Resurge el misterio sobre el comité MJ12
Nuevos análisis sobre los archivos del enigmático Majestic-12 reabren un caso que el FBI dio por cerrado hace décadas
La historia regresa como un eco incómodo. Aquello que durante décadas fue archivado bajo la etiqueta de “fraude” vuelve a emerger con nuevas grietas en el relato oficial. ¿Y si el Majestic-12 no fue un simple montaje, sino una filtración mal gestionada?
Un analista anónimo que firma como MJ12 Logic, ha reavivado uno de los expedientes más polémicos de la ufología al cuestionar directamente la conclusión del FBI. Recordemos que esta agencia estampó en los años 80 un lacónico “BOGUS” sobre varios documentos del supuesto grupo MJ-12, dando por cerrado —al menos oficialmente— el debate sobre su autenticidad.
Sin embargo, en su análisis publicado en Substack, MJ12 Logic ha introducido un nuevo elemento de duda: los códigos administrativos, sellos y sistemas de archivo presentes en esos documentos coincidirían con los utilizados por la CIA en los años 40 y 50. No se trata de una coincidencia superficial. Hablamos de estructuras de clasificación, numeración y control documental que permanecieron fuera del conocimiento público durante décadas.

El investigador afirma haber encontrado coincidencias exactas entre los papeles del MJ-12 y archivos reales relacionados con la Operation Paperclip, el programa secreto mediante el cual Estados Unidos reclutó científicos nazis tras la Segunda Guerra Mundial. Algunos códigos como “834021” aparecen tanto en documentos desclasificados recientemente como en los polémicos archivos ovni filtrados en los años 80. Si esta correlación es correcta, plantea una pregunta inevitable: ¿cómo pudo un falsificador replicar sistemas de archivo que ni siquiera eran públicos en aquella época?
"the similarities he discovered while comparing the MJ-12 papers with real CIA documents could not have been forged by someone outside the government.
— Baptiste Friscourt (@Baptiste_Fri) March 5, 2026
His investigation uncovered identical codes on documents connected to Operation Paperclip"#ufotwitter https://t.co/J5ppMHyP8F
El investigador Ryan Wood, custodio de miles de páginas relacionadas con MJ-12, sostiene que el análisis es sólido y apunta en la dirección correcta. Según él, el archivo completo superaría los 3.500 documentos, muchos de ellos sometidos a estudios forenses que analizan desde la tipografía hasta la composición del papel. No todos serían igual de fiables, admite, pero bastaría con que uno solo fuera auténtico para reabrir el caso por completo.
Pero justo cuando el relato parece inclinarse hacia la validación, surge una voz incómoda que obliga a frenar.
El investigador John Greenewald Jr., conocido por su archivo documental en The Black Vault, introduce un matiz técnico que podría desmontar —al menos parcialmente— esta nueva narrativa. Según explica, uno de los pilares del análisis de “MJ12 Logic” se apoya en la fecha “Approved for Release” presente en documentos de Paperclip. Pero esa fecha, advierte, no corresponde a la desclasificación original, sino a la última revisión o versión publicada del documento, que puede haberse producido décadas después.
Actually, it may be possible he proved many of the alleged MJ-12 documents were fake, not real, by finding the template that was used to mimic a document from that era.
— John Greenewald, Jr. (@theblackvault) March 5, 2026
The author hinges on a "Approved for Release" date on the top of every Paperclip document. Problem is, that is… https://t.co/fu4NGCs477 pic.twitter.com/gk08YyNRbh
En otras palabras, un documento creado en los años 40 puede mostrar una fecha de “aprobado para su publicación” en 2022 o incluso 2026, simplemente porque ha sido revisado o digitalizado recientemente. Este detalle, aparentemente menor, desactiva parte del argumento: los sellos y fechas no prueban necesariamente una conexión temporal directa con los documentos MJ-12.
Greenewald va más allá. Tras revisar archivos de la Operación Paperclip que él mismo había publicado años antes —algunos disponibles desde 2014—, detecta que ciertos sellos con numeraciones similares ya aparecían en documentos desclasificados en los años 80, precisamente cuando comenzaron a circular los primeros papeles del MJ-12. ¿Casualidad… o plantilla?
Aquí aparece una hipótesis inquietante: los falsificadores podrían haber utilizado documentos reales desclasificados en esa época como modelo para construir versiones aparentemente auténticas de los archivos MJ-12 que circularon posteriormente.
Y hay otro detalle clave que rara vez se menciona.

Los documentos que ahora se intentan validar no serían exactamente los mismos que investigó durante décadas Stanton Friedman, uno de los principales defensores históricos del MJ-12. Según Greenewald, existirían diferentes “lotes” documentales: los originales, estudiados por Friedman, y otros posteriores —difundidos por investigadores como Ryan Wood— que presentan variaciones significativas, incluyendo esos códigos administrativos ahora bajo debate.
Esto no implica necesariamente que unos sean falsos y otros auténticos. Pero sí obliga a una distinción fundamental: no todos los documentos MJ-12 son iguales, y analizarlos como un bloque homogéneo podría ser un error metodológico grave.
Así, el caso vuelve a fragmentarse.

Por un lado, tenemos indicios técnicos que parecen apuntar a una autenticidad difícil de falsificar. Por otro, análisis documentales que sugieren precisamente lo contrario: que alguien, en algún momento, pudo tener acceso a los patrones necesarios para fabricar un engaño extraordinariamente sofisticado.
Y en medio, como siempre, el silencio institucional.
El FBI nunca demostró que los documentos fueran falsos; simplemente no pudo verificar su origen. La CIA nunca los reconoció. Y el gobierno estadounidense sigue manteniendo que no existe evidencia física de tecnología extraterrestre.

Pero cuando las pruebas técnicas se contradicen entre sí, cuando los expertos discrepan y cuando los documentos parecen mutar según quién los analice… el misterio deja de estar en los archivos.
Pasa a estar en su gestión.
Porque tal vez la verdadera pregunta ya no sea si el Majestic-12 existió, sino si estamos ante un caso de desinformación en capas, donde verdad y falsificación conviven en el mismo expediente.
¿Estamos analizando pruebas de un programa secreto… o las huellas de una falsificación tan sofisticada que ha conseguido infiltrarse incluso en los archivos de la historia oficial? ¿Dónde termina la evidencia y comienza la construcción de la verdad?









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