Ovnis y vida extraterrestre
01/10/2004 (00:00 CET)
Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)
Misteriosos círculos en un campo español
Pocos días antes de la mágica noche de San Juan aparecieron en un campo de cebada de Cataluña algunos singulares agroglifos de factura muy similar a los crop circles ingleses. Más de dos mil personas han acudido hasta ahora a contemplarlos. ¿Obra de OVNIs, mensajes simbólicos que nos dirige la Tierra, o se trata tan sólo de una broma pesada?
A principios del mes de junio, el agricultor catalán Salvador Torrellardona descubría con asombro la súbita aparición de una misteriosa figura de cuarenta metros de diámetro en un campo de cebada que cultiva en Castellfollit del Boix, una localidad de cerca de cuatrocientos habitantes, situada al sudoeste del Bages, en el límite con la comarca de L'Anoia.
El pictograma representaba una gigantesca espiral de factura muy similar a otra que hace unos años fue descubierta en Gran Bretaña.
En efecto, aunque los crop circles o círculos de las cosechas han sido reportados en muchos rincones del mundo, parecen presentar cierta predilección por el sur de Inglaterra. Allí surgió el enigma hace más de una década, y a pesar de los intentos de la comunidad científica por reducirlos a bromas o burdos fraudes, muchos de ellos siguen siendo un misterio. Se ha comprobado, por ejemplo, que los genuinos círculos presentan singularidades en el crecimiento del cereal; sus cañas aparecen trenzadas de forma peculiar, e incluso es posible grabar en su interior sonidos cuya frecuencia se corresponde con el algoritmo matemático de la figura que representan.
Antecedentes españoles
En España seguimos con atención la evolución del fenómeno que nos sorprendía con diseños cada vez más elaborados y de una enorme carga simbólica. En febrero de 2000, dos grandes círculos aparecieron en un campo de cebada de la localidad de Els Omellons, en LLeida y, en apenas una semana, volvieron a surgir en otro cultivo de Montoliu, en la misma provincia.
Nada tenían que ver con los «nidos» producidos por los OVNIs, es decir, con esos círculos de pasto quemado que ocasionalmente se observaban tras un aterrizaje. No; se trataba de círculos concéntricos, de dos enormes dianas hechas para ser vistas desde el aire.
Pronto tan inusuales formaciones adquirieron una gran repercusión mediática, pues no en vano eran las primeras que se dejaban ver en España. A diferencia de los crop circles aparecidos en Gran Bretaña, estas estructuras se produjeron cuando la planta estaba recién sembrada. Los tallos, que como mucho podrían medir quince centímetros de altura, no fueron doblados sino que adquirieron una tonalidad distinta, como si únicamente hubieran sido desecados. Los expertos concluyeron que un efecto similar sólo podía conseguirse con una radiación producida por una fuente generadora de microondas.
Los nuevos círculos
Cuatro años después de aquellos hechos, los círculos de las cosechas vuelven a Cataluña. En esta ocasión en Castellfollit del Boix, en la provincia de Barcelona, no muy lejos del aeródromo de Ódena.
De hecho, cuando en la segunda quincena de junio fue detectada la formación, numerosas avionetas empezaron a sobrevolar el campo para obtener fotografías. Una de ellas llegó al periódico comarcal Regió 7 haciendo que más de dos mil personas se acercaran al lugar para contemplar los símbolos.
En realidad, se trata de una espiral de veinte metros de radio, cuyo círculo central posee seis metros de diámetro y se extiende en el sentido de las agujas del reloj a través de un pasillo cuya anchura es de un metro. Al noroeste del agrograma principal pueden observarse diecinueve círculos más, de diversos tamaños. Dos testigos, agricultores de fincas cercanas, informaron sobre la presencia de esferas luminosas en los días previos a la aparición de los símbolos, si bien pudo tratarse de un rumor; incluso, cabe la posibilidad de una confusión con algún ultraligero o avioneta. Así al menos lo considera el vigilante forestal que, situado a menos de quinientos metros del lugar, divisa perfectamente los campos desde un monte cercano.
En cualquier caso, cuando después de unas semanas visitamos la plantación para su estudio, comprobamos que buena parte de los tallos estaban destrozados y habían surgido infinidad de caminos que conducían al centro, ocasionados por los curiosos irresponsables.
Los círculos más pequeños, de entre dos y seis metros de diámetro, presentaban las mejores condiciones para su análisis. En ellos, el tallo de la cebada no estaba partido, sino aplastado en el sentido de las agujas del reloj. El centro de los mismos no presentaba perforación alguna. Los tallos no estaban del todo aplastados, sugiriendo que «alguien» pudo servir como centro de compás para otro bromista. Pero ¿con qué propósito?
