Ciencia
24/10/2022 (13:56 CET) Actualizado: 24/10/2022 (14:01 CET)

¿Puede un asteroide acabar con la vida en la Tierra?

Aunque la probabilidad de que un gran asteroide impacte contra nuestro planeta con consecuencias catastróficas es remota conviene tenerla en cuenta y estar preparados

Javier Garcia Blanco

Periodista y fotógrafo

24/10/2022 (13:56 CET) Actualizado: 24/10/2022 (14:01 CET)
Puede un asteroide acabar con la vida en la Tierra
Puede un asteroide acabar con la vida en la Tierra

La posibilidad de que un asteroide o un cometa pueda impactar contra nuestro planeta provocando un desastre global es tan real que, en 1998, Estados Unidos, la Unión Europea y otros países pusieron en marcha el programa 'Spaceguard' (bautizado así en honor al sistema de alerta temprana imaginado por Arthur C. Clarke en una de sus novelas), una iniciativa destinada a detectar y vigilar objetos astronómicos cercanos a la Tierra y potencialmente peligrosos.

En el remoto pasado, colisiones de objetos astronómicos de este tipo han jugado un importante papel en el desarrollo geológico y biológico de la Tierra. Hoy sabemos, por ejemplo, que hace unos 65 millones de años se produjo una extinción masiva –desaparecieron más de la mitad de las especies, entre ellas los dinosaurios– causada, muy probablemente, por el impacto de una roca de origen extraterrestre de unos 10 kilómetros de diámetro –el llamado Impacto K/T–, en lo que actualmente es la península del Yucatán (México).

Por estadística deberíamos haber recibido la 'visita' de uno de estos temibles objetos hace ya algún tiempo

Los científicos calculan que, aproximadamente una vez cada 100.000 años, un objeto de unos 800 metros de diámetro impacta en nuestro planeta, mientras que cuerpos más grandes, de más de 6 kilómetros de diámetro –con potencial de causar extinciones masivas– caen en la superficie terrestre una vez cada 100 millones de años. Muchos especialistas consideran que, teniendo en cuenta estos datos, por estadística deberíamos haber recibido la 'visita' de uno de estos temibles objetos hace ya algún tiempo. De modo que sí, hay motivos para mirar al cielo con preocupación.

La caída de un asteroide de tan sólo 20 metros de diámetro sería capaz de provocar importantes daños a nivel local. Hasta los 150 metros, la mayoría de los objetos que penetraran en nuestra atmósfera se verían reducidos en gran medida, pero aún así podrían causar serios problemas. En 1908, la región siberiana de Tunguska sufrió las consecuencias de la caída de un objeto de unos 90 metros de diámetro que estalló en el aire, arrasando una región de bosque y tundra de unos 5.000 kilómetros cuadrados. Si un hipotético asteroide de 200 metros impactara en el océano, generaría supertsunamis que inundarían las ciudades costeras de varios continentes; si cayera en tierra firme, el impacto elevaría a la atmósfera grandes cantidades de polvo –además de liberar energía equivalente a varios miles de bombas nucleares–, impidiendo la entrada de luz solar, lo que causaría la muerte de multitud de especies. Según científicos como Duncan Steel, experto en asteroides y cometas de la Universidad de Stanford (EE UU), impactos como este suelen producirse una vez cada varios miles de años.

Árboles calcinados y derribados en el típico patrón circular de los bólidos de alta energía
Árboles calcinados y derribados en Tunguska en el típico patrón circular de los bólidos de alta energía

El último aviso 'serio' se produjo el 15 de febrero de 2013, cuando un meteoroide de unos 20 metros de diámetro –bautizado como bólido de Cheliábinsk– entró en la atmósfera a la altura de la región rusa de los Urales. El objeto explotó a varios kilómetros de altura y liberó una energía de unos 500 kilotones, 30 veces superior a la bomba de Hiroshima. La NASA calculó que debía pesar 10.000 toneladas, y 'sólo' llegaron al suelo unos 6.000 kg de meteoritos, repartidos en varios fragmentos (el mayor pesaba 650 kg). Aunque nadie murió, más de 1.500 personas sufrieron heridas de diversa consideración (en su mayoría debido a la onda expansiva, que causó rotura de cristales y caídas) y aproximadamente un centenar tuvieron que ser hospitalizadas. Los daños materiales fueron cuantiosos. El entonces primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, declaró a la prensa que aquel suceso era una "prueba de la vulnerabilidad del planeta", por lo que debíamos prepararnos frente a posibles "sucesos futuros".

CUANDO EL PELIGRO LLEGA DEL CIELO

Según los cálculos de los científicos, hay aproximadamente un millón de asteroides conocidos en nuestro sistema solar, pero la gran mayoría de ellos no suponen peligro alguno, pues la trayectoria de sus órbitas está muy lejos de nuestro planeta y por tanto no son una amenaza. Otros objetos astronómicos, sin embargo, sí llegan a aproximarse mucho más.

En el caso de que los científicos detectaran un asteroide o cometa que supusiera una amenaza seria, los investigadores han planteado varias posibles soluciones para mantenernos a salvo

Hasta la fecha, los investigadores han catalogado un buen número de NEOs (Objetos Cercanos a la Tierra, por sus siglas en inglés): más de 25.000 asteroides y algo más de un centenar de cometas de periodo corto (con un periodo orbital de menos de 200 años). Si dichos objetos tienen un diámetro mayor a los 140 metros y su órbita se cruza demasiado con nuestro planeta, los expertos los catalogan como PHOs (en inglés, Objetos Potencialmente Peligrosos). Según los especialistas, la inmensa mayoría de estos PHOs –el 98%– no suponen una amenaza de impacto en los próximos 100 años. El 2% restante, 32 objetos, están incluidos en la Tabla de riesgo de impacto Sentry, que monitoriza con cuidado sus órbitas para determinar si en algún momento podrían convertirse en un peligro real.

asteroide
 

En el caso de que los científicos de Spaceguard detectaran un asteroide o cometa que supusiera una amenaza seria, los investigadores han planteado varias posibles soluciones para mantenernos a salvo. Tanto la NASA como la ESA (Agencia Espacial Europea) cuentan con grupos dedicados a proponer soluciones a semejante problema. Una posibilidad podría ser el uso de 'fuerza bruta', como el lanzamiento de cabezas nucleares que lograsen desviar su trayectoria, aunque fuese mínimamente; dependiendo de la composición del asteroide o cometa, otra idea pasa por utilizar espejos gigantes que, con ayuda de la luz solar, 'fundiesen' parte del objeto, minimizando la amenaza. Una idea similar consistiría en pintar su superficie con alguna sustancia reflectante o absorbente, de forma que el asteroide se calentase o enfriara, alterando así su trayectoria. Por su parte, Piet Hut, un científico de la Universidad de Princeton, ha propuesto el uso de un robot remolcador dotado de un motor iónico que, enganchado al asteroide, sería capaz de desviar lo suficiente la órbita de la amenazante roca extraterrestre.

Sobre el autor
Javier Garcia Blanco

Periodista y fotógrafo especializado en temas de arte, historia y viajes. Ha publicado sus trabajos en medios como El Mundo, GEO, Lonely Planet, Condé Nast Traveler Destinos, entre otros. Autor de varios libros, como Historia negra de los Papas, Ars Secreta o Héroes y villanos. Fue jefe de edición de Año/Cero, y actualmente dirige el magazine de viajes y cultura Wanderer.es

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