Peter Thiel pone rostro al Anticristo
El magnate tecnológico Peter Thiel asegura poder identificar al Anticristo en pleno siglo XXI, pero su señalamiento no apunta a un líder oscuro, sino a una figura pública
El multimillonario Peter Thiel –cocreador de PayPal– lleva años embarcado en un ciclo de conferencias sobre el Anticristo. A estas charlas sólo se puede acceder por invitación y con la prohibición expresa de difundir su contenido.
Recientemente informábamos de la que tuvo lugar en Roma a mediados de marzo. Una conferencia en la que dijo estar en condiciones de identificar al Anticristo. Esto despertó el interés global por Thiel no es un predicador al uso sino un importante tecnooligarca que ha impulsado con sus donaciones el ascenso al poder del vicepresidente estadounidense JD Vance y aliado de Donald Trump.
¿Quién es, según Thiel, el Anticristo en el siglo XXI?
Según interpretaciones difundidas tras sus conferencias privadas en Europa entre 2025 y 2026, filtraciones indirectas y algunas interpretaciones periodísticas, el Anticristo no sería una figura única, ni de un líder carismático con rasgos mesiánicos. Para Thiel, el Anticristo sería más bien una idea que se infiltra en la sociedad contemporánea: la creencia de que el progreso debe ser frenado para evitar una catástrofe mayor.
Y es aquí donde aparece un nombre que ha incendiado el debate público: Greta Thunberg, símbolo de una corriente que, bajo la bandera del cambio climático, estaría —según su tesis— promoviendo una ralentización deliberada del progreso tecnológico. Una especie de nuevo “ludismo” global, adaptado al siglo XXI.

Para entender esta acusación hay que detenerse en un concepto clave que el propio Thiel rescata: el ludismo. El término procede de un movimiento obrero del siglo XIX en Inglaterra cuyos seguidores, conocidos como luditas, destruían máquinas industriales porque temían que les arrebataran el trabajo. Hoy, el concepto se utiliza de forma más amplia para describir cualquier postura que desconfía del avance tecnológico o propone frenarlo por sus posibles consecuencias sociales o éticas.
En la visión de Thiel, el ecologismo radical y ciertas corrientes críticas con la inteligencia artificial representarían una nueva forma de ludismo. No con martillos, sino con regulaciones, discursos alarmistas y presión política.
Sin embargo, el núcleo de su tesis es aún más provocador. Inspirado por el pensamiento del filósofo francés René Girard, Thiel redefine el concepto de Anticristo no como un destructor violento —eso sería el Armagedón—, sino como una figura que promete evitar el desastre a cualquier precio. Incluso si ese precio es la libertad. En esta lógica, el verdadero peligro no sería la inteligencia artificial fuera de control o una guerra nuclear, sino un sistema global que, en nombre de evitar esos riesgos, imponga una vigilancia total, una regulación asfixiante y una homogeneización del pensamiento.

¿El Anticristo como salvador… o como gestor del miedo?
La distinción que plantea Thiel entre Armagedón y Anticristo es clave. El primero representa la destrucción evidente: la catástrofe tecnológica, el colapso. El segundo, en cambio, es más sutil. Se presenta como la solución. Como el garante de la seguridad. Como el administrador del riesgo. Y, precisamente por eso, sería más peligroso.
En ese marco, figuras como Thunberg —y otros críticos del desarrollo tecnológico sin límites— serían, para ciertos sectores de Silicon Valley, los “legionarios” de una narrativa que prioriza la contención sobre la expansión.
El eco de estas ideas no se limita a los círculos tecnológicos. En España, el periodista e investigador Manuel Carballal ha recordado recientemente que el Apocalipsis ha sido utilizado históricamente como herramienta política. El miedo al fin del mundo, sugiere, ha servido en múltiples ocasiones para justificar estructuras de poder, decisiones extraordinarias y relatos de control. Pero —y aquí introduce un matiz relevante— quizá hemos prestado más atención al miedo que al mensaje original.
Si el Anticristo no es una entidad sobrenatural sino un constructo ideológico… ¿quién decide dónde está la línea entre proteger a la humanidad y controlar su destino?
Las declaraciones atribuidas a Thiel apuntan a un fenómeno más amplio: el giro de ciertas élites tecnológicas hacia discursos que combinan el transhumanismo con elementos casi escatológicos. Una especie de nueva teología del silicio donde Marte, la inteligencia artificial y la supervivencia de la especie se entrelazan con conceptos como el “katechon”, esa fuerza que, en la tradición cristiana, retrasa la llegada del fin.
Para unos, el peligro es el descontrol tecnológico. Para otros, el verdadero riesgo es el control absoluto en nombre de la seguridad. Y en medio, figuras mediáticas convertidas en símbolos de algo mucho más grande que ellas mismas.
Quizá la clave no esté en si Greta Thunberg es —o no— ese supuesto “Anticristo” reinterpretado por Peter Thiel. Tal vez la cuestión de fondo sea si estamos asistiendo al nacimiento de una nueva narrativa apocalíptica diseñada no para explicar el fin del mundo… sino para gestionar el poder en el presente








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