La apasionante historia de la Santa Lanza
¿Dónde está la verdadera Lanza de Cristo? Te contamos la historia del arma que atravesó el cuerpo de Jesús y sus reliquias
La llamada Lanza Sagrada, también conocida como la “Lanza del Destino” o “Lanza de Longino”, es uno de los objetos más enigmáticos de la tradición cristiana. Según la interpretación más extendida, se trata del arma con la que un soldado romano atravesó el costado de Jesús de Nazaret mientras estaba crucificado para certificar su muerte. A lo largo de los siglos, este objeto ha sido venerado como una reliquia de enorme valor religioso y simbólico –sobre todo al estar en contacto con la sangre de Cristo-, aunque su autenticidad ha sido objeto de debate entre historiadores, teólogos y arqueólogos.
La referencia más antigua a este episodio aparece únicamente en el Evangelio de Juan. En el pasaje 19,33-34 se describe cómo, al llegar al cuerpo de Jesús, los soldados comprobaron que ya había fallecido. Por esta razón no aplicaron el llamado crurifragium, un procedimiento habitual que consistía en quebrar/romper las piernas del crucificado para acelerar la muerte. En su lugar, uno de los soldados perforó el costado derecho de Jesús con una lanza para confirmar su fallecimiento.

El texto evangélico describe un hecho que posteriormente adquiriría un profundo significado simbólico para el cristianismo: del costado herido brotaron sangre y agua –según el relato piadoso-. Algunos autores de la antigüedad, como el teólogo Orígenes, interpretaron este fenómeno como un milagro. Sin embargo, desde una perspectiva médica se ha planteado que podría explicarse por la perforación del pericardio, la membrana que rodea el corazón. En la teología católica, el episodio ha sido interpretado de forma simbólica como el origen espiritual de la Iglesia y de sus sacramentos fundamentales, especialmente el bautismo y la eucaristía.
El origen del nombre Longino
El Evangelio de Juan no menciona el nombre del soldado que utilizó la lanza. Sin embargo, la tradición posterior comenzó a identificarlo como Longino. Esta atribución aparece en el llamado Evangelio de Nicodemo, un texto apócrifo probablemente redactado en torno al siglo IV y también conocido como Hechos de Pilato. En ese escrito el soldado es descrito como un centurión romano.
El nombre aparece igualmente en representaciones artísticas antiguas. Una de las referencias más tempranas se encuentra en los Evangelios de Rábula, un manuscrito ilustrado del año 586 conservado actualmente en la Biblioteca Laurenciana de Florencia. En una miniatura de la Crucifixión se observa al soldado que hiere a Cristo con una inscripción en griego que lo identifica como Longinos.

Con el desarrollo del culto a las reliquias en la Edad Media, la lanza mencionada en el relato evangélico comenzó a ser considerada un objeto sagrado. Varias piezas fueron identificadas a lo largo de la historia como la auténtica lanza utilizada en la crucifixión.
Uno de los primeros testimonios sobre su veneración aparece en el siglo VI. El peregrino Antonino de Piacenza afirmó haber visto la lanza en la Basílica del Monte Sion en Jerusalén, junto con otras reliquias relacionadas con la pasión de Cristo, como la corona de espinas. Otros autores de la época, entre ellos Casiodoro y Gregorio de Tours, también mencionaron la existencia de este objeto en Tierra Santa.
No obstante, las invasiones y conflictos que afectaron a Jerusalén provocaron que muchas reliquias fueran trasladadas. Cuando el rey persa Cosroes II conquistó la ciudad en el año 615, varias piezas sagradas fueron llevadas fuera de Palestina. Según algunas crónicas, la punta de la lanza fue trasladada a Constantinopla y depositada en la iglesia de Santa Sofía.
Durante la Edad Media se produjeron nuevos desplazamientos. En el siglo XIII, el emperador latino Balduino II vendió parte de las reliquias de Constantinopla al rey francés Luis IX, quien las conservó en la Sainte-Chapelle de París. Sin embargo, muchas de estas piezas desaparecieron o se dispersaron durante la Revolución Francesa.

Las principales lanzas conservadas
La reliquia custodiada en la Basílica de San Pedro, en Roma, fue entregada al papa Inocencio VIII en 1492 por el sultán otomano Bayezid II. Este gesto formaba parte de una estrategia diplomática para mantener bajo custodia a su hermano Cem, rival en la lucha por el trono. Desde entonces la pieza ha sido considerada por algunos como la auténtica punta de la lanza.
Otra reliquia destacada es la lanza de Echmiadzin, conservada en Armenia. Según la tradición, fue descubierta durante la Primera Cruzada en 1098, después de que un cruzado llamado Pedro Bartolomé afirmara haber tenido una visión que revelaba su ubicación en Antioquía. El hallazgo fue interpretado como una señal divina que fortaleció la moral de los cruzados durante el asedio de la ciudad.
La tercera reliquia relevante es la llamada lanza de Viena, también conocida como lanza de Hofburg. Esta pieza formó parte de las insignias imperiales del Sacro Imperio Romano Germánico y fue utilizada durante ceremonias de coronación. Con el paso de los siglos quedó integrada en el tesoro imperial conservado en el Palacio de Hofburg. El propio Hitler se obsesionó con ella, creía que sería el objeto que le llevará a conquistar el mundo.
Aunque ninguna de las lanzas conservadas puede vincularse con certeza al episodio narrado en el Evangelio de Juan, su historia permite comprender cómo los relatos religiosos, la política y la devoción contribuyeron enormemente a construir una de las historias más asombrosas del cristianismo.









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