sospecha que la prematura muerte de Qin Shi Huang impidió concluir el mausoleo tal y como había sido proyectado. En consecuencia, la magnificencia descrita por los autores clásicos nunca se habría llevado a la práctica. Para descartar estas incógnitas, las investigaciones continúan a lo largo y ancho del recinto. Y una de las cuestiones más debatidas es la presencia o no de mercurio en las cantidades señaladas por la leyenda. El año 2000, junto a los bordes del montículo principal, se detectó un sistema de drenaje pensado para encauzar líquidos, aunque presumiblemente estaría destinado a evitar que el agua inundara la cámara del emperador. La existencia de este dispositivo alimenta la esperanza de que la sala mortuoria todavía no se haya venido abajo ni colapsara por siglos de lluvias. Tres años más tarde, un análisis del suelo determinó inusuales concentraciones de mercurio. Mucho más altas de lo esperado. Hubo quien lo atribuyó a la contaminación industrial del entorno. Pero otros especialistas entienden que este elemento constituía un ingrediente alquímico fundamental para el Taoísmo de la época, así que su uso en el palacio funerario del emperador iría más allá de lo exclusivamente ornamental. Se trataría de transmitir la ansiada idea de inmortalidad. También se consideró que dada su enorme toxicidad, los vapores pudieran haber sido empleados a modo de trampa disuasoria para incautos y ladrones. Sin embargo, parece que en tiempos de Qin Shi Huang todavía no se conocían estos efectos perjudiciales.

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