Parapsicología
12/05/2025 (08:00 CET) Actualizado: 12/05/2025 (08:00 CET)

La casa embrujada de Atenas

La carta sobre los fantasmas de Plinio el Joven documenta el primer fantasma en la historia occidental

Mario Yaír TS
12/05/2025 (08:00 CET) Actualizado: 12/05/2025 (08:00 CET)
La fascinante historia del primer fantasma documentado en la Grecia clásica
La fascinante historia del primer fantasma documentado en la Grecia clásica

Es el siglo I en la antigua Atenas. El filósofo Atenodoro había llegado a la ciudad para quedarse, así que se puso en búsqueda de una casa adecuada. En aquella búsqueda, Atenodoro se enteró de un inmueble “espacioso y profundo, pero tristemente célebre e insalubre”, al frente un cartel anunciaba su venta y el precio era sospechosamente bajo. Así que decidió investigar y fue como se enteró por los rumores de los vecinos que aquella era una casa maldita.

Plinio el joven, abogado romano de renombre, era también un curioso de los fenómenos científicos, tal y como se lo había inculcado su tío (y padre adoptivo) Plinio el viejo. Entre su lista de amigos, se encontraba Lucio Licinio Sura, un político destacado que muchos consideraban erudito por su curiosidad científica. Por eso, Plinio le había escrito para solicitar su opinión sobre una enorme incertidumbre que lo había asechado en días recientes… Una noche, uno de sus esclavos había sido rapado de la mollera por un espectro; (acabando con un mal que le aguardaba a Plinio, de acuerdo con la superstición romana). ¿Existen los fantasmas? Se preguntaba Plinio en la misiva, mientras detallaba la historia de una casa embrujada en Atenas.

Cualquier persona que habitara la casa, tarde o temprano se encontraría con el espectro

Todos en Atenas, se lo advirtieron a Atenodoro. Cualquier persona que habitara la casa, tarde o temprano se encontraría con el espectro. Un ser que iniciaba su penar al frente de la casa. Quienes lo veían, palidecían y ya no podían conciliar más el sueño. Plinio dice: “Si bien la imagen había desaparecido, quedaba su memoria impresa en los ojos”. Las víctimas sufrían un insomnio insoportable que llevaba rápidamente a la muerte de los inquilinos. Por eso la casa estaba eternamente vacía y en venta para los incautos. Atenodoro ignoró las advertencias y compró la casa. Solicitó tablillas para trabajar al frente de la casa en sus escritos y entonces llegó la noche…

Plinio el joven
Plinio el joven

De Plinio, nos quedan sus 247 cartas. No eran privadas como las conocemos hoy en día, sino que, en la antigua Roma, muchas veces se escribía con la finalidad de divulgarse y publicarse. Las cartas romanas nos han llevado a entender la vida en la antigüedad y las de Plinio tratan temas tan variados que son la fuente principal para entender los primeros años de la era moderna.             

De entre todas ellas, la más fascinante para los curiosos es la carta 27 del libro VII: donde cuenta las historias de fantasmas que había escuchado.

“Tan solo se percibe el silencio de la noche, pero después la sacudida de un hierro y el movimiento de unas cadenas” Entre lo cómico y lo terrorífico, Atenodoro no dejó de lado su escritura, ni siquiera cuando el fantasma estaba enfrente de él haciendo ruido con sus cadenas. Harto del molesto fantasma, finalmente Atenodoro volteó la vista y era tal cual y como otros lo habían descrito. Un anciano esquelético, de larga barba, con grilletes en pies y manos. La aparición le hizo señas para ser acompañado y Atenodoro dejó sus tablillas siguiendo al penoso ser. Al llegar al patio de la casa, el fantasma lo miró por última vez y se desvaneció. En ese instante Atenodoro recogió varias hojas y las colocó en el sitio donde el espectro desapareció.

El filósofo estoico Athenodorus frente al fantasma
El filósofo estoico Athenodorus frente al fantasma

“¿Crees que los fantasmas existen y tienen forma propia?” pregunta Plinio a Sura “¿o son sombras vacías e irreales que toman por efecto nuestro propio miedo?” Si Sura respondió, no nos quedó el recuerdo de su respuesta. El enigma de la existencia de los fantasmas lleva más de dos mil años en el viento. Y mientras se sigue indagando sobre la veracidad de pruebas en vídeos, fotografías y objetos, lo más suculento de este misterio son quizá las historias.

Plinio concluye la anécdota de Atenas: “Al día siguiente [Atenodoro] acude a los magistrados y les aconseja que ordenen cavar en aquel sitio. Se encuentran huesos insertos en cadenas y enredados, que el cuerpo, putrefacto por efecto del tiempo y de la tierra, había dejado desnudos y descarnados junto a sus grilletes. Reunidos los huesos se entierran a costa del erario. Después de esto la casa quedó al fin liberada del fantasma.”

Sobre el autor
Mario Yaír TS

Titulado en Comunicación Audiovisual por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha colaborado con Time Out México, Warp y Atlas Obscura. Es autor de la Guía Ciudad de México Insólita y Secreta de Editorial Jonglez. Es impulsor del proyecto digital Mapa del Muralismo Mexicano. Actualmente se dedica a la divulgación de la cultura y la recuperación de la memoria histórica por medio de la escritura y la fotografía. Lleva a cabo un proyecto de visitas guiadas por la Ciudad de México conocido como Tours Papiro. En su tiempo libre se dedica al arte y a la creación de obras relacionadas a los temas histórico sobrenatural.

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