Ciencia

Las pruebas nucleares: ¿destruyeron la Atmósfera?

Las viejas teorías científicas de los años 60 acerca del efecto negativo de las explosiones nucleares durante la carrera armamentista de la Guerra Fría cobran fuerza de nuevo.

irene foto autor

Periodista e Historiadora

25 de Marzo de 2021 (13:16 CET)

Las pruebas nucleares: ¿destruyeron la Atmósfera?
Las pruebas nucleares: ¿destruyeron la Atmósfera?

Ciertas publicaciones de los años 60 aseguran que la ejecución de pruebas nucleares durante la Guerra Fría por parte de Estados Unidos y Rusia pudo haber dañado considerablemente la capa superior de la atmósfera, de manera equiparable al impacto de un meteorito. Los avances científicos actuales indican que este efecto pudo ser a corto y largo plazo, pero no de manera permanente. 

El artículo realizado por The Conversation retoma esta interesante hipótesis de la década de los 60. El desencadenante inicial de la misma fueron las explosiones nucleares realizadas sobre el atolón Bikini por Estados Unidos en 1958 y la de Novaya Zemlya, dos años después, por parte de Rusia. Pese a citar tan solo estos dos episodios, un artículo de la Universidad de Kyoto habla, como mínimo, de siete explosiones nucleares entre 1958 y 1961.

El principal efecto a corto plazo de estas explosiones, según el artículo de 1963, sería el fallo en las comunicaciones radiofónicas a larga distancia, algo que, efectivamente, sucedió. Sin embargo, este fallo no habría tenido su origen en la destrucción de la ionosfera, todo lo contrario. Frente a lo que podría parecer lógico, las detonaciones acabaron produciendo, de forma temporal, un aumento de la ionización en la atmósfera

La ionosfera sufrió insignificantes 'perturbaciones ionosféricas viajeras' a causa de las bombas que apenas alteraron su estado de manera prolongada

De esta manera, es viable establecer una explicación al margen de las detonaciones para estos problemas en las comunicaciones. Los canales utilizados para transmisiones de radio se sirven del rebote ocasionado entre dos capas superiores de la ionosfera y la propia superficie planetaria. En el momento en el que se producen modificaciones en la capa inferior, se obstaculiza la normal difusión de estas señales. Si se cambia a frecuencias más altas, la comunicación se puede recuperar fácilmente, algo que también sucede durante una tormenta solar.

Como evidencian las pruebas realizadas en el Pacífico por EEUU, la radiación emanada en forma de rayos X, al igual que en las tormentas solares, aumentó la ionización atmosférica. Sin embargo, esto produjo que la capa superior reflejase las ondas de radio y la capa baja las absorbiese mejor. Aunque estos efectos fueran repetidos en cada ensayo, realmente la ionosfera sufrió insignificantes "perturbaciones ionosféricas viajeras" que apenas alteraron su estado de manera prolongada. 

Por consiguiente, el efecto en la ionosfera fue mínimo. Sin embargo, esto no descarta la ausencia de efectos en el planeta por parte de estas radiaciones. Datos recogidos entre 1962 y 1964 establecen la posibilidad de que estas pruebas nucleares alterasen los patrones de lluvias para todo el planeta, llegando a aumentar los días de más radioactividad emitida, un 24%.

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