Civilizaciones perdidas
01/01/2006 (00:00 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)

La importancia de llamarse Leonor

Al cumplir treinta años de reinado, los Reyes de España han recibido como regalo la joya más preciada de su Corona: una nieta llamada a reinar. Los padres de la infanta –primeros en la línea sucesoria de acceso al trono–, la han consagrado a España, eligiendo un nombre que expresa su visión del futuro de la nación: Leonor.

01/01/2006 (00:00 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)
La importancia de llamarse Leonor
La importancia de llamarse Leonor
La monarquía tiene una historia antiquísima como institución sagrada. Desde sus remotos orígenes, los reyes han sido considerados «Hijos del Cielo», «Hijos de Dios», o incluso deidades vivientes. Por eso, la monarquía habla el mismo idioma que la religión y la tradición esotérica universal: un lenguaje de símbolos en el cual cada gesto, cada palabra pública, cada efemérides, tienen el valor de un rito y comunican un mensaje.

Esto es especialmente válido para los nombres de personalidades reales. La infanta Leonor, la primogénita de los Príncipes de Asturias, Don Felipe de Borbón y Letizia Ortiz Rocasolano, está señalada por su nombre, que confirmará su bautismo en la pila de Santo Domingo de Guzmán, con agua traída del río Jordán, en un gesto que expresa la voluntad de inscribir firmemente su futuro en una tradición consolidada.

Lo que la Corona manifiesta al otorgar nombre a un heredero es un propósito, un proyecto de futuro, la voluntad de llevar a cabo una misión concreta en beneficio del colectivo nacional que el monarca encabeza como jefe del Estado.

No es éste el momento de recordar el simbolismo de imperativo de reconciliación nacional que expresaba el nombre elegido por el rey Juan Carlos I para ocupar el trono, ni el de su heredero Felipe de Borbón y Grecia, llamado a reinar como Felipe VI. Pero no cabe duda de que, en ambos casos, estamos ante nombres con mensaje.

«Muchos vínculos históricos»

Aunque la inocencia de la infanta recientemente nacida nada sepa de historia, su nombre ya le indica de antemano una dirección y un deber al que irá despertando a medida que pasen los años, sobre el cual la irán aleccionando sus mayores y que, al llegar a adulta, descubrirá como destino y reto personal ineludibles. «Es un nombre con muchos vínculos históricos», dijo su padre. Y añadió que les gustó a la Princesa de Asturias y a él, comentando que habían barajado varios. Hizo bien. A la Corona corresponde hablar mediante el símbolo del nombre, no interpretarlo. Eso es tarea de analistas, historiadores, expertos en genealogías y protocolo, comunicadores.

Pero, ¿por qué Leonor? La etimología del nombre es confusa y sobre su origen y significado existen muchas teorías. Hay quienes lo consideran un nombre de origen hebreo (Ellinor) o acaso árabe, ambos con el significado de «Dios es mi luz», pero no faltan quienes le asignan origen griego, derivado de Eleos (compasión). Tal vez la teoría con mayor fundamento es la de los expertos en onomástica que defienden su origen provenzal y un significado equivalente a la fusión de los nombres masculinos León y Honorio, como alusión al fuego solar, también presente en la combinación león-or(o). El significado de «luz», «fuego» y «fuerza solar» parece predominar en las teorías mejor fundadas.

Numerosas reinas ilustres españolas y europeas –asociadas a España– llevaron ese nombre. Es imposible recordarlas a todas, aunque los «muchos vínculos históricos» a los cuales aludió Don Felipe inviten a ello.

Entre los antecedentes se ha citado a Leonor de Aragón, reina de España, hija de Pedro el Ceremonioso y Leonor de Sicilia, nacida en 1358 en el Puig de Santa María (Valencia). Esta Leonor fue la madre de Enrique III el Doliente, rey de Castilla y León. Toda la realeza, desde Jaime I, ha tenido estancias en el Real Monasterio del Puig y han manifestado su devoción por la Verge del Puig, patrona de los valencianos. Este vínculo histórico es fuerte porque El Doncel de Enrique el Doliente fue el regalo de bodas que Doña Letizia hizo a Don Felipe.

Si la infanta Cristina tendió la mano de la amistad a Catalunya –donde estableció residencia y se integró con su familia–, al distinguir simbólicamente a Valencia los Príncipes de Asturias también le reconocen su identidad propia. Y de paso a Aragón y Navarra, autonomías que se sienten acosadas por el nacionalismo catalán y vasco, ya que otra Leonor de Aragón fue gobernadora y reina de Navarra en el siglo XV.

Por lo tanto, hay en este punto la expresión clara de un reconocimiento simbólico de la igual dignidad de todas las autonomías a través de la historia de España, una reafirmación del ámbito de unidad nacional en el cual todas sin excepción deben convivir y desarrollarse en comunión, sin pretensiones anexionistas ni agravios comparativos.

También la primera reina de Castilla fue una Leonor. Leonor de Plantagenet, casada con Alfonso VIII. Esta reina era hija de Leonor de Aquitania y del rey inglés Enrique II. Su matrimonio tuvo clara proyección europea, ya que fue parte de la política de matrimonios dinásticos con que su madre intentó lanzar el primer proyecto de UE, entrelazando a todas las cortes de Europa.

Alfonso VIII y Leonor fundaron el Convento de las Huelgas Reales en 1187. No sólo vivieron un matrimonio de amor, sino que esta reina trajo a Burgos la influencia inglesa, el gusto por la cultura más cosmopolita de su tiempo, los libros miniados y la moda europea. Sin duda, fue digna hija de su madre. En perfecta armonía de propósitos con su esposo convirtió a Burgos en el centro irradiador y dinamizador del Reino de Castilla. También siguió la estela de su madre al educar con esmero a su hija Berenguela, cuyos desvelos serían fundamentales para que Fernando III el Santo llegara a reinar.

