Ovnis y vida extraterrestre
17/02/2026 (08:46 CET) Actualizado: 17/02/2026 (08:54 CET)

Barack Obama habló claro: 'los extraterrestres son reales'

Barack Obama introduce un matiz decisivo en el debate sobre la vida extraterrestre, menciona el Área 51 y deja abierta la posibilidad de una conspiración fuera del conocimiento presidencial

Josep Guijarro Triado

Periodista y escritor

17/02/2026 (08:46 CET) Actualizado: 17/02/2026 (08:54 CET)
Barack Obama dice que los extraterrestres son reales
Barack Obama dice que los extraterrestres son reales

El 44º presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha vuelto a colocar el fenómeno extraterrestre en el centro del tablero. No en una cumbre internacional ni en una comparecencia oficial, sino en una conversación distendida con el creador de contenido Brian Tyler Cowen. La pregunta fue directa. ¿Existen los extraterrestres? La respuesta, todavía más: “Son reales”.

Matizó después que él no los ha visto, que "no están guardados en Área 51 y que allí no hay bases subterráneas… salvo que exista una gran conspiración capaz de ocultárselo incluso al presidente de los Estados Unidos."

La frase recorrió el planeta en cuestión de horas. Tanto, que fue necesario aclararla. Pero lo verdaderamente llamativo no es la anécdota, sino el marco mental en el que se produce. No hubo repregunta. Nadie insistió en cómo lo sabía. Y, sin embargo, el daño —o el avance, según se mire— ya estaba hecho: un expresidente afirmando sin rodeos que los extraterrestres “existen”.

Históricamente, Obama ha manejado esta cuestión con una habilidad casi quirúrgica. Nunca ha ofrecido un desmentido categórico, pero siempre ha refugiado su discurso en la probabilidad estadística. En un universo con cientos de miles de millones de galaxias, ¿qué sentido tendría sostener que la Tierra es una excepción biológica? Más aún cuando la propia ciencia contemporánea contempla hipótesis como la panspermia, según la cual los ladrillos de la vida pudieron llegar desde el espacio.

Esta misma semana, el telescopio espacial SPHEREx de la NASA observó al objeto interestelar 3I/ATLAS mostrando actividad bioquímica mientras se alejaba del Sol. Un recordatorio incómodo de que el cosmos no es un decorado inerte, sino un laboratorio en marcha.

Pero hay un matiz semántico que marca la diferencia. No es lo mismo decir “probablemente exista vida” que afirmar “son reales”. En comunicación política, esos desplazamientos rara vez son accidentales. Y menos en un momento en que los vientos de la disclosure soplan con fuerza, alimentados por rumores persistentes de que Donald Trump podría estar preparando un anuncio histórico sobre la presencia no humana.

Recreación con IA del anuncio de vida extraterrestre
Recreación con IA del anuncio de vida extraterrestre

La cuestión se vuelve aún más espinosa cuando Obama introduce la posibilidad —aunque sea en tono hipotético— de que pudiera existir una estructura de secreto capaz de operar al margen del propio presidente. La historia contemporánea demuestra que la compartimentación extrema ha sido norma en programas militares y tecnológicos altamente clasificados. Eso no prueba la existencia de tecnología no humana recuperada. Pero sí confirma que la arquitectura para sostener secretos colosales lleva décadas funcionando. En la percepción pública, la frontera entre ambas cosas es más delgada de lo que parece.

Por eso el simbolismo del Área 51 continúa intacto. Durante años su existencia fue negada oficialmente, hasta que terminó siendo reconocida, reforzando la idea de que los gobiernos pueden ocultar información sensible durante largos periodos. Hoy sabemos que su misión principal estuvo ligada al desarrollo de tecnología militar avanzada. Sin embargo, culturalmente, ya no es solo una base en el desierto de Nevada: es la encarnación física del secreto absoluto.

Un cartel del perímetro del Área 51
Un cartel del perímetro del Área 51

Y la mención de Obama no se produce en el vacío. Coincide con los intentos del congresista Burlison por acceder, con autorización de la administración Trump, a instalaciones que denunciantes vinculan con programas de recuperación de tecnología no humana. Coincide también con el hecho de que figuras clave de su propia administración, como el entonces director de la CIA John Brennan y el exdirector de Inteligencia Nacional James Clapper, hayan participado en el documental The Age of Disclosure, respaldando implícitamente la idea de un programa multigeneracional de recuperación de accidentes OVNI.

¿Ignoraba Obama esos debates internos? ¿O estamos asistiendo a una estrategia de normalización progresiva?

Los grandes cambios culturales rara vez estallan de golpe. Primero se ridiculiza una idea. Después se tolera. Más tarde se estudia. Finalmente, se integra. Si aplicamos ese patrón al fenómeno extraterrestre, el momento actual podría describirse como una fase de ambigüedad controlada: declaraciones lo bastante abiertas para mantener vivo el debate, pero lo suficientemente imprecisas para evitar un punto de no retorno.

Barack Obama en el podcast de Brian Tyler Cohen (YouTube)
Barack Obama en el podcast de Brian Tyler Cohen (YouTube)

No es la primera vez que Obama juega con ese equilibrio. En 2012, ante la pregunta de un niño sobre alienígenas, respondió: “No hemos hecho contacto directo…”. No es una negación total. Es una construcción cuidadosamente medida. En el argot político, eso se denomina negación parcial controlada.

El presidente Obama ya se refirió a los ovnis años atrás: "Hay imágenes y registros de objetos en el cielo que no sabemos exactamente qué son. No podemos explicar cómo se mueven, su trayectoria”.

Quizá lo más revelador no sea lo que dice un expresidente, sino lo poco que nos sorprende. Hace dos décadas, una afirmación así habría provocado un terremoto mediático. Hoy se diluye en el ruido digital.

La pregunta final no es si Obama cree en extraterrestres. La pregunta es si la sociedad está siendo preparada, paso a paso, para asumir que no estamos solos… y que tal vez algunos lo supieron mucho antes que nosotros.

 

Sobre el autor
Josep Guijarro Triado

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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