Quién sabe. Puede que simplemente nos encontremos frente al impulso de un artista local, como el que hace dos años se dedicó a «escribir» letras aplastando cereal para después fotografiarlo desde el aire con una avioneta. Pero nadie ha firmado la obra, seguramente por temor a ser denunciado. Así pues, el misterio de los círculos continúa.
El pictograma representaba una gigantesca espiral de factura muy similar a otra que hace unos años fue descubierta en Gran Bretaña.
En efecto, aunque los crop circles o círculos de las cosechas han sido reportados en muchos rincones del mundo, parecen presentar cierta predilección por el sur de Inglaterra. Allí surgió el enigma hace más de una década, y a pesar de los intentos de la comunidad científica por reducirlos a bromas o burdos fraudes, muchos de ellos siguen siendo un misterio. Se ha comprobado, por ejemplo, que los genuinos círculos presentan singularidades en el crecimiento del cereal; sus cañas aparecen trenzadas de forma peculiar, e incluso es posible grabar en su interior sonidos cuya frecuencia se corresponde con el algoritmo matemático de la figura que representan.
Antecedentes españoles
En España seguimos con atención la evolución del fenómeno que nos sorprendía con diseños cada vez más elaborados y de una enorme carga simbólica. En febrero de 2000, dos grandes círculos aparecieron en un campo de cebada de la localidad de Els Omellons, en LLeida y, en apenas una semana, volvieron a surgir en otro cultivo de Montoliu, en la misma provincia.
Nada tenían que ver con los «nidos» producidos por los OVNIs, es decir, con esos círculos de pasto quemado que ocasionalmente se observaban tras un aterrizaje. No; se trataba de círculos concéntricos, de dos enormes dianas hechas para ser vistas desde el aire.
Pronto tan inusuales formaciones adquirieron una gran repercusión mediática, pues no en vano eran las primeras que se dejaban ver en España. A diferencia de los crop circles aparecidos en Gran Bretaña, estas estructuras se produjeron cuando la planta estaba recién sembrada. Los tallos, que como mucho podrían medir quince centímetros de altura, no fueron doblados sino que adquirieron una tonalidad distinta, como si únicamente hubieran sido desecados. Los expertos concluyeron que un efecto similar sólo podía conseguirse con una radiación producida por una fuente generadora de microondas.
Los nuevos círculos
Cuatro años después de aquellos hechos, los círculos de las cosechas vuelven a Cataluña. En esta ocasión en Castellfollit del Boix, en la provincia de Barcelona, no muy lejos del aeródromo de Ódena.
De hecho, cuando en la segunda quincena de junio fue detectada la formación, numerosas avionetas empezaron a sobrevolar el campo para obtener fotografías. Una de ellas llegó al periódico comarcal Regió 7 haciendo que más de dos mil personas se acercaran al lugar para contemplar los símbolos.
En realidad, se trata de una espiral de veinte metros de radio, cuyo círculo central posee seis metros de diámetro y se extiende en el sentido de las agujas del reloj a través de un pasillo cuya anchura es de un metro. Al noroeste del agrograma principal pueden observarse diecinueve círculos más, de diversos tamaños. Dos testigos, agricultores de fincas cercanas, informaron sobre la presencia de esferas luminosas en los días previos a la aparición de los símbolos, si bien pudo tratarse de un rumor; incluso, cabe la posibilidad de una confusión con algún ultraligero o avioneta. Así al menos lo considera el vigilante forestal que, situado a menos de quinientos metros del lugar, divisa perfectamente los campos desde un monte cercano.
En cualquier caso, cuando después de unas semanas visitamos la plantación para su estudio, comprobamos que buena parte de los tallos estaban destrozados y habían surgido infinidad de caminos que conducían al centro, ocasionados por los curiosos irresponsables.
Los círculos más pequeños, de entre dos y seis metros de diámetro, presentaban las mejores condiciones para su análisis. En ellos, el tallo de la cebada no estaba partido, sino aplastado en el sentido de las agujas del reloj. El centro de los mismos no presentaba perforación alguna. Los tallos no estaban del todo aplastados, sugiriendo que «alguien» pudo servir como centro de compás para otro bromista. Pero ¿con qué propósito?
Quién sabe. Puede que simplemente nos encontremos frente al impulso de un artista local, como el que hace dos años se dedicó a «escribir» letras aplastando cereal para después fotografiarlo desde el aire con una avioneta. Pero nadie ha firmado la obra, seguramente por temor a ser denunciado. Así pues, el misterio de los círculos continúa.







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