Noche de terror en un internado de Sevilla
Varios menores heridos tras un intento desesperado de huida al practicar una ouija en un internado de Sevilla
En la primavera de 1982, entre los meses de mayo y junio, un grave incidente alteró la rutina del Hogar San Fernando, un colegio interno ubicado en Sevilla. Nada invitaba a pensar que aquella noche aparentemente normal terminaría convirtiéndose en una escena de pánico que dejó varios menores aterrados y una historia que, con el paso de los años, ha permanecido inédita, desconocida, fuera del entorno de quienes la vivieron.
El relato ha llegado hasta hoy a través del testimonio indirecto de personas vinculadas a antiguos alumnos del centro y del investigador Copérnico García. Según esa versión del testigo –de la que se posee declaración-, el suceso ocurrió durante la noche, cuando un grupo de chicos se encontraban charlando en una de las habitaciones del internado haciendo una ouija. En un momento determinado, uno de ellos comenzó a mostrar un comportamiento extraño. “Se quedó pálido, con la mirada perdida y aparentemente desconectado” de la situación que compartía con sus compañeros.
Conforme con los testimonios, el menor abandonó la habitación en ese estado y se dirigió hacia otra habitación en la que se guardaban enseres de diferente tipo. Allí tomó un objeto punzante, descrito como “un pincho” o herramienta fabricada de forma rudimentaria, y regresó al pasillo en la que se encontraban los dormitorios. A partir de ese instante, la situación se volvió crítica.
Terror en el Hogar de San Fernando
Siempre según la narración transmitida por antiguos internos, dos de los implicados, el joven comenzó a golpear puertas a lo largo del pasillo mientras profería amenazas de muerte. Algunos testigos sostienen que lo hacía con una voz distinta a la suya, más gutural, un detalle que incrementó el desconcierto y el miedo entre los compañeros. Los golpes del objeto punzante contra las puertas resonaron en la zona de dormitorios, generando una escena de tensión extrema entre los jóvenes.
En la habitación donde se habían refugiado varios menores, la reacción fue inmediata. Temiendo que lograra acceder, los chicos bloquearon la puerta con camas y muebles, intentando ganar tiempo. Según el relato, el agresor llegó a clavar el pincho en la propia puerta, lo que potenció enormemente la percepción de peligro que tenía aquel grupo.

Ante la posibilidad de que la resistencia no fuese suficiente, los menores tomaron una decisión desesperada como era la de abrir una de las ventanas para escapar por el exterior. Pero bajo esa ventana no había un patio despejado, sino una cubierta de cristal que protegía un espacio interior del edificio.
Los jóvenes se lanzaron sobre esa superficie acristalada con la intención de alejarse del presunto agresor. El peso conjunto provocó la rotura del cristal, y todos cayeron al patio inferior entre fragmentos cortantes. El resultado fue una cadena de lesiones de diversa gravedad.
Uno de los chicos sufrió un corte en la pierna; otro, heridas similares en una extremidad. Un tercero, según la versión transmitida, en un brazo, lesión que dejó secuelas. También se menciona un impacto en la cabeza por parte de otro de los menores durante la caída. En conjunto, todos los que saltaron resultaron heridos de diferente consideración.
El joven fue poco a poco saliendo de aquel cuadro “de histeria” hasta quedarse más relajada y también ser reducido por el personal del colegio.

La huella en la prensa
Según personas cercanas a uno de los antiguos alumnos implicados, el caso habría sido recogido en la crónica de sucesos por El Correo de Andalucía en esas mismas fechas, aunque, buceando en su hemeroteca no he podido localizar ningún artículo si bien es cierto que por distintas visicitudes falta mucha información o se ha perdido. No obstante disponemos de la declaración en audio como referencia al incidente.
Buscando más testigos que recordaran el incidente encontré a Francisco García que me indicó al respecto: “Algo pasó con un chico al que se le fue la cabeza en aquella noche, el párroco me dijo que había sido obra del demonio pero que ya estaba bien” en referencia a una posible posesión.
Los fenómenos no acaban ahí y, en la actualidad, también se habla –entre el personal del edificio- de hechos desconcertantes en su interior, luces que se encienden o se apagan, sentir la presencia de “algo” cerca, bajadas de temperatura muy fuertes, puertas que se abren solas o “voces del nadie” en el patio o en los salones.
Cuatro décadas después, el episodio permanece en el recuerdo de quienes lo vivieron o conocieron de cerca. Más allá de las interpretaciones sobre el comportamiento del menor lo cierto es que fue un incidente silenciado –pese a la publicación en el diario- del que poco o nada se sabe pero que hay testimonios de una noche de terror en el Hogar de San Fernando de Sevilla. Seguimos investigando.








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