Lugares mágicos
25/03/2009 (14:32 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)

EL SEÑORIO SAGRADO DE MOLINA DE ARAGÓN

Juan Ignacio CuestaIr por los caminos del antiguo Señorío de Molina de los Caballeros, es encontrarse frecuentemente con los «pairones», seña de identidad de este territorio duro y áspero. Pero también nos indican que estamos en tierra sagrada, y que en la región que va desde el santuario de Jaraba al de la Virgen de la Hoz, vamos a encontrar toda clase de fenómenos sobrenaturales. No extraña en un mundo prácticamente desconocido y lleno de misterios que se ocultan en su agreste pero hermoso paisaje.

25/03/2009 (14:32 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)
EL SEÑORIO SAGRADO DE MOLINA DE ARAGÓN
EL SEÑORIO SAGRADO DE MOLINA DE ARAGÓN
Aunque en Molina los llamen pairones, más al norte los conocen como peirones o pilones. En cualquier caso, todos designan ciertos humilladeros y rollos, similares a los que encontramos en Castilla. En ellos, los caminantes rezan y depositan flores. En general, se trata de columnas con base, de unos tres metros, en cuya parte superior hay un capitel que puede adornarse con azulejos, o una o varias oquedades en las que se coloca una figura religiosa protegida con cristal, reja o malla. Encima suele haber una cruz, una esfera o ambas cosas.

Están relacionados con el señalamiento de una vía, una encrucijada o una propiedad. Pese a que su origen es pagano, son una cristianización de los viejos altarcillos de piedra que iban nutriéndose con las que arrojaban los viajeros como ofrenda al dios Mercurio, protector de caminos. La tradición popular los asocia también con los espíritus de sus difuntos, que se reunirían bajo su sombra. Así lo creían los romanos.

SERES DEL INFRAMUNDO
Nuestro primer destino es la Sima del Calmarza. Podemos ir desde Molina, Maranchón, Medinaceli, Monreal de Ariza o Teruel, pero el trayecto que nos interesa comienza en Jaraba (Zaragoza), población a la salida de las Hoces del Mesa, cuya entrada es la depresión que constituye el desfiladero que empieza en la sima. Esto nos permitirá conocer de paso algunos pueblos pintorescos, como Chaorna, con su fragua y su fuente musgosa, Judes o, si tenemos tiempo, el gran yacimiento paleontológico del Cerro Pelado en Layna. Las carreteras son estrechas y tortuosas, pero poco a poco nos irán conduciendo a nuestra meta a través de farallones vertiginosos, pasando por Villel de Mesa y Calmarza.

Excavado durante siglos por el río Mesa, el angosto cañón por donde discurren sus aguas, el santuario colgante de la Virgen de Jaraba adquiere dimensiones ciclópeas en algunos puntos, como en las llamadas Pared del Temple y Pared del Diablo, con casi 100 metros. Entre ambas, se esconde nuestro primer destino.

Es prácticamente imposible saber quién y por qué le puso el nombre al primer lugar mencionado, frecuentado hoy por escaladores, aunque podemos imaginar que la querencia de los templarios por este tipo de lugares de fuerte telurismo les llevó a tener allí alguna encomienda con molino hidráulico. Y es que hay que señalar que toda esta zona constituye un desafío para los hombres, que emplearon lo mejor de sí mismos en arrancar a la Tierra su vitalidad y energía. De ahí viene la fama que posee el pueblo de Jaraba, adquirida gracias a sus aguas termales, utilizadas actualmente por sus propiedades minero-medicinales en varios balnearios (La Virgen, Sicilia y Serón).

Conocidas sus virtudes por los celtas e íberos, atrajeron también a los romanos desde Bilbilis (Calatayud). Éstos, subyugados por su belleza y energía, las llamaron Aguas de las Ninfas, nombre que en la Edad Media se transformó en el Xaral, con sus aterradores vapores, que debieron atribuir a una chimenea que llegaba al mismo infierno. Quizá de ahí el nombre del puente que bajo la segunda «pared» también fue conocido como «del Diablo». Seguramente tuvo basamento romano y perteneció a la calzada que iba a Molina de Aragón, y luego a Toledo. No es de extrañar, pues, que en el siglo XII la zona se cristianizara tras la aparición «milagrosa» de su patrona, la Virgen de Jaraba, en busca de una protección sobrenatural contra los «entes del inframundo».
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