Ciencia
13/05/2022 (09:20 CET) Actualizado: 13/05/2022 (09:20 CET)

Los extraterrestres podrían dejarnos mensajes usando exoplanetas

Una civilización alienígena avanzada podría alterar un sistema planetario como señal inconfundible para otras civilizaciones

Javier Garcia Blanco

Periodista y fotógrafo

13/05/2022 (09:20 CET) Actualizado: 13/05/2022 (09:20 CET)
Los extraterrestres podrían dejarnos mensajes usando exoplanetas
Los extraterrestres podrían dejarnos mensajes usando exoplanetas

Durante décadas, los astrónomos han estado escudriñando el firmamento en busca de alguna señal que pudiera indicar la existencia de alguna civilización alienígena en algún punto del universo, hasta ahora sin resultados positivos. Los distintos proyectos SETI (Búsqueda de Inteligencias Extraterrestres) han rastreado la radiación electromagnética en el cosmos en busca de transmisiones de radio y otras posibles señales, y desde el hallazgo de los primeros exoplanetas, los científicos también están muy atentos a cualquier indicación de vida inteligente no humana.

Todo parece indicar que las civilizaciones avanzadas son algo raro en el universo

Ahora, un reciente estudio remitido a la publicación Monthly Notices of the Royal Astronomical Society –aunque ya disponible en el portal arXiv–, sugiere una original y sorprendente posibilidad de encontrar evidencias de civilizaciones extraterrestres: que éstas hayan dejando una huella inconfundible de su presencia utilizando sistemas de exoplanetas completos. Según los autores del estudio, Matt Clement –científico planetario y astrofísico en el Laboratorio Carnegie de la Tierra y los Planetas– y Sean Raymond –astrofísico en el Laboratorio de Astrofísica de Burdeos–, si todo parece indicar que las civilizaciones avanzadas son algo raro en el universo, por lo tanto las posibilidades de que alguna coincida con la nuestra en el tiempo son extremadamente remotas. Sin embargo, una forma de que una civilización alienígena pudiera dejar una huella de su existencia que perdurase durante millones o incluso miles de millones de años –facilitando así su hallazgo– sería alterando sistemas planetarios a modo de señal inconfundible para otras civilizaciones galácticas.

Y el lugar al que debemos conducir todas las miradas, según Clement y Raymond, son aquellos sistemas planetarios de "cadenas resonantes". Esto significa que en un sistema de cadena resonante, cada par de planetas vecinos están en "resonancia orbital". Pongamos un ejemplo: en un sistema con dos planetas en resonancia 2:1, el planeta interior completa dos órbitas en el tiempo que el exterior realiza solo una. «En una larga cadena de resonancias 2:1, los períodos orbitales relativos de los planetas son (de adentro hacia afuera): 1, 2, 4, 8, 16, etc. Esa es una secuencia reconocible, pero no es "no natural".», explican los autores. En Júpiter, por ejemplo, sus tres lunas grandes más internas –Io, Europa y Ganímedes– forman una cadena resonante de 1, 2, 4. Otros ejemplos de sistemas resonantes son el sistema de exoplanetas HR 8799 –con cadena 1, 2, 4, 8– o el sistema Trappist-1, que cuenta con siete planetas.

Se trataría de buscar sistemas de resonancia compleja que no se formen nunca en la naturalez

Una indicación de que habríamos encontrado un sistema "alterado" artificialmente por una civilización alienígena, según Clement y Raymond, sería detectar uno que mostrase cadenas de resonancia que siguieran los siguientes patrones: 1) Números enteros consecutivos (1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, etc.); 2) Números primos consecutivos (1, 2, 3, 5, 7, 11). 3) Secuencia de Fibonacci (1, 1, 2, 3, 5, 8, 13…); 4) Secuencia de Lazy Catererer (1, 4, 7, 11, 16).

«Elegimos estas series porque no creemos que se formen nunca en la naturaleza. Los procesos que dan forma a los sistemas planetarios forman muchas resonancias simples (como 2:1), pero solo muy pocas más complejas (como 8:5). Por lo tanto, incluso si un sistema dado tiene una o dos resonancias inusuales (como las resonancias 8:5 y 5:3 entre los tres planetas más internos de Trapense 1), es poco probable que cualquier sistema siga una secuencia matemática completa. De hecho, los planetas exteriores de Trappist-1 contienen una mezcla de resonancias 3:2 y 4:3.»

Para una civilización suficientemente avanzada no debería suponer un problem alterar las órbitas planetarias

Quedaría por concretar de qué forma una civilización podría alterar las órbitas planetarias de un sistema, aunque los autores consideran que no debería ser un problema para una civilización lo suficientemente avanzada.

Para verificar que esas modificaciones en las órbitas se mantendrían con el paso del tiempo, los científicos realizaron simulaciones informáticas avanzadas, y confirmaron que todos las cadenas resonantes se mantendrían incluso miles de millones de años después, con excepción de la secuencia de números enteros consecutivos, cuya órbita se volvió inestable después 6.000 millones de años. Según los autores, con estas indicaciones los astrónomos podrían tener una "guía" para saber qué "anomalías" orbitales buscar. La pregunta más trascendente, en su opinión, es la siguiente: «¿Qué hacemos si encontramos una?». 

Sobre el autor
Javier Garcia Blanco

Periodista y fotógrafo especializado en temas de arte, historia y viajes. Ha publicado sus trabajos en medios como El Mundo, GEO, Lonely Planet, Condé Nast Traveler Destinos, entre otros. Autor de varios libros, como Historia negra de los Papas, Ars Secreta o Héroes y villanos. Fue jefe de edición de Año/Cero, y actualmente dirige el magazine de viajes y cultura Wanderer.es

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