Civilizaciones perdidas
18/11/2009 (10:09 CET)
Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)
LA "PASADA MÁGICA" DEL CUY
Alberto González FarranEl altiplano andino, entre el Perú y Bolivia, sufre una esquizofrenia religiosa. Aunque el 90% de la población es católica y practica su fe con asiduidad, numerosas personas cumplen con los preceptos de sus antepasados: sacrificios de animales, invocaciones de espíritus, ofrendas a los dioses Una de tales ceremonias, la «pasada» del cuy, es una de las más frecuentes y llamativas de las que se realizan en esta vasta región.
Los pobladores del altiplano, que viven a casi 4.000 metros de altura, nunca han olvidado su pasado inca. El peso de la religión católica, influjo de los conquistadores españoles, convive con las costumbres que se han transmitido de generación en generación en las comunidades aymara y quechua. En este sentido, se celebran fechas del calendario eclesiástico con un fervor sorprendente. La Virgen de la Candelaria, la Virgen de Copacabana, nuestra señora de las Nieves, Santa Rosa de Lima, la Virgen de la Merced, el Señor de los Milagros
Todas ellas son citas que arrastran a centenares de miles de peregrinos a distintas ciudades, para reclamar favores y curaciones imposibles. Pero todo ello siempre va acompañado de prácticas milenarias, casi profanas, a las que los lugareños no quieren renunciar.
La contratación de maestros curanderos es una costumbre arraigada para sacar los malos espíritus de las casas o para sanar enfermos terminales. Por una tarifa de unos 100 nuevos soles peruanos (25 euros), estos médicos alternativos (llamados también macumberos) «venden» distintos tipos de ceremonias que sólo ellos pueden practicar (tras décadas de aprendizaje). A parte del conocido tarot, en el altiplano son populares las ofrendas a la madre tierra (la «pachamama», en quechua), la lectura de las hojas de coca, la cura del susto, la limpieza de casas y vehículos, los amarres y desamarres de parejas, los baños de florecimiento, los seguros contra la envidia y los males de ojo
La contratación de maestros curanderos es una costumbre arraigada para sacar los malos espíritus de las casas o para sanar enfermos terminales. Por una tarifa de unos 100 nuevos soles peruanos (25 euros), estos médicos alternativos (llamados también macumberos) «venden» distintos tipos de ceremonias que sólo ellos pueden practicar (tras décadas de aprendizaje). A parte del conocido tarot, en el altiplano son populares las ofrendas a la madre tierra (la «pachamama», en quechua), la lectura de las hojas de coca, la cura del susto, la limpieza de casas y vehículos, los amarres y desamarres de parejas, los baños de florecimiento, los seguros contra la envidia y los males de ojo







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