Parapsicología
01/05/2007 (00:00 CET) Actualizado: 18/03/2026 (11:21 CET)

Sierra Espuña. Noches de misterio en el hospital encantado

Hace más de medio siglo, un hospital para tuberculosos cerró sus puertas tras décadas albergando enfermos en Sierra Espuña (Murcia). En la actualidad, el sanatorio está abandonado, en ruinas. Y, sin embargo, algo extraño y misterioso ocurre en su interior.

01/05/2007 (00:00 CET) Actualizado: 18/03/2026 (11:21 CET)
Un antiguo hospital para tuberculosos es escenario de fenómenos paranormales
Un antiguo hospital para tuberculosos es escenario de fenómenos paranormales

Al principio del pasado siglo, la tuberculosis causó estragos entre la población española. Para paliar el problema, las autoridades buscaron lugares alejados de los centros urbanos con objeto de evitar posibles contagios. En muchas ocasiones, los lugares elegidos estaban situados en zonas de alta montaña, en donde el aire puro y limpio es la mejor medicina para los enfermos de esta temible enfermedad, logrando así atenuar el cargado ambiente de estos preventorios.

Fueron estas premisas las que impulsaron la fundación del patronato benéfico y social del Sanatorio Antituberculoso de Sierra Espuña, en el corazón de Murcia. El proceso de construcción fue lento y complejo; dio comienzo a finales de 1913. Verano tras verano, los vecinos se encargaban de levantarlo de forma altruista, mientras que el resto del año centraban sus esfuerzos en recaudar dinero para llevar la obra a buen puerto.

Gracias a ello, en 1917 pudo concluirse la primera planta del edificio, pero la obra continuó hasta que se proclamó la II República en España, lo que supuso un compás de espera e incertidumbre, pues la "confrontación" entre los integrantes del patronato y las autoridades políticas era más que patente. Todo se solucionó y las obras se agilizaron con la cesión del edificio al Estado en 1931; desde entonces se consiguió que se trabajara en su construcción durante todo el año ininterrumpidamente.

La edificación se dio por finalizada en febrero de 1934. Al año siguiente, quedaría inaugurado el Sanatorio Antituberculoso de Murcia. El edificio constaba de sótano, planta baja, primera y segunda planta. Posteriormente, se hicieron otra serie de obras anexas: la casa del conserje, cocheras, cuadras, depósito de cadáveres, velatorios y un acueducto para recoger agua.

Fue sanatorio en sus diferentes facetas hasta 1962, pero también era utilizado como hospital para los vecinos de la zona, ya que allí pasaban consulta las gentes de Aledo, El Berro y otras poblaciones próximas. En su época de máximo apogeo llegó a contar con doscientas camas y cincuenta personas encargadas de los distintos servicios y la atención a los enfermos.

El fin de una era

Tras 27 años como sanatorio antituberculoso, las cosas cambiaron gracias al descubrimiento de la estreptomicina en 1949. Aquella medicina cambió el destino de los enfermos internados y muchos de ellos, afortunadamente, pudieron sanar de sus graves dolencias. En consecuencia, el número de enfermos descendió, pero no ocurrió así con los gastos de mantenimiento. Por ello, el 10 de mayo de 1962, al tiempo que los últimos enfermos eran trasladados a un hospital de Albacete, el sanatorio de Sierra Espuña cerró sus puertas.

Después de permanecer así un año, el hospital fue rehabilitado y se convirtió en una escuela-hogar para acoger a huérfanos y necesitados de toda la región. Así permaneció durante algunos años más hasta que, finalmente, volvió a cerrarse. Ya en los ochenta se hizo una fuerte inversión para restaurar parte del edificio, que se transformó en albergue juvenil. Una vez más, fue cerrado al público, pero en esta ocasión de forma definitiva. Corría el año 1995, si bien aún sería vigilado y cuidado por personal de la administración autonómica durante cuatro años más. Después, llegó el abandono.

"Una mujer, como una sombra"

En los primeros meses de 2002 nos entrevistamos con Enrique B. Z., un boy scout de 19 años que conocía a la perfección la comarca. Nos relató lo que vivió años atrás en la primera planta del preventorio. Lo cierto es que no encontraba las palabras exactas para explicar qué fue lo que vio allí:

"Fue una especie de neblina de un color entre grisáceo y verduzco; parecía una mujer deambulando por el pasillo, como una sombra, como un tenue haz de viento con humo que se deslizaba y que me encontré en medio del pasillo, a no más de cinco metros de distancia".

