Ciencia
27/11/2023 (08:00 CET) Actualizado: 27/11/2023 (08:00 CET)

La ciencia investiga una sirena disecada

Científicos emplean Rayos X y tomografías para averiguar qué es el misterioso espécimen expuesto en La Sociedad Histórica del Condado de Clark

Juanjo autor web
27/11/2023 (08:00 CET) Actualizado: 27/11/2023 (08:00 CET)
Análisis de la misteriosa 'sirena'
Análisis de la misteriosa 'sirena'

En el año 1906, L. C. Bishop, un marinero de la Armada, regresó a Ohio portando una extraña criatura. Había estado en Japón y aseguraba que había adquirido, nada menos, que una auténtica sirena. Sin embargo, la apariencia de aquel ser distaba mucho de la belleza y candidez con que acostumbramos a verlas en las películas de Disney. La «sirena de Ohio», como enseguida fue bautizada, mostraba un aspecto horripilante, con garras en vez de manos y una mueca estremecedora dominando su rostro. 

Ahora, la Universidad de Kentucky del Norte se ha propuesto averiguar la naturaleza real de este animal. Una indagación que ha entusiasmado a Natalie Fritz, archivera de la Sociedad Histórica del Condado de Clark en el Heritage Center, institución donde originalmente fue depositado el espécimen. El cuerpo ha sido sometido a una serie de pruebas que se espera sirvan para despejar todas las incógnitas. En concreto, recibió varias sesiones de rayos X y tomografías computerizadas, lo que ha arrojado un primer diagnóstico forense: estamos ante una suerte de Frankenstein compuesto por al menos tres especies diferentes de animales. Muy probablemente, un avezado taxidermista armó la sirena uniendo partes de un mono, un pez y un reptil.

Una imagen de la presunta sirena
Una imagen de la presunta sirena

«Parece ser una combinación de al menos tres especies diferentes –manifestó al periódico Daily Mail, Joseph Cress, uno de los radiólogos encargados de la investigación–. Tiene la cabeza y el torso de un simio, las manos parecen las de un anfibio, casi como un caimán, un cocodrilo o algún tipo de lagarto. Y luego está la cola de un pez, especie pendiente de identificación. Es obvio que está modelado, casi hecho a lo Frankenstein, así que quiero saber qué partes se juntaron». Y más específicamente, su curiosidad llega hasta el punto de preguntarse si «¿continúan esas fosas nasales hasta lo que creemos que es una cavidad nasal legítima, y a qué profundidad llegan? ¿Se puede ver la cavidad del oído continuando hasta donde luego se conectaría con el cerebro?».

OBRA DE ARTE

Con respecto a la manera en que fueron integradas las diferentes piezas, el diario Springfield News-Sun adelantó que los escáneres pudieron detectar varias varillas de madera, metal para fijar las garras, relleno de algodón para dar volumen al cuerpo y una suerte de papel maché como recubrimiento general de toda la criatura. La siguiente etapa de la investigación trascurrirá en el zoo de Cincinnati y el acuario de Newport. Allí se remitirán todas las imágenes recopiladas y datos para que su personal especializado trate de establecer con exactitud las especies empleadas en la composición de este ser.

No obstante, al margen del fraude en sí y la manera en que fue elaborado, otra de las grandes preguntas pendientes de respuesta es el motivo de la fabricación. La archivera Fritz sitúa el caso de Ohio en el contexto de las célebres sirenas de Fiji, animales que formaron parte de colecciones particulares de curiosidades y fueron exhibidas como atracciones en ferias a finales del siglo XIX, cuando creció el ocio de entretenimiento popular hacia lo exótico. 

La cuestionada figura de la Sirena de Fiji
La cuestionada figura de la Sirena de Fiji

EL ESPÉCIMEN DE FIJI

Así, en 1822, el capitán estadounidense Samuel Barrett Edes protagonizó un episodio que marcó un hito en la historia de las exhibiciones curiosas y el mundo del espectáculo. Edes adquirió la «sirena de Barnum» a un grupo de marineros japoneses por la no despreciable suma de 6.000 dólares. Tomó directamente prestado para la compra el capital de la cuenta de gastos de su propio buque, pensando que, una vez en Londres, recuperaría el desembolso y mucho más. Tras el fallecimiento del capitán Edes, su hijo asumió la responsabilidad de la «sirena», y en 1842 la vendió a Moses Kimball, propietario del Boston Museum, institución conocida por exponer curiosidades y animales disecados. Kimball, decidido ampliar su negocio, viajó a Nueva York y allí se encontró con el legendario showman P. T. Barnum.

La astucia de Barnum hizo el resto. Kimball mantuvo la propiedad de la criatura, mientras que Barnum la alquiló por la modesta suma de 12,50 dólares a la semana. Con la sirena en su poder, desplegó una campaña publicitaria ingeniosa que consistió en cartas enviadas bajo pseudónimo a periódicos de Nueva York, Alabama, Carolina del Sur y Washington D. C. 

La momia de la sirena japonesa
La momia de la sirena japonesa

NEGOCIO REDONDO 

En dichas epístolas se aseguraba que un tal Dr. J. Griffin supuestamente había capturado a la sirena durante una expedición en Sudamérica. El Dr. J. Griffin era en realidad Levi Lyman, un complice de P. T. Barnum que se registró en un hotel de Filadelfia, ganándose la amistad de su anfitrión. Como agradecimiento, Griffin exhibió la sirena, lo que desató la fascinación de los editores locales y posteriormente el interés general del público. 

A partir de este primer éxito local, Barnum trasladó la sirena de Fiji a Nueva York, distribuyó 10.000 folletos ilustrados sobre sirenas y, por supuesto, una ilustración de su espécimen en particular. La expectación suscitada atrajo en masa a los curiosos hasta el Museo Americano de Historia Natural donde Barnum depositó a la criatura marina para su contemplación.

Sobre el autor
Juanjo autor web

Colaborador habitual de la revista Año/Cero y los programas La Rosa de los Vientos y El Dragón Invisible, entre otros. Actualmente, forma parte del podcast Falsa Bandera.

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