Conspiraciones
26/04/2026 (15:23 CET) Actualizado: 26/04/2026 (15:23 CET)

Las extrañas conexiones del tirador Cole Allen

Una cadena de 'casualidades' desata teorías de la conspiración en las redes sociales tras el intento de atentado durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca

Josep Guijarro

Periodista y escritor

26/04/2026 (15:23 CET) Actualizado: 26/04/2026 (15:23 CET)
Falsa bandera, viaje en el tiempo, las extrañas coincidencias que rodean a Cole Allen
Falsa bandera, viaje en el tiempo, las extrañas coincidencias que rodean a Cole Allen

Hay noches en las que la historia parece doblarse sobre sí misma, como si alguien hubiera decidido superponer capas de realidad que no deberían coincidir. Eso es exactamente lo que ocurrió el pasado sábado 25 de abril de 2026 en Washington D.C., en un escenario cargado de memoria: el mismo hotel donde en 1981 un hombre intentó asesinar a Ronald Reagan. Más de cuatro décadas después, otro individuo armado hasta los dientes irrumpía en ese mismo espacio. Otra vez. Otra noche. Otra grieta en la narrativa oficial.

El contexto no era menor. La Cena de Corresponsales de la Casa Blanca es uno de los eventos más blindados del calendario político estadounidense. Dentro se encontraban el presidente Donald Trump, la primera dama, el vicepresidente JD Vance y buena parte de la élite institucional del país. Y, sin embargo, un hombre logró cruzar el perímetro de seguridad disparando. El Servicio Secreto reaccionó con rapidez. Un agente resultó herido —salvado por su chaleco antibalas— y el atacante fue reducido.

Hasta aquí, la versión oficial encaja. Incidente controlado. Lobo solitario. Amenaza neutralizada.

El propio Trump difundió horas después la imagen de Allen neutralizado por el servicio secreto
El propio Trump difundió horas después la imagen de Allen neutralizado por el servicio secreto

Pero es en los detalles donde la historia empieza a resquebrajarse.

El detenido, Cole Thomas Allen, de 30 años, no responde al perfil habitual de un atacante improvisado. No estamos ante alguien desarraigado sin formación técnica. Su rastro profesional apunta a algo mucho más delicado: trabajó en IJK Controls, una empresa especializada en sistemas de estabilización de precisión para cámaras y sensores. Tecnología dual, con aplicaciones tanto en la industria cinematográfica como en sistemas de defensa. Una frontera difusa donde Hollywood y el complejo militar-industrial comparten herramientas.

IJK Controls, además, contaba con certificación ITAR, un registro reservado a compañías que manejan tecnología sensible en el ámbito armamentístico. Y en 2020 fue absorbida por General Atomics, responsable de plataformas como los drones Predator y Reaper. Los mismos dispositivos que han redefinido la guerra moderna… y que, en más de una ocasión, han proporcionado vídeos de fenómenos aéreos no identificados.

Fotograma del servicio secreto desalojando al presidente Trump
Fotograma del servicio secreto desalojando al presidente Trump

La trayectoria de Allen no termina ahí. También figura como participante en un programa de investigación de verano en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA, el célebre JPL de Pasadena. El mismo centro que gestiona misiones como las Voyager o los rovers marcianos. Tecnología avanzada, desarrollo experimental, proyectos que a menudo se adelantan años —o décadas— a su aplicación civil.

Y, sin embargo, tras ese recorrido técnico, su rastro se diluye. Aparece posteriormente vinculado al ámbito educativo. Profesor. Entorno escolar. Una transición que, como mínimo, plantea preguntas. Especialmente cuando hay periodos de su vida sin huella pública clara.

Pero lo verdaderamente inquietante no es solo quién era Allen. Es cuándo actúa.

Nueve horas antes del tiroteo, varios medios informaban de una decisión inesperada: el Pentágono iniciaría un proceso de desclasificación de archivos sobre ovnis a través de un dominio oficial impulsado por la administración Trump. Un movimiento que, de confirmarse, abriría una de las mayores grietas informativas en la historia reciente del fenómeno.

Nueve horas después, alguien con formación en tecnología militar intenta acceder armado al lugar donde se encuentra el presidente. 

¿Coincidencia?

Podría serlo. Pero entonces surgen elementos difíciles de encajar en esa explicación cómoda.

Las búsquedas globales del nombre de Cole Thomas Allen se dispararon de forma anómala en países sin conexión aparente con el suceso: desde Suiza hasta Tanzania, pasando por Taiwán o Moldavia. ¿Cómo se anticipa un nombre que aún no ha sido difundido ampliamente por los medios internacionales?

Y luego está el rastro digital.

Una cuenta en la red X, atribuida a un supuesto ingeniero vinculado a Lockheed Martin, publicó en 2023 un único mensaje: “Cole Allen”. Sin contexto. Sin explicación. Solo un nombre flotando en el tiempo, como una pieza suelta esperando encajar. La cuenta es de Henry Martinez que tiene credenciales de Lockheed Martin también vinculadas a la NASA en el mismo año en que Cole Allen hizo prácticas en la NASA. ¿Casualidad?

La imagen de cabecera de ese perfil, por cierto, procede de un sitio web llamado "Time Machine" (Máquina del tiempo), del año 2022.

También circula en foros una cadena de texto que supuestamente hace referencia a Cole Allen. Dice así:

"Only one Cole Allen post on 12/21. Delta Drop 417. News unlocks map. Future proves past. Stringers important. Hint: 12/19 22 WH POTUS PRESS. Divert ATT CAP H. Find post."

Cadena de texto que supuestamente hace referencia a Cole Allen
Cadena de texto que supuestamente hace referencia a Cole Allen

Si han seguido alguna vez el fenómeno Q, reconocerán el estilo. Fechas. Códigos. Instrucciones para "encontrar" algo que ya ocurrió. La idea de que el futuro confirma el pasado.

No voy a validar ni invalidar esto. Lo que sí puedo decir es que alguien, en algún momento, escribió el nombre de Cole Allen en un contexto que mezcla la Casa Blanca, el Pentágono y fechas específicas de diciembre.

Y que ese texto estaba ahí antes del tiroteo.

¿Es una profecía? ¿Es una fabricación posterior? ¿Es parte de algo más grande? No lo sé.

Hay otra coincidencia más relacionada con la imagen de Time Machine. Si la superponemos coincide con el atentado de Pensilvania de 2024.

El problema no es lo que sabemos, sino cómo se gestiona lo que no encaja. Tal vez no estemos ante una conspiración perfectamente diseñada, sino ante una cadena de coincidencias que alguien —o algo— no ha sabido, o no ha querido, explicar.

Y es ahí donde el relato oficial muestra sus grietas.

Porque si todo esto es solo una suma de casualidades… ¿por qué cada nueva capa añade más preguntas que respuestas? ¿Estamos ante una simple anomalía estadística?

Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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