Civilizaciones perdidas

El diluvio, un mito real

Hoy sabemos que el relato del Diluvio Universal es el mito más extendido entre los pueblos que habitan la Tierra. Referencias a una pretérita inundación que acabó con la humanidad anterior y fue origen de la actual, se encuentran en el folklore de más de 500 culturas en los cinco continentes. Aunque para explicar tales hechos la antropología nos habla de «mitos de refundación» (ver recuadro), es evidente que la elección mayoritaria de la forma en que la humanidad anterior sucumbe y nace la nueva (lluvias incesantes) hace que muchos se planteen que tras estas historias debe haber algo más.

1 de junio de 2007 (00:00 CET)

El diluvio, un mito real
El diluvio, un mito real
Quizás todas ellas respondan a un hecho real, acontecido en algún momento del pasado remoto. El problema es que no se han aportado buenos argumentos que expliquen el misterio. Hasta el siglo XIX, en nuestra cultura occidental oficialmente no se tenían dudas sobre la realidad y causa del Diluvio: ¡era un castigo divino! No fue hasta la mitad del siglo XX cuando se comenzaron a formular teorías para explicar el mito. En 1958, Charles H. Hapgood propuso en el libro Sendero hacia el Polo su hipótesis de un deslizamiento brusco de la corteza terrestre sobre el manto. Éste tendría su origen en la combinación del movimiento de rotación del planeta y el enorme peso de la gruesa capa de hielo acumulada en el hemisferio norte, a causa de la cuarta glaciación. Como resultado de este desplazamiento, las masas de hielo habrían quedado en latitudes más cálidas, produciéndose su rápida fusión. Esto habría causado que el nivel del mar subiera bruscamente en todo el planeta, ocasionando inundaciones catastróficas que habrían sido la base para las leyendas diluvianas.

Aunque el propio Einstein elogió la hipótesis de Hapgood al prologar su libro, tal idea es incorrecta, pues no sólo necesita suponer que el comportamiento a corto plazo del manto terrestre es como el de un fluido, si no que además ignora aspectos como los datos paleomagnéticos, geológicos, paleontológicos o la datación de los hielos antárticos o de Groenlandia, puntos que eran en gran medida desconocidos cuando Hapgood formuló su hipótesis.

Otros investigadores han apuntado que el Diluvio pudo originarse por la caída de un enorme meteorito en el hemisferio sur, hace 5.000 ó 6.000 años, pero un evento tan extraordinario debería haber dejado evidencias fáciles de detectar por los geólogos actuales y no parece haber ningún indicio en tal dirección. Pero entonces, ¿existe una respuesta al misterio? Lo que mejor explicaría el mito diluviano es que realmente se hubiera producido en algún momento un fenómeno de lluvias incesantes, en todo el planeta y al mismo tiempo. Pero ese extraordinario evento no tendría explicación… ¿O quizás sí? Para tratar de resolver el enigma, debemos ocuparnos de otro asombroso suceso del pasado para el que los científicos no tienen una respuesta concluyente: el extraño final de la cuarta glaciación. Quizás relacionando estos dos misterios pueda surgir una respuesta para ambos. La Cuarta Glaciación Para comprender las extrañas circunstancias que acompañaron el final de la última glaciación y el advenimiento del clima que desde entonces tenemos en nuestro planeta, debemos conocer sucintamente la climatología que se dio durante este frío período.

La cuarta y última glaciación comenzó hace 115.000 años, cuando nuestra especie ya había surgido en el sureste de África. En aquellas fechas y en distintos lugares del planeta, las nieves que habían caído durante el invierno no terminaron de derretirse en verano y las nuevas precipitaciones de nieve del invierno encontraron una superficie idónea para cuajar y perdurar, iniciándose un proceso de acumulación que se mantendría durante los siguientes 100.000 años. El agua que se evaporaba de los océanos no era devuelta a éstos en igual proporción, al quedar en parte depositada en forma de nieve sobre las tierras emergidas. Esto hizo que el nivel del mar bajara gradualmente, llegando a estar en los periodos más fríos hasta 140 metros por debajo del actual. Sin embargo, lo que resulta más llamativo del período de glaciación, desde nuestra perspectiva climática, no es que las temperaturas medias globales estuvieran en torno a 15º C por debajo de las actuales, ni siquiera que el nivel de los océanos bajase; lo más curioso es que el clima fue terriblemente inestable. Se produjeron bajadas agudas de las temperaturas para, en relativamente muy poco tiempo, recuperarse e incluso alcanzar en algunos lugares valores cercanos a los actuales en esas mismas zonas.

Mientras nuestros ancestros salían de África para extenderse por otros continentes, sufrieron variaciones climáticas que duraron unos pocos milenios y a veces tan sólo algunos siglos. Estas variaciones son conocidas por los científicos con el nombre de estadiales e interestadiales, según las temperaturas fuesen más o menos bajas respectivamente e iban acompañadas de bajadas y subidas en el nivel del mar de hasta 35 metros. De producirse hoy, esta inestabilidad del clima nos parecería catastrófica. Sin embargo, en aquel tiempo no existían actividades humanas que pudieran provocar o acentuar esa oscilación térmica.

Para hacernos una idea, sería como si en época romana las temperaturas hubieran sido como las actuales y se hubieran mantenido así durante unos pocos cientos de años para luego bajar 15 grados durante toda la Edad Medía. Y luego, después de ese mini período glacial, en el Renacimiento habrían subido de nuevo hasta alcanzar en nuestros días otra vez temperaturas más suaves, un corto período tras el cual volverían a bajar produciendo otros 1.000 ó 2.000 años de glaciación, después de los cuales volverían a subir y así sucesivamente durante gran parte de los 100.000 años que duró la glaciación. Desde nuestra perspectiva de clima estable, esta situación sería un disparate, pero es lo que sucedió en la última glaciación.

