Historia oculta
29/06/2022 (14:28 CET) Actualizado: 29/06/2022 (14:28 CET)

Ocultura: La diosa más sagrada

La figura de la Virgen de Lledó en Castellón guarda un pequeño secreto pagano que se ha fusionado con la talla cristiana

Javier Sierra autor web

Periodista y escritor

29/06/2022 (14:28 CET) Actualizado: 29/06/2022 (14:28 CET)
La diosa más sagrada
La diosa más sagrada

No sé cómo se me pudo haber pasado por alto algo así. Viví parte mi adolescencia en la costa del Azahar, en Castellón, entretenido en recoger toda pista, tradición o hecho extraño que pasara por aquellas tierras. Los coleccionaba en unos cuadernos de espiral escolares, con la peregrina idea de exponerlos en el programa de radio que por aquel tiempo nos habían dado a Agustín Prades y a mí en Radio Nueva de Vinaròs. Yo tenía solo 16 años y sus páginas pautadas fueron llenándose de todo tipo de «pistas»: unas pinturas rupestres en la Valltorta que parecían aviones, un rostro gigante sobre una montaña en Oropesa, algunas historias de ovnis vistos por pescadores en Benicarló… Repasándolas ahora, casi todas eran «asombros» fallidos, explicables. Pero no se me ocurrió entonces acercarme al santuario de la Virgen del Lledó, la patrona de Castellón.

Virgen de Lidón
Virgen de Lledó

Fue Pilar Escuder, concejala de turismo del Ayuntamiento y «guardiana de las llaves» de las ermitas de la ciudad –que son de propiedad municipal–, la que me habló hace unos días de su peculiar Virgen. «¿De veras no la has visto?», me interrogó desde sus grandes ojos negros. «¿Y no sabes qué esconde?».

La imagen de Lledó tiene una particularidad que la hace única: en su pecho albergaba una hornacina que guardaba una figurilla de alabastro que creían era la diosa Ishtar

Pilar, amabilísima, se ofreció a mostrármela. Era un día de perros. La lluvia había frustrado la conferencia que me había invitado a impartir en las playas del Grao, y decidimos aprovechar la adversidad para visitarla. Me contó que la imagen de Lledó tenía una particularidad que la hacía única: en su pecho albergaba una hornacina que guardaba una figurilla de alabastro, probablemente del sexto milenio antes de Cristo, que creían era la diosa Ishtar. La escuché incrédulo. Ishtar fue la divinidad babilónica del amor, la vida y la fertilidad. No me cuadraba que una «Venus» así fuera venerada en Castellón como patrona.

Diosa Ishtar
Diosa Ishtar

«¡Que sí, que sí!», insistió. Pilar me condujo a su santuario, una ermita que más parece una basílica que una capilla devocional. Y allí me contó que en 1366 cierto Pedro de Grañana fue quien encontró aquel tesoro al arar su sembrado. La figura era de alabastro, tenía siete centímetros de alto y carecía de signos visibles de feminidad. Era un ídolo tosco, en el que resultaba difícil adivinar si estaba vestido o desnudo, y tenía media cabeza partida, seguramente por culpa de los hierros de Grañana.

No dejaba de admirarme la naturalidad con la que un elemento tan antiguo se había fusionado con la fe cristiana

Gracias a su empeño, pude aproximarme a la imagen y fascinarme por sus hechuras. El ídolo, claramente prehistórico, había sido absorbido por el cristianismo con todo descaro. Rodeado de imágenes del siglo XVII en las que se lo ve representado dentro de una típica Virgen barroca, no dejaba de admirarme la naturalidad con la que un elemento tan antiguo se había fusionado con la fe cristiana. ¿Cómo había resistido algo así los envites del Concilio de Trento, que abogaba por eliminar toda imagen pagana? ¿Y cómo eludió el celo del Santo Oficio?

A mi regreso a casa, busqué mis viejos cuadernos castellonenses para anotar lo que debí haber incorporado décadas atrás. En ese proceso, descubrí una crónica del siglo XVI firmada por Martín de Viciana en la que, por primera vez, se daba cuenta de su hallazgo. O la de Juan Basilio de Castelví, gobernador de Mallorca en el XVII, que aseguraba que tras el descubrimiento de esa Ishtar, la imagen fue llevada tres veces a una parroquia de Castellón y otras tantas desapareció para volver al bancal en el que fue descubierta. «Aquellas noches», añade, «vieron muchas antorchas por el camino
sin ver quién las llevaba». Lo de que una «Virgen encontrada» no pueda apartarse de un pedazo de tierra, o que luces raras la acompañen, es algo que Jesús Callejo y yo ya estudiamos hace años para La España extraña. Pero lo que nunca había visto es un ídolo prehistórico cristianizado tan bien conservado como aquel. Y el mérito no es de otro que del pueblo que lo ha salvado, venerándolo. Solo hace falta que ahora la arqueología lo investigue a fondo, ubique el sembrado en el que se halló, lo excave, y nos diga qué diablos hacía una diosa babilónica en el Grao de Castellón. De momento, lo anoto como una «pista» más sobre lo viajeras que fueron las culturas mesopotámicas. Pura historia desconocida.

Sobre el autor
Javier Sierra autor web

Es periodista y escritor. Fue galardonado con el prestigioso Premio Planeta en el año 2017 por su novela El Fuego Invisible. Asimismo, sus novelas han sido traducidas a más de cuarenta idiomas y es el único escritor español en el Top Ten de la lista de los más vendidos de Estados Unidos, elaborada por The New York Times, gracias a La Cena Secreta. También es creador y director de la serie Otros Mundos para Movistar +

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