Los fantasmas más inquietantes de Roma
Recorremos la leyendas que aún recorren las calles de la ciudad eterna. Los fantasmas de Roma siguen siendo un atractivo turístico.
Roma es mucho más que un “museo urbano” fascinante, allí columnas y ruinas milenarias acompañan en casi cada esquina, pero también es escenario de relatos de ultratumba, de misterio, que han circulado durante siglos y que, entre mitos, crónicas antiguas y testimonios populares, siguen alimentando el interés por estos temas y que atribuyen a figuras históricas que regresan después de la muerte para deambular por sus calles y plazas más emblemáticas. Fue mi querida amiga Paloma Gómez Borrero la que me habló de ello y que, en mis visitas a la ciudad eterna, me he encarado de buscar y visitar. Entre la Historia y la leyenda encontramos a esas “almas inquietas” que se han convertido en protagonistas de un itinerario nocturno que mezcla episodios reales con narraciones que reflejan el gusta por este tipo de relatos que no faltan en ninguna ciudad del mundo.
Apariciones famosas e imperiales
Una de las apariciones más llamativas y emblemáticas se relaciona a Valeria Messalina, la tercera esposa del emperador Claudio y personaje inolvidable de la Roma del siglo I. Autores antiguos como Suetonio y Tácito describen su vida marcada por la ambición y un comportamiento sexual muy activo e indiscriminado que escandalizaba a sus contemporáneos. Messalina fue ejecutada en el año 48 tras consumar un matrimonio simulado con su amante, el cónsul Gayo Silio. La leyenda dice que su espíritu, envuelto en un misterioso atuendo blanco y ricamente adornado, se pasea por los alrededores del Coliseo en búsqueda de pasiones que, para ella, ya no existen.

El polémico emperador Nerón, cuya figura histórica sigue siendo objeto de debate entre los historiadores y especialistas, también forma parte de esta tradición espectral. Según una narración medieval, tras su tumba en la plaza del Popolo creció un nogal cuya presencia generaba enorme terrores nocturnos. El papa Pascual II, en el año 1099, habría recibido una visión de la Virgen que lo motivó a destruir el árbol y ordenar la dispersión de los restos de Nerón en el Tíber intentando el apaciguar los espíritus perturbadores. La construcción de la basílica de Santa María del Popolo en el lugar terminó por consolidar la fusión entre Historia, fe y mucha superstición.
El fantasma de Beatrice Cenci
Entre los relatos más populares de fantasmas en Roma destaca la historia de Beatrice Cenci, noble del Renacimiento cuya trágica vida y muerte han inspirado a artistas y escritores desde Shelley hasta Stendhal. Tras años de abusos por parte de su padre, Beatrice participó en su asesinato y fue condenada a muerte, siendo ajusticiada en el año 1599. Aunque su tumba original fue destruida durante la ocupación francesa de 1798, las crónicas populares aseguran que, cada 10 de septiembre, puntual, su figura sin cabeza camina por el puente hacia el Castel Sant’Angelo portando su propia testa entre las manos.

Otra figura asociada a la Roma barroca es la de Donna Olimpia Maidalchini Pamphilj, conocida como “la Pimpaccia”, poderosa cortesana y cuñada –nada más y nada menos- de Inocencio X. Su influencia en la corte marcó una época de intrigas, ambición y riqueza desmedida. Tras la muerte del pontífice, huyó de Roma cargando oro que nunca devolvió. La leyenda asegura que, cada 7 de enero, su fantasma cabalga un carro ardiente lleno de tesoros que termina hundiéndose en el río Tíber y, de esa forma, ser llevado por demonios hacia el infierno.
Menos conocida pero igualmente aterradora e inquietante es la historia de Costanza Conti De Cupis, cuyo obsesivo temor a una profecía sobre sus manos perfectas la llevó a recluirse hasta que murió de gangrena. Su espectral historia en Roma cuenta que cuando la luna ilumina la Plaza Navona, una mano espectral se asoma tras los cristales del palacio familiar.
Del siglo XVIII provienen los relatos sobre Giuseppe Balsamo, el conde de Cagliostro, mítica figura ligada al esoterismo y a la masonería, y de su esposa Lorenza Feliciani, cuyo desconsolado fantasma aún estaría vagando por las callejuelas del evocador Trastevere o de la Plaza de España –alejados entre sí- en busca de su esposo encarcelado.

He dejado para el final a la figura de Giovanni Battista Bugatti, el verdugo oficial de la Roma de los Papas, que es muy conocido en esta Roma de los fantasmas. Su silueta con manto escarlata, caminando antes del amanecer por el puente Sant’Angelo, se ha convertido en casi una especie de metáfora entre justicia y del miedo ritualizado que, en un pasado, rodeaba a las ejecuciones públicas en la ciudad.
Me gusta, siempre que estoy en otra ciudad, hacer una ruta de misterio en la que me “presenten” a sus fantasmas, aquellos que hoy se constituyen como una parte fascinante de la cultura del misterio romano, en una ciudad en la que la memoria del pasado está escrita, con enorme belleza, en las piedras y textos, sino también en historias de “almas” que siguen vagando, como sus supuestos espectros, esperando a encontrar el camino a la otra vida.








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