Hace 11.500 años, el final de la Cuarta Glaciación no sólo trajo una subida generalizada de las temperaturas medias de 10-15 grados en todo el planeta, si no que esa subida… ¡se produjo en poco más de 10 años! Y más asombroso aún: a partir de entonces, el clima se estabilizó. ¿Qué extraordinario suceso tuvo que producirse para que el clima se calmase como nunca antes? ¿Qué motivó esa fuerte subida de temperaturas en tan corto período de tiempo? La respuesta nos llega de nuestros antepasados: llovió. Y lo hizo incesantemente durante días y días. Llovió de tal forma que quedó grabado en la memoria cultural de todos los pueblos de la Tierra. nubes de hielo cósmico Lluvias torrenciales, incesantes y generalizadas. Esto es lo que se desprende de las múltiples leyendas que han llegado hasta nosotros. Pues bien, existe una posibilidad que podría explicarlo todo.

Nuestro sistema solar viaja en el espacio. Da una vuelta en torno al centro de la galaxia cada 250 millones de años y durante ese viaje podemos cruzarnos con una asombrosa variedad de materiales. La idea de que el espacio es un medio vacío no se ajusta a la realidad. De hecho, cada año caen a nuestro planeta miles de toneladas de material interestelar y se considera que una parte del agua de nuestros océanos es de procedencia extraterrestre.

En el espacio galáctico existen inmensas nubes de polvo y gases cósmicos. Algunas de estas «nubes» están constituidas en su mayor parte por minúsculas partículas de hielo. En dos recientes informes financiados por la NASA, el astrónomo Alex Pavlov afirma que la Tierra pudo haber sufrido intensísimas glaciaciones, al atravesar el sistema solar una de estas nubes. Prueba de que esto ha sucedido en la historia de nuestro sistema solar podrían ser los anillos de Saturno, cuya composición parece ser precisamente esa. ¿Qué habría pasado si la Tierra hubiera atravesado una nube de polvo de hielo de dimensiones moderadas y baja densidad, hacia el final de la última glaciación? En primer lugar es muy probable que se produjeran descensos de temperaturas globales al interponerse la nube o partes de ella entre el Sol y nuestro planeta, lo que amortiguaría los rayos solares que recibimos. Y después, al ser atraídos por la gravedad terrestre, jirones de esa nube se precipitarían en la atmósfera, aportándole grandes cantidades de polvo de hielo. ¿Qué ocurre cuando una partícula de hielo entra en nuestra atmósfera? Que se funde, convirtiéndose en vapor de agua. Un aporte masivo de estas partículas tendría dos consecuencias: un descomunal aumento del vapor de agua atmosférico, lo que elevaría rápidamente y de forma espectacular el efecto invernadero, acarreando una subida de las temperaturas en cuanto el camino de los rayos solares a la Tierra se hubiera despejado. Y después, por saturación, se producirían lluvias torrenciales generalizadas en todo el planeta.

Y esto es justo lo que dice la historia climática. El comienzo del deshielo que marca el inicio del período de desglaciación que puso fin a la Cuarta Glaciación se produce hace 20.000 años con un lento cambio hacia temperaturas más cálidas. Pero, una vez iniciado el ascenso térmico, se producen dos episodios de regreso al frío llamados Oldest Dryas y Younger Dryas, durante los cuales y a pesar de la bajada de temperaturas, no se produjeron descensos en los niveles de CO2 ni en el nivel del mar, que continuaron ascendiendo extrañamente.

Hace unos 14.700 años, después del primer regreso al frío del Oldest Dryas, las temperaturas comenzaron a subir y en pocas decenas de años alcanzaron un valor medio casi semejante al actual. Los registros en los hielos de Groenlandia nos dicen que las precipitaciones de nieve aumentaron bruscamente, pasando a ser el doble de las anteriores. Después de este rápido calentamiento, que duró entre 10 y 50 años, las temperaturas regresaron lentamente al frío (período Younger Dryas), en el que se alcanzaron valores muy bajos (hace entre 12.200 y 11.500 años) a pesar de que entonces la intensidad de la radiación solar era superior a la actual. Finalmente, hace unos 11.500 años, las temperaturas volvieron a subir, con una velocidad que asombra a los climatólogos –unos 15º C en poco más de diez años–, manteniéndose así hasta nuestros días. Un aporte hídrico de esa magnitud sin duda habría estabilizado el sistema climático, lo que también coincide con lo observado. Los datos nos dicen también que tras el fin de la glaciación, el clima fue sustancialmente más húmedo en todo el mundo. Es la época en la que el árido Sahara se encontraba salpicado de lagos y zonas pantanosas.

Aunque es posible que ya se hubieran dado episodios de lluvias intensas con anterioridad (final del Oldest Dryas), hace 11.500 años pudieron producirse lluvias torrenciales y continuadas en todo el planeta, que constituirían el origen de todas las leyendas diluvianas.

Estas lluvias habrían terminado con la inestabilidad climática y este hecho habría sido determinante para los seres humanos, al permitir el desarrollo de la agricultura. Tal y como se nos relata en los distintos relatos de diluvios, la lluvia acabó con la humanidad anterior (cazadora, recolectora y nómada) y ocasionó el nacimiento de una nueva humanidad (agrícola, ganadera y sedentaria). Si las piezas encajan, ¿por qué no creer a nuestros antepasados? Aterrorizados bajo una intensa lluvia acompañada de terribles relámpagos, sin ver el Sol durante semanas, tuvieron que encontrar una explicación. Estaban bajo la tormenta que los dioses enviaban para castigarlos.
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