Ovnis y vida extraterrestre
24/11/2010 (09:08 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)

Rendlesham: el retorno de un clásico

La próxima Navidad se cumplirán 30 años de uno de los encuentros OVNI más documentados de la historia de la ufología. Uno de los testigos lo devuelve hoy a la actualidad.

24/11/2010 (09:08 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)
Tal vez por la proximidad de esa efeméride, por la falta de claridad en el expediente liberado hace poco por las autoridades británicas o quién sabe si por la convicción de que jamás fue explicado y se ocultó información, uno de sus protagonistas, el oficial Charles Hart, ha vuelto a la carga. Lo hacía el mes de septiembre en las páginas del Daily Mail, donde además de insistir en que el extraño OVNI en forma de ojo pulsante se dividió en cinco ante la atónita mirada de los testigos, "estaba bajo control, inteligente", defendió la teoría de "que era de otra dimensión o extraterrestre"
Aunque inglesas, las bases de Bentwaters y Woodbridge, enclaves de alta seguridad a poca distancia de Ipswich, cerca de la costa de Suffolk, estuvieron bajo mando de la OTAN y ocupadas por la US Air Force. El calibre de unos hechos que ocurren en la Guerra Fría, la existencia de testigos civiles, los registros de radar y radioactividad, la intervención de la policía inglesa y la implicación de militares fuera de su territorio nacional, son ingredientes que justifican que sea considerado el caso más importante de la ufología británica.

Todo arrancó a las 3 de la mañana del 26 de diciembre, cuando el guardia de seguridad John Burroughs y el sargento Steffens contemplan unas luces en el bosque de Rendlesham. Sospechando que podría tratarse de un avión en apuros, pasan aviso al Centro de Seguridad Central de la base, desde donde parten a su encuentro el sargento Jim Penniston y el guardia Edward Cabansag, que se convertirán también en testigos de las luces. Serán Burroughs y Penniston quienes se internen en el bosque y se encuentren cara a cara con un objeto cónico, casi piramidal, que parece flotar a escasos centímetros del suelo, aunque por momentos da la impresión de sostenerse sobre tres finas patas o soportes. El objeto, de 3 m de altura por 3 de base, parecía de cristal, emitiendo luces de diversos colores y mostrando en un lateral unos símbolos negros indescifrables, al tiempo que el entorno parecía cargado de electricidad, generando una sensación de espesura ambiental que parecía ralentizar diferente cuando estábamos en campo abierto", concluiría Burroughs. De repente, el festival de luces aumentó y el objeto se elevó, desapareciendo. Según Penniston, el OVNI despegó "sin hacer ruido, lo que denota su alta tecnología, y maniobrar sobre la línea de árboles, sobrevolarlos momentáneamente y entonces salir disparado a una velocidad increíble". Al amanecer se descubrirían tres marcas equidistantes en el suelo helado, que parecían haber sido dejadas por el objeto. Pero, pese a que el caso era la comidilla de las bases, los fenómenos no habían hecho más que comenzar y dos noches después, las luces volvieron a ser vistas.

El coronel Charles Halt se haría cargo del asunto, desplazándose a la zona junto a los sargentos Nevells y Robert Ball y el teniente Bruce Englund. Todos serían testigos de un festival de luces que llevarían a Halt a redactar un memorándum el 13 de enero de 1981, un documento revelador para el Ministerio de Defensa de EEUU que pasaría a la historia al ser liberado años más tarde. En la zona la patrulla de Hall detectaría niveles de partículas beta/gamma diez veces superior a lo normal, registrando a tiempo real en cinta magnetofónica lo que estaban viviendo. "Estamos viendo la cosa, probablemente a una distancia de 200 o 300 yardas. Se parece a un ojo parpadeante. Se mueve de lado a lado, y cuando la enfoco con el aparato de visión nocturna, tiene un centro hueco, oscuro. Es como la pupila de un ojo, y el resplandor es tan brillante que casi quema el ojo". Los radares verificaron señales que superaban las prestaciones de los mejores aviones de la RAF y la USAF, y la mayoría de los testigos terminarían ubicados en nuevos destinos. Las indagaciones entre los gobiernos implicados no han permitido dar una explicación, aunque desde las filas escépticas se han planteado hipótesis para dar sentido a fenómenos que no parecen tenerlo, fundamentadas en la confusión de los testigos con faros, luces de coches, la reentrada del satélite ruso Cosmos 749… Otras propuestas apuntan al improbable accidente de algún prototipo, e incluso a un experimento para estudiar las reacciones de los militares. Siguen siendo un misterio.
(Puede seguir el resto de la sección en ENIGMAS Nº 180).

José Gregorio González
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