Arqueología
25/06/2026 (07:40 CET) Actualizado: 25/06/2026 (07:40 CET)

Resuelven el misterio de los niños muertos del lago Baikal

Arqueólogos no conseguían explicar la proporción anómala de muertes infantiles en yacimientos prehistóricos de Siberia. Ahora un análisis de ADN acaba de dar respuesta al enigma... y resulta escalofriante

espacio misterio
25/06/2026 (07:40 CET) Actualizado: 25/06/2026 (07:40 CET)
Reconstrucción IA de la tumba compartida que contenía ADN de la peste
Reconstrucción IA de la tumba compartida que contenía ADN de la peste

Las orillas del río Angara, el único río que nace del lago Baikal, fueron durante milenios un lugar de abundancia. La pesca era extraordinaria. Los cazadores-recolectores que se instalaron allí durante el Holoceno medio —entre hace 7.000 y 5.000 años— dejaron tras de sí uno de los registros funerarios prehistóricos más ricos de Asia nororiental. Pero entre toda esa riqueza arqueológica había algo que no encajaba: en dos de los cementerios más grandes, una proporción inusualmente elevada de los enterrados eran niños y adolescentes. Sin signos de violencia. Sin heridas visibles. Muertos sin explicación aparente.

Ese misterio ha durado décadas. Los esqueletos fueron excavados en la década de los ochenta por arqueólogos rusos y preservados con cuidado. Nadie sabía qué los había matado.

Ahora lo sabemos. Y la respuesta reescribe la historia de una de las enfermedades más letales que ha conocido la humanidad.

Esqueletos de niños enterrados en Siberia
Esqueletos de niños enterrados en Siberia

El ADN que estaba escondido en los dientes

Un equipo internacional de investigadores analizó el ADN antiguo extraído de los molares de 46 individuos distribuidos en cuatro cementerios de la región del lago Baikal. Los resultados, publicados el 17 de junio de 2026 en la revista Nature, son inequívocos: en 18 de esos 46 individuos se detectó la presencia de Yersinia pestis, la bacteria que causa la peste. La misma que arrasó Europa en el siglo XIV. La misma que desestabilizó el Imperio Romano en el siglo VI. Solo que esta vez la evidencia se remonta a hace 5.500 años, convirtiendo estos cementerios siberianos en el escenario del brote de peste más antiguo conocido en toda la historia humana.

El hallazgo no es solo una cuestión de fechas. Es una sacudida conceptual.

El brote en cifras

5.500
años de antigüedad estimada
18 / 46
individuos con Y. pestis confirmada
4
cementerios afectados a orillas del Angara
8–11
años, el rango de edad más vulnerable

Una enfermedad que no necesitaba ciudades

La teoría dominante hasta ahora sostenía que la peste emergió con la agricultura y las primeras ciudades: la densidad de población, el hacinamiento, el contacto estrecho entre humanos y roedores en los graneros. Esa era la lógica. La ciudad como caldo de cultivo. La civilización como precio.

Los cementerios del lago Baikal lo contradicen de raíz. Estas comunidades no eran agricultores. No vivían en ciudades. Eran grupos móviles, pequeños, que pescaban y cazaban en uno de los ecosistemas más salvajes del planeta. Y la peste los mató igualmente.

Los investigadores reconstruyeron además las relaciones de parentesco entre los fallecidos analizando sus genomas. Lo que encontraron fue revelador: varios miembros de una misma familia murieron infectados, lo que apunta a una transmisión directa de persona a persona. No era un accidente de la naturaleza que mataba a individuos aislados. Era un brote. Una epidemia en miniatura que se propagaba entre las personas que dormían, comían y vivían juntas.

Vista general de la distribución espaciotemporal de los humanos antiguos y las infecciones de peste
Vista general de la distribución espaciotemporal de los humanos antiguos y las infecciones de peste

Una cepa que mataba de una forma distinta

La Yersinia pestis que se encontró en estos individuos no es exactamente la misma bacteria que mató a un tercio de Europa en la Edad Media. Es una cepa más antigua, más primitiva en su mecanismo de transmisión, que todavía no había desarrollado la maquinaria genética que permite a las pulgas transportarla de forma eficiente entre huéspedes. Y sin embargo mataba.

