Civilizaciones perdidas
01/11/2007 (00:00 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)

La obra «mágica»

El Museo Thyssen de Madrid acoge una exposición temporal sobre la brillante obra del mayor exponente del Renacimiento alemán. Dotado de un talento inigualable, este pintor y grabador germano desarrolló su arte en una época en la que se prodigaban ciertas creencias esotéricas entre los círculos cultos del momento. Al igual que muchos de sus contemporáneos, Durero no fue ajeno a estas ideas, y algunas de ellas quedaron reflejadas en sus creaciones.

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La obra «mágica»
La obra «mágica»
Hijo de un notable maestro orfebre, Alberto Durero nació en Nuremberg a finales de mayo de 1471. Bajo la atenta tutela de su padre, sus dotes artísticas no tardaron en manifestarse, y con tan sólo 15 años entró como aprendiz en el taller del pintor Michael Wolgemut. Aquel fue el comienzo de una brillante carrera que terminó convirtiéndole en uno de los grandes de la Historia del Arte. Durero manifestó toda su vida una personalidad inquieta, siempre dispuesto a aumentar sus conocimientos, y estas inquietudes le llevaron a viajar en dos ocasiones a Italia, donde se impregnó del arte y la filosofía que imperaban en aquel momento. Aquella fascinante época también fue testigo de la aparición y desarrollo de diversas filosofías y doctrinas esoté´ricas. Al igual que otros artistas, Durero tuvo contacto con estas ideas, y algunas de ellas influyeron en parte de su creación artística.El Museo Guggenheim de Bilbao acaba de clausurar una exposición dedicada a sus grabados, y el Museo Thyssen de Madrid ofrecerá, entre octubre de 2007 y enero de 2008, una completa muestra sobre el artista alemán. Ambas exposiciones cuentan con algunas de estas obras que podríamos calificar de esotéricas, lo que nos brinda una ocasión inmejorable para analizar una de las facetas más desconocidas de este genio del arte.El ENIGMA DE MELANCOLÍA ISin lugar a dudas, una de las obras que mayor número de estudios y análisis ha generado es el célebre grabado Melancolía I (1514). Un rápido vistazo nos permite observar que, en primer lugar, destaca una figura femenina, provista de alas, y que parece identificarse con un ángel. Apoya su cabeza en una de sus manos (con la otra sostiene un compás), y el rostro aparece en sombra. Junto a esta figura observamos también un niño, apoyado en una piedra de molino, y que está pintando sobre una tabla o pizarra. Junto al pequeño vemos un poliedro que llama la atención (y que oculta parcialmente un crisol encendido), así como una escalera de siete peldaños que asciende hasta un del que no se vislumbra su final. Junto a la escalera vemos un cometa, además de un animal que parece un murciélago, sosteniendo una cartela con el texto «Melencolia I», que da título al grabado. En la parte superior derecha aparecen una balanza, un reloj de arena, una campanilla y, bajo ésta, un «cuadrado mágico» en el que la suma de las cifras de sus celdas resulta siempre 34. Finalmente, en la parte inferior vemos un perro dormido y unas herramientas: una esfera, unos clavos, una sierra, una regla, etc…Una de las lecturas más extendidas alude a la llamada teoría de «los cuatro humores». En la Antigüedad clásica –y en épocas posteriores, entre ellas el Renacimiento–, era popular la idea de que el ser humano estaba influido física y anímicamente por cuatro fluidos o «humores»: sanguíneo, colérico, flemático y melancólico. La mezcla de dichos humores determinaban el carácter, la personalidad y la salud de los individuos. En esta teoría entraban también en juego los efectos de algunos planetas, las cuatro estaciones, los cuatro elementos o los cuatro vientos. De este modo, el grabado aludiría al carácter melancólico. De hecho, la melancolía se conocía también como «bilis negra» y, como ya hemos dicho, el rostro del «ángel» aparece sombreado, oscuro, lo que parece una clara alusión a este carácter.HERMETISMO Y FILOSOFÍA NEOPLATÓNICADurante el Renacimiento se reivindicó la figura del melancólico como