Un taladro de 5.300 años que no debería existir en Egipto
Un equipo internacional de investigadores ha analizado un objeto que adelanta en más de dos mil años la historia de la tecnología en el Antiguo Egipto
Durante casi cien años, un pequeño punzón metálico ha permanecido en una vitrina de Cambridge sin levantar sospechas. No es espectacular. No está decorado. No pertenece a ningún faraón célebre. Mide poco más de seis centímetros y pesa apenas un gramo y medio. Sin embargo, podría estar cuestionando la cronología tecnológica del Antiguo Egipto.
El objeto fue hallado en 1927 por el arqueólogo británico Guy Brunton en el cementerio predinástico de El-Badari, en el Alto Egipto. Apareció en la tumba 3932, junto al cuerpo de un adulto enterrado hacia el 3300 a.C. Brunton lo registró como «un pequeño punzón de cobre, con una correa de cuero enrollada» y lo envió al Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Cambridge donde fue catalogado como 1924.948 A. Y ahí empezó su largo silencio.
Durante décadas nadie supo muy bien qué era. Un tubo. ¿Un adorno? ¿Parte de un utensilio perdido? La pieza era hueca, de aspecto simple, hecha de una aleación metálica aparentemente anodina. No parecía merecer titulares.
Hasta ahora.

Un equipo conjunto de la Universidad de Newcastle y la Academia de Bellas Artes de Viena decidió reexaminar el artefacto con técnicas modernas de análisis metalúrgico. Sus conclusiones, publicadas en la revista científica Egypt and the Levant, no solo identifican con precisión su composición, sino que alteran la interpretación del objeto.
La aleación no es cobre puro. Contiene una proporción significativa de plata y plomo, así como arsénico y níquel, señala el coautor del artículo Jiří Kmošek, algo inusual para una herramienta funcional de ese periodo tan temprano. Y es que los investigadores descubrieron que la herramienta muestra un desgaste característico de la perforación: estrías finas, bordes redondeados y una ligera curvatura en el extremo de trabajo, todas características que apuntan a un movimiento giratorio.
Adheridas al cilindro permanecen seis espirales de una delicadísima cuerda de cuero. Ese detalle orgánico, extraordinariamente raro tras más de cinco milenios, es la clave. Las marcas no son decorativas. Son funcionales. Indican que la pieza estuvo enrollada con una cuerda que permitía generar movimiento rotatorio mediante tensión alterna. En otras palabras: estamos ante un taladro accionado por cuerda.
No un punzón. No un tubo ornamental. Un dispositivo pensado para girar.

Si la interpretación es correcta, este pequeño objeto sería uno de los ejemplos más antiguos conocidos de tecnología rotatoria metálica en Egipto, adelantando en más de dos mil años lo que la narrativa tradicional sitúa en épocas posteriores.
Y aquí es donde la pieza deja de ser una curiosidad de museo para convertirse en un problema histórico, en un objeto fuera de contexto u OOPART, como el famoso disco de esquisto, hallado en 1936 por el egiptólogo británico Brian Walter Emery mientras excavaba la tumba del príncipe Sabu, hijo del faraón Adjuib en la necrópolis de Saqqara. Su diseño difícil de clasificar, ya nos obligó a preguntarnos si todo lo “ritual” es realmente ritual. Otro ejemplo son los jarrones de embocadura estrecha manufacturados en basalto, alabastro o diorita, que son las piedras más duras que existen en la Tierra.

De singular importancia son, también, los objetos hallados por el egiptólogo Selim Hassan (1886-1961) en las necrópolis de Giza y Saqqara. Unas misteriosas herramientas de basalto, de 24 por 18 cm., que creyó formaron parte de algún artilugio más grande -quizás las máquinas descritas por Heródoto- que podrían ser protopoleas para mover bloques de piedra.
Cuando la historiografía no integra bien una pieza, el vacío suele llenarse con imaginación desbordada. Se habla de civilizaciones perdidas o visitantes de otros mundos. Pero quizá el desafío sea más incómodo y más humano: aceptar que el Egipto predinástico pudo desarrollar soluciones técnicas avanzadas antes de lo previsto.
El cilindro 1924.948 A no necesita extraterrestres para resultar perturbador. Basta con mirarlo sin prejuicios. Está expuesto en Cambridge. No se esconde. No es secreto. Pero su significado puede estar perforando, lentamente, nuestras certezas.
Porque si hace 5.300 años ya existían herramientas rotatorias metálicas con aleaciones complejas y sistemas de cuerda, la pregunta no es si el objeto es extraño. La pregunta es si nuestro relato histórico lo es más.
¿Estamos ante un simple ajuste cronológico… o frente a un auténtico oopart que revela grietas en la verdad oficial sobre la tecnología del Antiguo Egipto?








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