Civilizaciones perdidas

Fraude y superchería en el espiritismo

"Hay que reconocer que ningún fenómeno se presta más que el espiritista a la duda y al fraude", aseguraba el criminólogo César Lombroso (1835-1909), especialista en temas mediúmnicos e hipnóticos. Y tenía razón. El espiritismo fue, desde sus inicios, un terreno controvertido que atrajo a numerosos charlatanes con afán de fama y lucro.

20 de Julio de 2009 (09:50 CET)

Fraude y superchería en el espiritismo
Fraude y superchería en el espiritismo
Posibilidad de contactar con los seres queridos muertos fue tenida en cuenta por todo tipo de personas, para quienes la muerte significaba la partida hacia otros planos. Mediante los métodos de contacto supuestamente se tenía hilo directo con la inmortalidad. Con solo invocar a un familiar desencarnado, éste solía hacer acto de presencia. A veces, incluso materializándose como ectoplasma, a través de una exteriorización fluídica del cuerpo del médium. Se entiende que, desde el caso de las hermanas Fox, ocurrido el 31 de marzo de 1848 en Hydesville (Nueva York), el espiritismo se propagara por América y Europa. Ni siquiera la retractación realizada por Margaret y Kate Fox cuarenta años después de los hechos, confesando el fraude, evitó que la gente acudiera a las seances para ­entablar comunicación con el más allá. El doctor Joseph Lapponi, en su obra Hypnotism and Spiritism: A critical and medical study (1907) cifraba en seis millones el número de espiritistas en 1891. El magazine Il Vessillo Spirita elevaba la cantidad a quince millones. Los médiums eran requeridos continuamente, motivo suficiente para que los embaucadores hicieran de las suyas ante personas de buena fe. Por suerte, muchos falsos médiums fueron desenmascarados por expertos.

Los médiums bajo lupa

Uno de los que más luchó contra el fraude fue el astrónomo catalán José Comas Solá (1868-1937), que empezó a interesarse por el tema en 1897, tras consultar las investigaciones metapsíquicas realizadas por el coronel Albert de Rochas a la médium Eusapia Palladino. "Tras unos quince años de dedicar mis energías al estudio de las ciencias físicas, matemáticas y naturales, hostigado por mi amor a la verdad, me encontraba con una categoría de fenómenos que superaba quizá en importancia, caso de ser cierta, a mis leyes físicas, a mis ecuaciones diferenciales, a mis estudios del cielo". Así prologaba José Comas su obra El espiritismo ante la ciencia, de 1908, en la que recogía sus experiencias con la médium Z –Carmen Domínguez era su nombre–, que tanta impresión le causaron… ¡hasta que fue pillada in fraganti cometiendo fraude!. Así narra Comas una de esas sesiones en la que el espíritu de "Leonor" se manifestaba: "Noté con la mayor perfección, dentro del gabinete oscuro, el ruido típico del cambio de vestido. Al cabo de poco rato, salió el fantasma… Recuerdo que oí el ruido de una horquilla del peinado que caía sobre el pavimento –el fantasma llevaba el cabello suelto y la médium sólo se lo recogía someramente, fijándolo con horquillas–. Me parece que fue en aquella sesión que el fantasma se sentó a mi lado. Lo pude observar con perfección: pese a la escasa luz roja, estando su cabeza a unos 40 centímetros de la mía, pude convencerme de que era la propia médium Z. Tras hablar largo y tendido de cuestiones sin interés, se introdujo en el gabinete oscuro, oí otra vez el cambio de vestidos y luego se dio la luz. Mi primer movimiento fue mirar el suelo, hacia donde había oído el ruido de la horquilla. En efecto, allí estaba materializado el artefacto, que recogí, que no se desmaterializó en mis manos, sino que se mantuvo con los caracteres de cualquier horquilla. En el fondo del gabinete oscuro, cerca de la silla de la médium, hallé otra horquilla, que ofrecía los mismos caracteres que la primera". En una sesión posterior, tras ser examinada la médium por dos mujeres –una de ellas, esposa de Comas– hallaron un rollo de ropa blanca fuertemente plegada entre sus muslos, además de que sus manos estaban tiznadas de azul de metileno.
(Continúa la información en ENIGMAS 164)

Moisés Garrido
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