Montañas rusas que solo suben en las leyendas
Un recorrido por las montañas rusas que dejaron de funcionar pero que siguen en el imaginario popular por sus fantasmas, maldiciones y tragedias que transformaron la adrenalina en misterio
Las montañas rusas no solo son sinónimo de diversión y adrenalina: también están rodeadas de un sinfín de mitos y leyendas urbanas que, con el tiempo, se han vuelto casi tan famosas como las atracciones mismas. A continuación, repasamos algunas de las historias más inquietantes que se han contado sobre ellas en distintos lugares del mundo.
Nuestro recorrido comienza en la década de 1960, cuando Franz Mack creó el “Ratón Loco”, una montaña rusa cuyos vagones eran más anchos que las vías, lo que generaba la sensación de que se saldrían en cada curva cerrada. Era popular, pequeña y económica, por lo que se convirtió en una atracción habitual en muchos parques del mundo. También en la más plagada de leyendas urbanas.
Según el rumor, subir a ella era enfrentarse al peligro mortal de perder la cabeza por decapitación en las bajadas. En casi todos los parques que tenían un “Ratón Loco” se contaba la historia de una niña decapitada cuya muerte fue ocultada por la empresa y cuyo fantasma recorría desde entonces las vías del juego.

El origen de la leyenda se remonta a Nueva Orleans, en el parque que existió en la playa de Pontchartrain. Allí hubo un “Ratón Loco” de madera que sufrió dos accidentes: el primero, cuando dos niñas no se sentaron correctamente en el vagón y se golpearon la cabeza (sin consecuencias mortales); el segundo, cuando una mujer subió con su hijo de cuatro años, Troy Trahan, y este salió despedido desde siete metros de altura en una curva, cayendo de cabeza (un diario reportaría después que el niño se encontraba estable). Ambos sucesos fueron provocados más por la imprudencia de los pasajeros que por fallos de la atracción.
Ese segundo accidente sirvió de pretexto al parque para cerrar temporalmente la montaña con la excusa de repararla, pero la reparación nunca llegó. Con el paso de los años, y ya en los años 80, el abandono del lugar y la imaginación popular dieron forma a la leyenda urbana de la niña fantasma que recorría sus vías.

Pero si de leyendas urbanas se trata, el parque Takakonuma Greenland, en Japón, se lleva la palma. Operativo entre 1973 y 1999, su estado de abandono durante una década, en medio de un bosque cubierto de neblina, alimentó toda clase de historias. Desde el pacto diabólico de su fundador Makoto, que supuestamente ofreció a su hija al demonio Amanojaku, hasta misteriosos accidentes atribuidos a una maldición y la aparición de un fantasma infantil entre los juegos.
La historia más conocida ocurrió en El Dragón Blanco, la montaña rusa más alta y larga del parque, que rodeaba la colina y pasaba muy cerca del pequeño cementerio de Komatsu. Según la leyenda, un joven que había entrado con sus amigos comenzó a comportarse de forma extraña y, al llegar a la curva del cementerio, gritó: “¡Debo ir con ella!”, antes de arrojarse al vacío mientras la barra de seguridad se abría sola. El mito asegura que aquel suceso provocó el cierre definitivo del parque. Su abandono dio lugar a algunas de las fotografías más icónicas de los inicios de internet, hasta que en 2014 fue completamente desmantelado para instalar en su lugar un campo de paneles solares.

Disneylandia es otro paraíso de leyendas urbanas. En lo que respecta a montañas rusas, su mito más famoso gira en torno a la mítica Space Mountain. Se dice que dos visitantes que no se conocían comenzaron a conversar en la fila antes de subir. Uno de ellos era pelirrojo. Ambos entraron a la atracción, pero al terminar el recorrido, el pelirrojo había desaparecido. Al revisar las cámaras de seguridad, descubrieron que nunca había estado allí. La historia, conocida como la del Mr. One-Way, asegura que este espectro suele aparecerse a quienes suben solos al juego.

La madre de todas las leyendas urbanas relacionadas con montañas rusas no tiene que ver con ningún parque, sino con la música. En el minuto 2:32 de la canción funk de 1975 Love Rollercoaster, de los Ohio Players, se escucha un extraño grito de fondo. Algunos creen que pertenece a la modelo de la portada del disco, supuestamente asesinada en plena grabación tras reclamar por un accidente durante la sesión fotográfica. Una historia que parece sacada de un guion de cine, pero que sigue alimentando el mito.
¿Muertes y montañas rusas? Para cerrar, un dato real: en 2010, el artista e ingeniero lituano Julijonas Urbonas presentó el diseño conceptual de la Euthanasia Coaster, una montaña rusa concebida para acabar con la vida de sus pasajeros “de manera eufórica y elegante”. Según el proyecto, la caída de 500 metros y las siete inversiones verticales provocarían pérdida de visión, de conciencia y finalmente la muerte, al privar de oxígeno al cerebro. Un final idóneo —y macabro— para los amantes de las montañas rusas que prefieran eso… antes que perder la cabeza en el Ratón Loco.








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