Voces bajo la cúpula: El misterio invisible del Panteón de París
Una expedición al corazón de la memoria francesa donde la historia de los "Grandes Hombres" se entrelaza con psicofonías inexplicables.
En el Barrio Latino de París se encuentra el Panteón de París, sobre la llamada colina de Santa Genoveva, es una de las edificaciones más imponentes y simbólicas quetiene Francia. Su cúpula majestuosa y sus criptas, en las que reposan los grandes nombres de la nación como Voltaire, Rousseau, Victor Hugo, Marie Curie o Joséphine Baker tiene una parte de misterio que fascina más allá de la Historia. No se trata simplemente de un santuario laico, es un lugar donde se siente el silencio y hay un especio importante para la memoria.
Fue allí donde, en el Panteón de París, en una tarde cerrada de diciembre, cuando pude disfrutar del país vecino y donde también pude experimentar la grabación de psicofonías en el lugar, dando inicio a uno de los episodios más inquietantes y puede que desconocido, hasta el propio ciudadano parisino.
Utemplo convertido en tumba nacional
El Panteón de París, concebido en el siglo XVIII por el arquitecto francés Jacques-Germain Soufflot era originariamente una iglesia dedicada a Santa Genoveva, pero el azar cambió de destino con la Revolución francesa. En el año 1791, la Asamblea Nacional lo transformó en un mausoleo a fin de poder honrar a los “grandes hombres” de la patria, grabando en su frontón la célebre inscripción que dice “Aux grands hommes la patrie reconnaissante”.

Inspirado en el modelo del Panteón de Roma, el edificio destaca por su tremenda sobriedad neoclásica así como por la solemnidad de la devoción republicana. Su cúpula, visible desde distintos puntos de la ciudad es el símbolo del espíritu ilustrado y el triunfo del pensamiento sobre el dogma. No obstante, bajo su luz, los pasillos subterráneos cuentan otra historia y esa es la de una nación marcada por guerras, revoluciones, muchas muertes y no menos sacrificios.
Allí descansan los restos de científicos ilustres, de escritores y de héroes que definieron la Francia de diferentes épocas históricas, desde los filósofos de la Ilustración hasta los resistentes de la Segunda Guerra Mundial. En sus muros hay muchos nombres, más de mil nombres están grabados sobre la piedra como testimonio de una vida entregada al compromiso con la libertad y la razón. No obstante, entre esas piedras y su Memoria hay mucho más que Historia…

Voces más allá del tiempo
El 4 de diciembre de 2025, visité el Panteón Nacional de París. El objetivo era estudiar la reverberación acústica del lugar y analizar la posibilidad de grabar posibles psicofonías como he hecho en otros lugares. Sólo, en compañía de mi esposa, de Leo, recorrimos el austero lugar y bajamos a las galerías con las tumbas.
El protocolo era sencillo: esperar a que no hubieran visitantes y comenzar una sesión de psicofonías con grabadoras digitales aisladas de interferencias electromagnéticas y una medición precisa del ruido ambiente. Todo comenzó en la cámara más destacada que es en la que reposan los restos de Voltaire y Rousseau. Tras unos minutos de silencio absoluto, las primeras anomalías se manifestaron. Armados con diferentes elementos de grabación se captó una voz imperceptible, al fondo de la cámara de piedra, repitiéndose nuevamente y fue cuando resonó una voz que: “Que faites-vous ici?” (“¿Qué haces aquí?”).
Reconozco que mi francés está un poco oxidado pero hay palabras que aún entiendo y la respuesta fue “je suis venu vous parler” (“He venido a hablar con vosotros”) y se escuchó un fuerte golpe. Pensamos que podría ser alguien bajando las escaleras pero no, tras esperar, segundos que se hicieron eternos, no bajó nadie.
Las grabaciones fueron varias y junto al cenotafio de Victor Hugo, se registró una voz masculina que, que decía “Mort” o “Liberté” (“Muerte” y “Libertad”). Allí no había contaminación sonora: el Panteón estaba en su última media hora para ser cerrado por completo y los micrófonos registraban niveles estables. En la tercera sesión, en la cripta donde descansan los restos de Marie Curie y Pierre Curie, se detectó un golpe seco, seguido de una frecuencia sostenida de 18 hercios —un infrasonido- y una voz femenina que decía “la vie est courte” (“La vida es corta”).
El resultado era impresionante y, por ello, me atreví a enviar una imagen y lo que estaba haciendo allí a mi amiga Laura Falcó.

La cripta de las “voces”
En la parte en la que reposan Émile Zola y Jean Moulin. Allí, las grabaciones mostraron fragmentos de voz femenina que parecían pronunciar en susurros las palabras “Je suis ici” (“Estoy aquí”). No se identificó ninguna fuente de tipo físico -de sonido-, el valor de EMF era 100 veces superior al que normalmente se registra en este sitio.
A última hora, bajó una persona del edificio a fin de comprobar que no quedara nadie, al verme sólo me dijo que el “edificio guarda muchos secretos” mientras sonreía.
Aquí no hay errores de percepción ni achacables a la estructura del Panteón, con sus galerías de piedra y cámaras interconectadas, no hablamos de una resonancia natural ni de personas hablando contaminando la grabación. Tampoco de las vibraciones producidas por el tráfico o el viento podrían generar frecuencias que el oído humano interpreta como voces. Hablamos de grabaciones con patrones lingüísticos y pausas naturales, algo imposible de reproducir por un fenómeno físico aleatorio.

Ya en España se analizaron las psicofonías del Panteón Nacional de París, fueron sometidas a análisis espectrográfico y comparadas con otros registros de sonogramas certificándose su extrañeza.
Había oído decir que el Panteón era un buen lugar donde captar psicofonías, pensé que un sitio tan exclusivo sería igual que otros tantos en París, masificados y con poco margen para grabar, pero me encontré con un espacio en el que cada piedra, cada inscripción, podría haber absorbido e impregnado de la esencia de aquellos que están enterrados allí.. En un lugar que ha visto pasar revoluciones, guerras y funerales de Estado, no resulta descabellado pensar que estas “voces del nadie” nos estén queriendo lanzar un último mensaje.
Quizá, como escribió Hugo, “nada muere del todo mientras alguien recuerde”. En lo más profundo de este bello –para mí- monumento, las voces que una vez defendieron la Razón y la Justicia parecen seguir hablando, tal vez como desafiando al silencio de la eternidad.








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