Una 'máquina' dentro de la Pirámide
Un nuevo estudio reescribe el modo en que se levantó la Gran Pirámide sugiriendo el empleo de rampas internas y protopoleas
La arqueología académica ha sostenido que la Gran Pirámide fue erigida a base de fuerza bruta y rampas interminables. Sin embargo, cualquiera que haya visitado la meseta de Giza, en Egipto, no ve claro cómo pudieron elevar más de dos millones de bloques de piedra —algunos de 60 toneladas— sin dejar ni rastro de esas rampas monumentales. Ahora, un estudio revolucionario propone una solución que desafía el consenso: la pirámide no fue construida sobre el terreno, sino que fue diseñada para funcionar como una máquina gigante integrada. Me explicaré.
El nuevo estudio, firmado por Simon Andreas Scheuring y publicado en la revista científica npj Heritage Science, propone un enfoque radicalmente distinto: que la pirámide no fue erigida con rampas externas monumentales, sino mediante un sistema interno de poleas y contrapesos que aprovechaba los pasadizos arquitectónicos de la propia construcción como parte de una máquina gigante integrada.
La idea, atractiva en su simplicidad, sugiere que −lejos de ser corredores simbólicos o espacios ceremoniales− la Gran Galería, el Pasaje Ascendente y la Antecámara fueron diseñados para servir como rampas inclinadas y cámaras de poleas que permitían que contrapesos bajaran por gravedad, tirando de otros bloques hacia arriba mediante poleas rudimentarias. Según esta visión, los trabajadores egipcios habrían izado cada bloque desde dentro de la estructura, reduciendo la necesidad de enormes rampas externas, cuya ausencia en el registro arqueológico siempre ha sido una de las principales objeciones al modelo clásico de construcción.

El estudio combina observaciones físicas de las superficies, ranuras y marcas de desgaste en los corredores con cálculos mecánicos que describen cómo un contrapeso descendente podía generar suficiente fuerza para elevar otro bloque. La misma geometría de las cámaras —ligeras variaciones en el grosor de las hiladas, la concavidad de las caras periféricas y el surco central observado en la pirámide— se interpreta como vestigio de ese proceso interno de izado, y no como un mero accidente de la construcción.
Hasta aquí, la propuesta de Scheuring tiene un indudable atractivo para quienes buscan soluciones plausibles sin recurrir a extravagancias. Sin embargo, el trabajo plantea al menos un punto de fricción importante con el consenso académico dominante.

La teoría asume la existencia de sistemas de poleas complejos que, según la mayoría de los especialistas en historia de la tecnología, no estaban disponibles en el Egipto de la IV Dinastía. Las poleas, tal como se conocen, son generalmente aceptadas como una invención mucho más tardía en la historia de la ingeniería, aparece y se desarrolla en culturas distintas siglos después del reinado del faraón Keops.
Y es aquí donde adquiere relevancia el hallazgo de egiptólogo Selim Hassan (1886-1961) quien realizó excavaciones en las necrópolis de Giza y Saqqara. Halló unas misteriosas herramientas de basalto, de 24 por 18 cm., que creyó formaron parte de algún artilugio más grande. Tal vez las máquinas descritas por Heródoto para mover los bloques de piedra caliza de su lugar en las canteras. El basalto podría soportar grandes tensiones y presiones. Hassan creyó que los surcos de la parte superior podrían servir para deslizar cuerdas. ¿Pudieron ser protopoleas?

En segundo lugar, hay que considerar que las marcas y ranuras dentro de la Gran Galería podrían ser compatibles con un uso mecánico. Aunque el registro arqueológico no incluye evidencias directas de poleas o ejes mecánicos que hayan sido recuperados del sitio o descritos en textos contemporáneos -un vacío que sigue siendo difícil de obviar- el arquitecto Jean-Pierre Houdin cree que pudieron ser utilizados para que un "carro" pudiera deslizarse como contrapeso. Testimonio de ese esfuerzo, quedaría el desgaste del escalón que da acceso a la antecámara como muestra la fotografía obtenida por los hermanos Edgar a principios del siglo XX.

No obstante, la reconstrucción teórica depende en gran medida de la interpretación de espacios internos cuya función sigue siendo debatida incluso entre arqueólogos. El hecho de que corredores y cámaras no tengan una explicación consensuada no implica automáticamente que fueran parte de un sistema mecánico: también podría indicar que nuestro entendimiento de la organización del trabajo, logística y cultura técnica egipcia todavía es incompleto.
No obstante, la propuesta de Scheuring coincide con la aparición de técnicas modernas como la tomografía muónica, que ha revelado vacíos inesperados en el interior de la pirámide y ha obligado a la comunidad científica a repensar viejas suposiciones sobre su estructura interna.
La Gran Pirámide, después de más de 4 500 años, sigue siendo un desafío no resuelto: mientras más la estudiamos, más preguntas emergen bajo su imponente sombra.








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