Detectan los componentes básicos de la vida en 3I/ATLAS
La energía del Sol hizo que 3I/ATLAS liberara un cóctel de sustancias químicas que no han estado expuestas al espacio durante miles de millones de años
El cometa interestelar 3I/ATLAS estaría liberando un auténtico cóctel de compuestos químicos complejos que podrían encajar como piezas fundamentales en el rompecabezas del origen de la vida. No hablamos de simples hielos evaporándose al calor del Sol, sino de moléculas orgánicas que, según los datos preliminares, habrían permanecido intactas y protegidas durante miles de millones de años en el interior de este viajero estelar.
Lo confirman las observaciones más recientes del telescopio espacial SPHEREx de la NASA que ha captado a 3I/ATLAS en plena actividad química mientras se alejaba del Sol, un comportamiento que rompe con muchas normas establecidas para los cometas conocidos. Después de su perihelio —el punto más cercano al Sol ocurrido en octubre de 2025— el objeto no se aplacó, sino que mostró un dramático aumento de brillo y liberó agua, dióxido de carbono y una mezcla de moléculas orgánicas, incluyendo metano, metanol y cianuro. Estas moléculas son consideradas por muchos científicos como los ingredientes básicos para la química prebiótica, la fase que precede al surgimiento de vida.
El hecho de que estas sustancias se liberen tarde en su paso por nuestro sistema solar —y no solo durante el calentamiento al acercarse al Sol— sugiere que no estamos ante un simple “hielo solar deshaciéndose”, sino ante la exhalación de material que probablemente ha permanecido sellado durante miles de millones de años, protegido en las capas profundas del cometa. La progresión de la energía solar a través de su superficie habría activado gradualmente esos giros químicos ocultos, como si fuera un testigo silencioso de las condiciones de formación en otro sistema estelar.

Aquí entra en escena el astrofísico de Harvard, Avi Loeb, que ha comparado a 3I/ATLAS con un “jardinero cósmico”, un objeto capaz de sembrar por la galaxia los ingredientes necesarios para la vida. Su argumento no es que haya vida en el cometa, sino que este tipo de cuerpos podrían actuar como vectores de química prebiótica interestelar. Es decir, transportar las semillas moleculares que, bajo las condiciones adecuadas, podrían desencadenar procesos biológicos.
La idea no es nueva en astrobiología. La panspermia molecular —no necesariamente biológica— plantea que los componentes básicos de la vida podrían viajar encapsulados en cometas y meteoritos. Pero lo que convierte a 3I/ATLAS en un caso singular es su origen claramente interestelar. No procede de la nube de Oort ni del cinturón de Kuiper. Su trayectoria hiperbólica indica que viene de fuera y que, tras su paso fugaz, no volverá.
El debate público no se limita únicamente a lo que 3I/ATLAS “podría” contener, sino también a cómo interpretamos esos datos. Mientras que agencias como la NASA insisten en que los fenómenos observados se ajustan, en gran medida, a lo esperado de un cometa interestelar con composiciones exóticas, otros han extendido las especulaciones hasta teorías más radicales —como la idea de que el objeto pudiera no ser natural— pese a que no existe ninguna prueba verificable de estructuras artificiales o tecnología avanzada embebida en este viajero galáctico.

Además de los compuestos orgánicos, 3I/ATLAS ha ofrecido a los astrónomos otro tipo de pistas: mediciones espectroscópicas y polarimétricas sugieren variaciones en su composición y en su comportamiento lumínico que no son comunes entre los cometas más familiares, y que podrían reflejar diferencias fundamentales en la formación de cuerpos helados en otras estrellas. Tales discrepancias entre 3I/ATLAS y los cometas de nuestro vecindario solar no implican, por sí mismas, un origen “no natural”, pero sí abren un amplio abanico de preguntas sobre cómo la materia se organiza y evoluciona más allá de nuestro rincón de la Vía Láctea.
Conviene recordar qué es exactamente 3I/ATLAS. Su designación indica que es el tercer objeto interestelar confirmado (3I) y fue detectado por el sistema de vigilancia ATLAS. Su órbita no está ligada gravitacionalmente al Sol. Es un fragmento errante expulsado hace eones de su estrella natal. Un superviviente del caos primigenio de otro sistema planetario.
Y ahora la cuestión de fondo: si estos cuerpos liberan moléculas orgánicas complejas al atravesar sistemas estelares, ¿cuántas veces pudo ocurrir esto en la historia de la galaxia? ¿Estamos ante un simple fenómeno químico o ante una pieza clave en la verdad oficial sobre el origen de la vida que aún no terminamos de comprender?








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