reflejo de la genialidad y la creatividad del artista. Y personajes tan notables e influyentes como el filósofo neoplatónico y ocultista Marsilio Ficino, hicieron lo posible por ensalzar este temperamento. Otra evidencia de la influencia de Ficino la encontramos en el cuadrado mágico que aparece en el grabado. Al tiempo que reivindicaba el temperamento melancólico, Ficino ensalzaba también al planeta Saturno, directamente relacionado con este «humor». Sin embargo, reconocía el carácter parcialmente negativo del planeta, y recomendaba el uso de talismanes para compensar sus efectos nocivos. Este cuadrado mágico sería uno de estos talismanes de propiedades benéficas.Sin duda alguna, la teoría de los humores está presente en la obra de Durero. Y tenemos más evidencias de ello, que además señalan hacia teorías complementarias de la época. La cartela que sostiene el misterioso y desagradable murciélago, con el lema Melencolia I, está haciendo referencia a las ideas de otro célebre personaje: el mago, cabalista, ocultista y filósofo alemán Cornelius Agrippa. Según recoge en su obra De Occulta Philosophia, el hombre es capaz de alcanzar todos aquellos logros espirituales e intelectuales que se proponga con la ayuda «de lo alto», bien a través de sueños proféticos o mediante la influencia de Saturno. Sin embargo, la interpretación de Agrippa ampliaba la de Ficino, pues atribuía al planeta la facultad de influir también en la imaginación y en la razón, y no sólo en la mente intuitiva. Es casi seguro que Durero conoció las tesis de Agrippa, e incluso es probable que conociera al ocultista personalmente. Por tanto, no sería de extrañar que sus ideas terminaran por influir en algunas de sus obras.Las interpretaciones herméticas, esotéricas y ocultistas del grabado no terminan aquí. Otros autores han añadido, además de las mencionadas, una lectura en clave alquímica. Para estos estudiosos, la alusión al temperamento melancólico tendría una significación en relación con la Gran Obra. Así, la bilis negra correspondería con el nigredo, una de las fases del proceso alquímico. Bajo este prisma, la lectura del título del grabado adquiere un sentido muy concreto.La balanza y el reloj de arena serían símbolos de Saturno. Este planeta está asociado en alquimia al color negro (nigredo) y al plomo, el metal utilizado inicialmente por los alquimistas. Hay también una rueda de molino, símbolo de la «vía seca», uno de los métodos para la obtención de la Gran Obra y también emblema de la putrefacción.La alusión al nigredo está también presente en el rostro oscurecido del ángel, que sería un hermafrodita alado. El poliedro sería también símbolo de Saturno; la escalera de siete peldaños indicaría los pasos que debe seguir el alquimista; la esfera y el poliedro aludirían a la geometría como base de la alquimia. Otros símbolos alquímicos serían –según esta interpretación– el perro, las herramientas dispuestas en el suelo y el crisol encendido, semioculto por el poliedro.Finalmente, algunos elementos podrían esconder también otros mensajes. Así, por ejemplo, en el cuadrado mágico podría leerse, tal y como señalan algunos autores, la fecha de la muerte de la madre del artista, Barbara Dürer. En la primera fila vemos: 16 - 3 - 2 - 13. Estas cifras podrían interpretarse así: 16, 3 2 (=5, mes de mayo) - 13 (1 3= 4, en alusión a 1514), dando la fecha de 16 de mayo de 1514. Esta interpretación se vería confirmada por la presencia de la campanilla (de sentido fúnebre), y el reloj de arena nos recordaría la fugacidad de la vida. De este modo, el ángel melancólico del grabado sería el propio Durero, hundido en ese estado por la fatal pérdida.De un modo u otro, sin duda Melancolía I parece ofrecernos un «autorretrato» del propio Durero quien, con probabilidad, se veía así mismo como un espíritu melancólico y taciturno, un artista creador dominado por el influjo de Saturno…Acabamos de mencionar la más que probable influencia de las tesis de Agrippa en Melancolía I, y la siguiente pintura de Durero parece refrendar esta hipótesis. La obra en cuestión es