Enigmas y anomalía
20/03/2026 (09:37 CET) Actualizado: 20/03/2026 (09:37 CET)

Científicos de la NASA confirman 'accidentalmente' la crucifixión de Jesús

Científicos de la NASA, comprobaron como la “Luna de sangre” estaba presente durante la crucifixión. Entonces: ¿Qué causó el eclipse a mediodía?

Josep Guijarro

Periodista y escritor

20/03/2026 (09:37 CET) Actualizado: 20/03/2026 (09:37 CET)
Científicos de la NASA confirmaron los datos astronómicos de los Evangelios
Científicos de la NASA confirmaron los datos astronómicos de los Evangelios

 

¿Sabías que los científicos de la NASA “demostraron accidentalmente” la crucifixión de Jesucristo? 

Dicho así suena sensacionalista porque los científicos de la agencia espacial estadounidense se limitan a calcular posiciones orbitales y fenómenos astronómicos, no a validar eventos religiosos. Pero basta rascar un poco en el titular para descubrir que los modelos astronómicos modernos corroboran el relato bíblico bajo el cielo real del siglo I. Me explicaré.

Los Evangelios sinópticos, y en particular el de Lucas, describen un episodio desconcertante. En pleno mediodía, cuando el sol debería dominar el cielo, "una oscuridad se extiende durante tres horas, desde la sexta (mediodía) hasta la nona (las tres de la tarde)". No hablamos de un instante fugaz, sino de un fenómeno prolongado, casi antinatural. Un detalle que, durante siglos, ha sido interpretado como un signo sobrenatural… o descartado como un recurso literario.

Sin embargo, el relato no termina ahí. Horas después, ya entrada la noche, aparece otro elemento clave: la Luna. Y aquí es donde la astronomía moderna entra en escena.

Gracias a los cálculos del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA y a investigadores como Fred Espenak, hoy es posible reconstruir con precisión el cielo de hace dos mil años. Y lo que revelan esos modelos es, cuanto menos, sugerente.

El astrofísico Fred Espenak trabajó en el centro de vuelo espacial Goddard
El astrofísico Fred Espenak trabajó en el centro de vuelo espacial Goddard

El 3 de abril del año 33 d. C., una de las fechas más aceptadas para la crucifixión, se produjo un eclipse lunar parcial visible desde Jerusalén. Pero no fue un eclipse cualquiera. Comenzó antes de la salida de la Luna, lo que implica que, cuando esta apareció en el horizonte al anochecer, ya lo hizo parcialmente oscurecida… teñida de tonos rojizos.

Ese fenómeno, conocido popularmente como “Luna de sangre”, no tiene nada de místico en su origen. Es pura física atmosférica: la luz solar, filtrada por la atmósfera terrestre, pierde sus componentes azules y deja pasar los tonos rojos. Pero la percepción para un observador antiguo debió ser impactante. Una luna rojiza elevándose sobre Jerusalén en la noche de la Pascua.

Y aquí surge la inevitable conexión con el texto bíblico. En los Hechos de los Apóstoles, Pedro cita al profeta Joel: “el sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre”. ¿Estamos ante una coincidencia literaria… o ante el reflejo de un fenómeno real reinterpretado con lenguaje simbólico?

Porque si el eclipse lunar encaja con precisión, la oscuridad del mediodía plantea un problema mucho más incómodo.

Una recreación del cielo el día de la crucifixión de Jesús
Una recreación del cielo el día de la crucifixión de Jesús

Desde el punto de vista científico, no pudo tratarse de un eclipse solar. La razón es simple: la Pascua judía se celebra en luna llena, mientras que los eclipses solares solo ocurren en luna nueva. Además, ningún eclipse solar dura tres horas. El máximo teórico apenas supera los siete minutos.

Entonces, ¿qué ocurrió realmente entre el mediodía y las tres de la tarde?

Algunas hipótesis apuntan a tormentas de polvo, fenómenos atmosféricos extremos o nubes densas. En regiones como Oriente Medio, el jamsin puede oscurecer el cielo de forma dramática. Pero, ¿hasta el punto de generar una oscuridad total durante horas? No hay consenso.

Retrato de un eclipse
Retrato de un eclipse

Otros, por supuesto, optan por la interpretación sobrenatural. Pero incluso desde una perspectiva crítica, la pregunta sigue en pie: ¿por qué múltiples tradiciones coinciden en describir ese episodio como algo extraordinario?

En este punto, la fecha del año 33 d. C. cobra especial relevancia. Investigadores como Colin Humphreys han defendido que encaja no solo con los datos astronómicos, sino también con el calendario judío y el contexto histórico del gobierno de Poncio Pilato. Frente a ella, la alternativa del año 30 d. C. pierde fuerza al carecer de un evento celeste tan llamativo.

La NASA no ha demostrado la crucifixión. No es su función ni su ámbito. Pero sus cálculos han abierto una grieta fascinante: los cielos descritos en los textos antiguos no son imposibles… son verificables en parte.

Y eso nos deja en una zona incómoda, a medio camino entre la fe, la historia y la ciencia. Porque si una “Luna de sangre” realmente iluminó Jerusalén aquella noche, y si algo —aún no explicado— oscureció el cielo durante horas, entonces el relato bíblico ya no puede descartarse tan fácilmente como pura alegoría. ¿Hasta qué punto los relatos antiguos describen fenómenos reales que hoy seguimos sin comprender… y qué implica eso para la llamada “verdad oficial” sobre los grandes episodios de la historia?

Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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