El análisis genómico reveló algo especialmente inquietante: esta cepa antigua portaba un superantígeno, un factor genético que puede desencadenar una respuesta inmunitaria descontrolada y catastrófica en el organismo. Ese mecanismo explicaría por qué los niños de entre 8 y 11 años eran los más vulnerables: un sistema inmunitario todavía inmaduro, expuesto a un patógeno que no pedía permiso.

En una tumba compartida, los arqueólogos encontraron los restos de un chico de entre 12 y 15 años y una chica de entre 13 y 16. No eran familia. Habían muerto juntos de todas formas. El ADN de ambos reveló la presencia de la bacteria.

La larga historia de la peste

Hace ~5.500 años

Brotes confirmados en cazadores-recolectores del lago Baikal, Siberia. El más antiguo documentado en la historia humana.

Siglo VI d.C.

La Peste de Justiniano golpea el Imperio Romano y el mundo mediterráneo. Algunos historiadores la vinculan al declive de Bizancio.

Siglo XIV

La Muerte Negra mata entre un tercio y la mitad de la población europea. La mayor catástrofe sanitaria registrada en el mundo occidental.

Siglo XIX–XX

Tercera pandemia de peste, originada en China. Se extiende por todo el mundo. En esta etapa se identifica por primera vez la bacteria causante.

Lo que los huesos no podían decir sólos

Hay algo perturbador en este tipo de hallazgos que va más allá de la ciencia. Durante cuarenta años, esos niños estuvieron enterrados en el permafrost siberiano con su secreto intacto. Los arqueólogos los sacaron a la luz, los catalogaron, midieron sus huesos, calcularon sus edades. Sabían que había demasiados. Sabían que algo había pasado. Pero los huesos no hablan.

Fue el ADN preservado en el esmalte de sus muelas —uno de los tejidos más duros del cuerpo humano, capaz de conservar material genético durante milenios— el que finalmente dio voz a lo que aquellos cuerpos callaban. Y lo que dijeron fue esto: morimos en poco tiempo, morimos juntos, morimos de algo que aún no tenía nombre.

El estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Oxford entre otros centros internacionales, identifica además dos fases distintas de brotes en los cuatro cementerios, separadas por algunos siglos. La enfermedad no pasó una vez y desapareció. Volvió.

Grupos genealógicos familiares identificados a partir de genomas antiguos y plano del cementerio de Ust' Ida I
Grupos genealógicos familiares identificados a partir de genomas antiguos y plano del cementerio de Ust' Ida I

Una pregunta que permanece abierta

Lo que todavía no se sabe con certeza es cómo llegó Yersinia pestis a aquellas orillas. Las regiones de Asia central y nororiental siguen siendo focos activos de transmisión zoonótica de la bacteria incluso en la actualidad: roedores, marmota, ardillas de tierra. El contacto entre cazadores y animales infectados pudo ser el punto de entrada. Después, el contagio entre personas habría hecho el resto.

Lo que el estudio deja claro, con la frialdad de los datos genómicos, es que la idea de la enfermedad como subproducto de la civilización es, en buena medida, una ilusión. La Yersinia pestis no esperó a las ciudades, ni a los mercados medievales, ni a las rutas comerciales de la Ruta de la Seda. Encontró a la humanidad mucho antes, en un mundo de bosques y ríos, en familias pequeñas que no sabían que se estaban muriendo de peste porque nadie le había puesto todavía ese nombre.

Los niños del lago Baikal murieron hace 5.500 años. Llevamos cuatro décadas excavando sus tumbas. Acabamos de entender, por fin, lo que les pasó.

Sobre el autor
espacio misterio

Espacio Misterio es la web de la revista Año/Cero, especializada en enigmas, anomalías, historia oculta, ovnis y mucho más. Un punto de encuentro de referencia para descubrir y analizar los misterios que nos rodean.

Lo más leído

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Nos interesa tu opinión

Revista

AC 415

Nº 415, marzo de 2026

Geopolítica del mal, cárceles secretas, enclaves malditos y lugares prohibidos. Último número ya en el quiosco.