No sabemos con qué se tropezó realmente Enrique esa noche. En cualquier caso, lo que vio fue algo muy extraño; a tal punto le afectó la experiencia que, según sus propias palabras, aquella visión le provocó un intenso dolor de cabeza y un malestar general que le obligó a salir del recinto. Prometió que jamás volvería por aquel siniestro lugar.

Voces sin dueño

Poco tiempo después, una informante nos contó más detalles sobre las "cosas misteriosas" que ocurren allí. Uno de sus amigos trabajó en el lugar como conserje hasta que decidió pedir un traslado, ya que no soportaba estar ni un minuto más en el interior del viejo hospital. Cuando indagamos en el historial de los conserjes del preventorio, nos encontramos con que no fue el único que pidió un cambio de destino; sus antecesores lo habían hecho también por razones desconocidas.

Nos pusimos en contacto con él. Con no pocas reservas accedió a entrevistarse con nosotros, bajo la condición de no ser grabado ni fotografiado por temor a represalias laborales. Charlamos con Ángel A. mientras el café humeaba en la mesa. Según explicó, comenzó a trabajar en el preventorio en 1993 y permaneció allí en diferentes intervalos hasta seis años después.

"Nunca quise saber de la historia del lugar, pues me daba miedo", nos cuenta Ángel, que no se atrevió a compartir con sus compañeros las amargas experiencias que vivió. "En la primera planta, sobre todo por las noches, se escuchaban correteos y murmullos". Nada ni nadie podía provocar aquellos ruidos; el lugar estaba desierto. Él prefería creer que eran sonidos generados por sus propias botas, "porque cuando me paraba, los murmullos cesaban, y si reiniciaba el camino, volvían a surgir". Al preguntarle cómo eran dichos murmullos, contestó que le recordaban a "grupos de gente hablando, que no venían de ninguna parte pero que resultaban envolventes".

En una ocasión recibió la visita de sus padres. Cuando se encontraban en la primera planta, oyeron el mismo murmullo. Pensaron que habían llegado visitantes, pero la sorpresa fue mayúscula al comprobar que estaban solos. Ángel recuerda también que en el pasillo había una mancha de humedad en la que todos atisbaban un torso femenino. En no pocas ocasiones picaron la pared, pero al poco tiempo volvía a surgir esa extraña forma.

El incidente militar

Miguel G. L., exmilitar que en los años ochenta integró un grupo de asalto, también fue protagonista de fenómenos paranormales en este hospital. En una ocasión, llevó a su escuadrón para refugiarse de las inclemencias del tiempo. Optaron por pernoctar en la primera planta de la zona antigua.

Durante la guardia, un soldado se topó de frente con un ser etéreo de color verduzco y forma humana femenina. El soldado, presa del pánico, disparó una ráfaga con su fusil de asalto. La ventana quedó destrozada y la pared agujereada, sin embargo, las balas atravesaron a la extraña presencia, que permaneció impasiva antes de difuminarse. Gracias a nuestra investigación, el militar volvió al lugar y nos guió hasta la pared donde aún se encuentran las marcas de los impactos de bala.

Fenómenos inexplicables

En nuestras investigaciones hemos registrado fenomenologías muy dispares. Fuimos testigos —y así lo registró la cámara de vídeo— de cómo una puerta del pasillo era capaz de arrastrarse violentamente, desplazando cascotes y escombros sin que nadie la tocara. Descartamos corrientes de aire o desniveles en el suelo. Analizamos las bisagras y comprobamos que no tenían tensión ni muelles que justificaran tal fuerza.

También fuimos testigos de cómo, en ocasiones, las tuberías y sanitarios hacían ruido como si estuvieran en funcionamiento, a pesar de que las instalaciones están destruidas y no corre ni una gota de agua. Hemos escuchado pasos, murmullos e incluso el sonido del ascensor subiendo y bajando por las plantas, algo imposible, pues lleva años roto y cubierto por el óxido.

El hospital sigue allí: abandonado, viejo y ruinoso... pero parece que aún hoy existen presencias invisibles que lo habitan.

 

Relacionados
Lo más leído

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Nos interesa tu opinión

Revista

AC 415

Nº 415, marzo de 2026

Geopolítica del mal, cárceles secretas, enclaves malditos y lugares prohibidos. Último número ya en el quiosco.