Creencias

Casas encantadas en el mundo clásico

Los relatos de casas encantadas y el temor que provocan están presentes desde hace miles de años.

autor Jesus Ortega

Periodista

4 de agosto de 2021 (10:07 CET)

Casas encantadas en el mundo clásico
Casas encantadas en el mundo clásico

Las casas encantadas es un campo abonado de la Antigüedad clásica. Son varios los relatos referentes a estos lugares que han llegado hasta nosotros. El más conocido es, sin duda, el descrito por el escritor romano Plinio el Joven en sus Cartas. Para muchos, se trata del primer testimonio escrito de la existencia de fantasmas –aunque existen referencias anteriores, eso sí, desde una perspectiva cómica y que pudieron inspirar a Plinio a la hora de dar forma a su relato–.

Tras la visión del fantasma en aquella infausta casa, llegaban la enfermedad y la muerte

La casa en cuestión estaba en la ciudad de Atenas y, en palabras del propio cronista era "una casa amplia y espaciosa pero de mala fama y maldita. En el silencio de la noche un sonido de hierro, y si prestases más atención, un estrépito de cadenas […]. A continuación aparecía un fantasma, un viejo consumido por la delgadez y la suciedad, de larga barba y cabello erizado. […] A partir de entonces, las noches eran siniestras y terribles para los habitantes, que velaban por miedo". Incluso, escribe Plinio el Joven, tras el miedo "venía la enfermedad" y después "la muerte", motivo por el cual la casa quedó abandonada, a merced de posibles compradores o arrendatarios, siendo su precio irrisorio.

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El relato de Plinio el Joven es considerado uno de los primeros de la literatura de casas encantadas.

Es precisamente su ridículo precio el que mueve al filósofo Atenodoro a alquilar el inmueble, que por aquel entonces se encontraba buscando alojamiento en la ciudad. Atenodoro fue informado del peculiar "habitante", pero aún así decidió instalarse en ella, ordenando que se le preparase una cama en la parte delantera de la casa y material de escritura. En mitad de la noche, mientras el filósofo se encontraba escribiendo, comienza a escuchar los ruidos de cadenas de los que le habían hablado y, finalmente, al girarse, se encuentra de bruces con el ajado fantasma. Atenodoro decide hacer caso omiso y continúa escribiendo, por lo que el alma en pena decide agitar más fuerte sus cadenas para llamar su atención… y lo consigue. Atenodoro, armado de valor, agarra una lámpara y va tras el fantasma del anciano, siguiéndolo hasta el punto en el que éste desaparece. El filósofo decide marcar el lugar en el que el espíritu se ha desvanecido y, a la mañana siguiente, da parte a las autoridades aconsejando que se excave en ese punto exacto. Lo que encontraron fueron restos óseos mezclados con cadenas, algo que en cierto modo Atenodoro intuía, ya que en la Antigua Roma era muy importante dar al difunto una tumba o sepulcro. Por tanto, lo único que el fantasma quería era un entierro digno. Una vez se llevó a cabo, la casa otrora encantada volvió a la normalidad.

Fue sacudido por una fuerza repentina y se le encontró medio muerto junto a su cama

FANTASMAS ILUSTRES

Y, no siendo exactamente casas encantadas, existen relatos de sucesos bastante extraños relacionados con grandes personajes, como por ejemplo lo que acaecía en la habitación de la villa en la que nació Augusto, el primer emperador de Roma: "Según una vieja creencia los que entran de modo irreverente son víctimas de un cierto horror y miedo […] Pues cuando el nuevo dueño de la villa, bien por casualidad bien por probar qué pasaba, se fue a dormir en el lugar sucedió que, después de muy pocas horas de la noche, fue sacado de allí por una fuerza repentina e incierta y se le encontró casi medio muerto junto con su cama delante de las puertas”, escribe Suetonio en Vida del divino Augusto.

En la casa donde había encontrado la muerte, no pasó una noche sin que hubiera algún motivo de terror

Pero, si de emperadores va la cosa, no podemos dejar pasar lo que acontecía en los lugares donde murió y fue enterrado Calígula. El "primer" enterramiento en los jardines de Lamia fue algo improvisado –ya hemos hecho mención a la importancia de un enterramiento digno para los romanos–, por lo que hasta que sus hermanas, una vez regresaron del exilio, lo hicieron como correspondía, "los vigilantes de los huertos fueron turbados por sombras fantasmales y en la casa en la que había encontrado la muerte no pasó una noche sin que hubiera algún motivo de terror hasta que la propia casa fue consumida por un incendio", cuenta Suetonio en Vida de Calígula. Algo parecido pasó con Nerón, un emperador si cabe más polémico que el citado.

Y, al igual que en la actualidad encontramos historias de fantasmas en hoteles y otros lugares de ocio y relax, en el mundo clásico no podían faltar las historias de este tipo en las termas y baños. Fernando Lillo Redonet, en Fantasmas, brujas y magos de Grecia y Roma, rescata algunas de estas crónicas, como la del espíritu del rebelde Damón, asesinado mientras se daba un baño por los propios habitantes de la ciudad de Queronea en el 88-87 a. C. Así, fueron muchos los que afirmaban haberlo visto deambular y oír sus lamentos allí donde encontró la muerte.

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