Leonor de Aquitania –reina de Francia al casarse con Luis VII y luego de Inglaterra por su boda con Enrique II– es sin duda la evocación más fuerte. Sobre todo por su proyección europea y su carácter indoblegable. Divorciada de los dos monarcas –acaso una sutil alusión a la condición de divorciada de la Princesa de Asturias, que hizo torcer el gesto a más de un comentarista mojigato cuando se anunció oficialmente que era la prometida del heredero–, Leonor de Aquitania fue la promotora del primer proyecto de UE animado con un espíritu que podemos calificar de moderno. A diferencia del de los carolingios y los «sacros imperios», el suyo pretendía construir una civilización multicultural, basada en la armonía entre los distintos reinos.

En el siglo XII, esta reina europea fundó una Universidad del Amor, donde se dieron cita los herederos de las casas reales del continente para educarse en una nueva sensibilidad, impulsó la cultura civilizada y tolerante del amor cortés, proyectó a escala continental la poesía trovadoresca –piedra angular de toda la lírica europea posterior en lenguas nacionales– y promovió la mitología del Santo Grial y el ciclo artúrico. A esta iniciativa debemos, entre otras cosas, el concepto moderno y romántico del amor.

Leonor de Aquitania ejerció un liderazgo infatigable. No sólo casó a su hija Leonor con el rey Alfonso VIII de Castilla, sino que también consiguió desposar a su hija María de Champagne con Felipe de Flandes, de quienes el gran trovador Chrétien de Troyes recibió –según su propia confesión– el argumento de romances como Lancelot y La leyenda del Grial.

Este espíritu favorable al entendimiento de Leonor de Aquitania también destacó en los momentos más conflictivos. Su hijo fue el famoso Ricardo Corazón de León, por cuyo derecho dinástico veló sin descanso mientras éste estuvo en la III Cruzada. Ricardo mantuvo una amistad profunda con su enemigo, el líder musulmán Saladino. Éste incluso le ofreció sus médicos personales cuando Ricardo enfermó.

En la II Cruzada, Leonor acompañó el rey Luis VII y se detuvo en Antioquía, gobernada por su tío Raimundo de Toulouse, enamorada de aquel territorio en el cual cristianos, musulmanes y judíos convivían en paz y eran frecuentes los matrimonios mixtos o las conversiones a otra fe. En realidad fue la decisión de su esposo de forzarla a regresar con él a Francia, impidiéndole prolongar su residencia en Antioquía lo que la decidió a divorciarse, como más tarde sería el adulterio de su esposo Enrique de Inglaterra lo que la hizo rebelarse por segunda vez.

La dimensión europea

Sin duda, los «vínculos históricos» del nombre de la infanta tienen en la gran Leonor de Aquitania su referencia mayor: la dimensión europea. La Corona desea que España impulse una creciente integración continental sobre la base de la cultura, el pasado compartido, el conocimiento mutuo, la armonía, la acción pacificadora y la unidad de frente a las amenazas exteriores.

En este proyecto, la Corona de España puede contar con el resto de las monarquías europeas. En estos días varias casas reales han coincidido en compartir nacimientos que hacen posible renovar esa política de alianzas mediante matrimonios dinásticos para fortalecer la unión, como hace ocho siglos hizo Leonor de Aquitania. En esta vertiente del simbolismo, el nombre Leonor también evoca a la hija de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, casada con el rey de Portugal y, tras envidudar, con el rey de Francia.

Por lo tanto, se promueve la unidad interna de España como nación, sobre la base del reconocimiento de un pluralismo cultural (autonomías), sin relegar ni minusvalorar la cultura y la historia compartida a escala nacional (la identidad nacional de España).

Asimismo se promueve la unidad a escala supranacional. La cultura europea tiene un peso especial en el nombre real Leonor o en sus distintas variantes: Eleonora, Eleanor o Elianor. Eleonor de Provenza –matriz de la lengua poética de los trovadores–, fue la reina poetisa de Inglaterra y una gran impulsora de la literatura europea en Britania, tras casarse con Enrique III.

Eleonora d'Arborea (siglo XIV), heroína sarda, pasó a la historia como la Señora que dictó leyes avanzadas de protección de los campesinos y las mujeres (Carta de Lagu), así como una adelantada de la ecología, por sus normas de protección de las rapaces. Un pequeño halcón, bien conocido en Baleares y que prospera en el Mediterráneo, lleva precisamente el nombre de Falco eleonorae como homenaje a esta pionera del conservacionismo y de la protección de la fauna salvaje.

También los valores tradicionales –tal vez hoy más necesarios que nunca– cuentan con referencias destacadas en el mismo nombre real. Leonor de Castilla, reina de Inglaterra, fue una esposa especialmente abnegada y querida por el rey Eduardo de Inglaterra, que en su memoria hizo erigir 12 cruces para conmemorar las estaciones del cortejo fúnebre de la reina cuando ésta falleció.

No cabe duda de que los herederos de la Corona escogieron con esmero el nombre de la infanta que está llamada a reinar, en cuanto se apruebe la reforma constitucional que haga justicia al derecho de la mujer a no ser discriminada.

La tarea de la niña que este año empieza a vivir, ya está inscrita en su nombre: unidad de una España respetuosa con el pluralismo de sus autonomías, la integración europea y una presencia activa en el mundo. Todo esto en el contexto de una aspiración de progreso cultural, atenta al imperativo de justicia social, a la solidaridad internacional, al compromiso con la protección de los más débiles y a preservación medioambiental.
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