un retrato de Johannes Kleberger, un rico e influeyente comerciante alemán afincado en Lyon, y que llegó a convertirse en valido del rey Francisco I de Francia. Durante un viaje a Nuremberg en 1525, Kleberger encargó a Durero un retrato, en el que hoy podemos descubrir algunos elementos claramente esotéricos. Concretamente, en la esquina superior izquierda de la pintura se aprecia un extraño emblema, formado por seis estrellas y un misterioso símbolo. Se trata del signo cabalístico conocido como Sol in corde leonis, conjunción de la estrella más brillante de Leo con el Sol; este símbolo está directamente tomado de De Occulta philosophia. Parece ser que Kleberger pudo haber tenido la ocasión de conocer a Agrippa en Lyon. Según el ocultista alemán, los nacidos bajo este signo de Leo (como Kleberger) estaban destinados a la grandeza. Pero hay más. El Sol in corde leonis era, al igual que el cuadrado mágico de la obra anterior, un amuleto benéfico contra el influjo de la melancolía.UNA PESADILLA APOCALÍPTICALa siguiente obra que atrae nuestro interés es una acuarela, hoy conservada en un museo de Viena, y representa un tema muy poco habitual. Lleva el sugerente título de Visión onírica, pues representa, ni más ni menos, un sueño (en realidad una pesadilla) que Durero tuvo en 1525. En la noche del 7 al 8 de junio de aquel año, el artista se despertó temblando, envuelto en sudores, atemorizado por el «espectáculo» que su mente había creado para él. Cuando se levantó a la mañana siguiente, Durero se dirigió rápidamente a su taller y pintó de forma apresurada una acuarela. Él mismo añadió el texto que acompaña a la obra, y que explica lo sucedido:«En 1525, durante la noche entre el miércoles y el jueves después de la semana de Pentecostés, tuve esta visión mientras dormía, y vi cómo unas muy grandes aguas caían desde los cielos. La primera golpeó el suelo a unas 4 millas de mí con una fuerza tan terrible y un ruido tan enorme, que inundó toda la campiña. (…) Y el aguacero siguiente fue enorme. Algunas de las aguas cayeron a alguna distancia, y otras más cerca. Y venían desde una altura tal, que parecían caer muy lentamente. Pero la primera tromba de agua que golpeó el suelo lo hizo tan repentinamente, y había caído a tal velocidad, y estaba acompañada por viento y por un rugido tan aterrador, que cuando me desperté todo mi cuerpo temblaba, y no pude recuperarme durante un tiempo».La época en la que Durero tuvo su sueño y pintó esta acuarela fue un momento difícil, especialmente en términos religiosos. Eran unos años duros, de incertidumbre, con la Reforma protestante en pleno apogeo. Por este motivo, algunos historiadores han interpretado que la desagradable experiencia onírica del genio alemán pudo tener su origen en aquellos «tiempos revueltos». De hecho, muchos pensaron entonces que un nuevo Diluvio, un terrible castigo de Dios, iba a destruir el mundo. Este temor catastrofista y apocalíptico se había visto alimentado, además, por los vaticinios de algunos astrólogos, que el año anterior habían «leído» en los cuerpos celestes que una gran inundación iba a acabar con todo ser viviente… OTRAS MELANCOLÍASDurero no ha sido el único artista en representar la Melancolía. Lucas Cranach, otro pintor alemán con quien comparte exposición en el Thyssen, pintó varias tablas en torno a este tema, todas posteriores al grabado de Durero.En estas pinturas aparece igualmente una figura femenina –en ocasiones alada– provista de compás, una esfera a sus pies, un perro tumbado en el suelo y niños jugando alrededor. Algunos autores, como el historiador del arte Jan Van Lennep, han sugerido que esta serie de Melancolías de Cranach tendrían también un significado claramente hermético. De este modo, los niños que juegan estarían haciendo alusión al Ludus puerorum (juego de los niños), un símbolo presente en numerosos tratados de alquimia, y que suele asimilarse con el proceso de coagulación. «Estos niños –dice Lennep– surgen como un reflejo en claroscuro de aquellos que devoraba Saturno».
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