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17/08/2023 (08:00 CET) Actualizado: 17/08/2023 (08:00 CET)

Cráneos de lobo para ahuyentar a los espíritus malignos

Hallan evidencias arqueológicas de una singular práctica mágica realizada por ladrones de tumbas en Rumanía

Javier Garcia Blanco

Periodista y fotógrafo

17/08/2023 (08:00 CET) Actualizado: 17/08/2023 (08:00 CET)
Arqueólogos examinan la tumba con el cráneo de un lobo
Arqueólogos examinan la tumba con el cráneo de un lobo

Hace casi dos mil años, en torno a mediados del siglo II d.C., dos individuos –probablemente colonos romanos–, fueron enterrados bajo un túmulo de tierra en lo que hoy es el pueblo de Cheia, en el sudeste de Rumanía. Uno de ellos, situado en la parte central del enterramiento, fue incinerado dentro de una estructura de madera con adornos de bronce. Al otro se le inhumó en uno de los extremos del enterramiento, y colocado dentro de un ataúd de madera.

Aunque el enclave era conocido por los arqueólogos desde 2008, no fue hasta 2022 cuando se realizó el hallazgo más importante. Gracias a la realización de estudios geofísicos en el lugar, los investigadores identificaron la existencia de un túmulo subterráneo de unos 75 m de diámetro que contenía las dos tumbas mencionadas. Sin embargo, al estudiarlas con más detenimiento, el equipo de estudiosos –compuesto por arqueólogos polacos y rumanos– descubrió con sorpresa que ellos no eran los primeros en acceder a la tumba.

Los arqueólogos no fueron los primeros en llegar a la tumba
Los arqueólogos no fueron los primeros en llegar a la tumba

En algún momento, unos ladrones de tumbas habían accedido al interior del túmulo y habían robado parte del ajuar del enterramiento principal, el situado en el centro de la estructura. Lo más llamativo, sin embargo, es que no sólo se llevaron un botín con ellos, sino que también dejaron algo a cambio: un cráneo de lobo. Este gesto, según los investigadores, podría ser parte de un ritual mágico que tenía como finalidad protegerse frente a las represalias de el espíritu del difunto o algún otro espíritu maligno.

«El cierre de la excavación que realizó el ladrón o ladrones es interesante y muy inusual. Alguien colocó allí unas piedras con un cráneo de lobo encima. Probablemente se trataba de un ritual mágico destinado a cerrar el espacio saqueado para impedir que el espíritu robado saliera y se vengara», explicó en una nota de prensa el doctor Bartłomiej Szymon Szmoniewski, del Instituto de Arqueología y Etnología de la Academia Polaca de Ciencias y director del equipo polaco que ha participado en la excavación.

Un cráneo de lobo hallado en Cheia, en el sudeste de Rumanía
Un cráneo de lobo hallado en Cheia, en el sudeste de Rumanía

Según los estudios realizados hasta la fecha, la tumba principal –la que fue saqueada–, se encontraba en el centro del túmulo funerario, y estaba compuesta por una fosa de incineración, donde el cadáver del difunto fue cremado. En ese punto se descubrieron restos de una estructura de madera sujeta con clavos y adornada con piezas de bronce. Del esqueleto apenas quedaban restos, debido a las altas temperaturas alcanzadas durante el ritual de incineración. Por desgracia, poco se puede saber sobre el resto del ajuar que acompañaba al difunto, pues desapareció a causa del ladrón de tumbas.

Además de estos restos también se descubrieron abundantes semillas de nuez quemadas, dentro de sus cáscaras, además de piñas de pino y otros materiales de origen vegetal. Todo ello parece haber formado parte de las ofrendas entregadas al difunto. «La presencia de semillas de nuez quemadas en el enterramiento presentado es una costumbre interesante conocida de las tumbas de cremación de la época romana temprana», explicó Szmoniewski. «Las nueces en el contexto sepulcral se interpretan como una especie de regalo sepulcral, un alimento especial para el alma», añadió el experto.

Los arqueólogos también descubrieron una segunda tumba que contenía una moneda: el pago a Caronte, el barquero del Hades

En el túmulo, a cierta distancia del enterramiento principal, los arqueólogos también descubrieron una segunda tumba, en este caso intacta, pues el individuo allí enterrado no fue incinerado, y tampoco fue víctima de los ladrones. Aquí encontraron un esqueleto colocado en el interior de una estructura de madera. El difunto todavía estaba acompañado de un recipiente de cristal conocido como unguentarium, que solía contener perfumes. A la altura de la mandíbula también se encontró una moneda romana –un assarius o as de bronce– acuñada entre el 125 y el 127 d.C. en tiempos del emperador Adriano, lo que ha servido para la datación de los restos. Esta moneda, según han explicado los arqueólogos, formaba parte de una costumbre ritual funeraria bien conocida, pues se colocaba en la boca de los difuntos como pago a Caronte, el barquero del Hades que debía transportar el alma del difunto al otro lado de la laguna Estigia.

Pero, ¿hay alguna pista sobre el ladrón o los ladrones de tumba que saquearon el enterramiento y dejaron la insólita protección mágica en forma de cráneo de lobo? Aunque no hay forma de saberlo con certeza, los investigadores creen que pudieron ser miembros de la tribu de los getae, un pueblo que ya estaba asentado en la región antes incluso de la llegada de los romanos.

Sobre el autor
Javier Garcia Blanco

Periodista y fotógrafo especializado en temas de arte, historia y viajes. Ha publicado sus trabajos en medios como El Mundo, GEO, Lonely Planet, Condé Nast Traveler Destinos, entre otros. Autor de varios libros, como Historia negra de los Papas, Ars Secreta o Héroes y villanos. Fue jefe de edición de Año/Cero, y actualmente dirige el magazine de viajes y cultura Wanderer.es

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Nº 398, Septiembre de 2023