Conspiraciones

Madrid 1991: el 11-S que pudo ser

Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, la CIA trabajó de formas insospechadas para prever diferentes escenarios de ataques terroristas ante el shock de lo imprevisible. Lo cierto, es que en España ya hubo un intento de atentado con aviones suicidas 10 años antes del 11-S.

Criminólogo

25 de marzo de 2021 (16:27 CET)

Madrid 1991: el 11-S que pudo ser
Madrid 1991: el 11-S que pudo ser

Toda guerra, catástrofe o epidemia de dimensiones globales puede conllevar un cambio de paradigma. Parece razonable que, tras superar la crisis que nos azota, el modelo emergente traerá nuevos hábitos higiénicos que provoquen cambios en los usos y costumbres sociales o troquelen los ya existentes. Una nueva cosmovisión hará que percibamos el mundo bajo otro prisma, al menos mientras resuene la onda expansiva de la pandemia.

En justa analogía, la serie de ataques terroristas que causaron miles de fallecidos en suelo norteamericano el 11 de septiembre de 2001, supusieron un cambio de paradigma en los modelos de seguridad a nivel internacional.

El hecho de que este suceso fuese el detonante de la invasión de Irak y pretexto para reconfiguraciones geopolíticas y estratégicas, ha dado pábulo a especular, si no a fabular, decenas de teorías de la conspiración, unas más elaboradas que otras. Sin entrar en ellas, y presumiendo que todo conspiranoico obvia aspectos prosaicos y complejos de la realidad para ofrecer una explicación simple, cerrada y algo arcana de sucesos intrincados, admitiré la versión oficial del atentado.

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Monumento Nacional del 11 de Septiembre

Declarada esta asunción, e insistiendo en el hecho de huir de contubernios y enjuagues, comentaré una serie de fenómenos singulares que desmontan la idea de que dicha cadena de ataques fue imprevisible y totalmente inevitable, por parte de las autoridades norteamericanas, al carecer su modus operandi de antecedentes.

Michael Morell fue un hombre de primer nivel dentro de la inteligencia norteamericana: director adjunto de la CIA, subdirector de la misma y asesor personal de seguridad de los presidentes George W. Bush y Barack Obama. En el año 2015 publica un libro llamado La gran guerra de nuestro tiempo: La guerra contra el terror contada desde dentro de la CIA, de Al Qaeda a ISIS (Editorial Crítica, 2016).

Después del 11-S,  la CIA invitó a guionistas de Hollywood a la agencia para mantener una reunión en la que se proporcionasen ideas sobre posibles métodos de ataque

El libro arroja bastante información sobre cómo se coordinan las distintas agencias de espionaje y seguridad norteamericanas y cómo se vivieron desde dentro acontecimientos relevantes tales como el 11-S y la captura y muerte de Osama Bin Laden.

Al hablar sobre las terribles secuelas de los atentados del 11 de septiembre y estando inmersos en la reestructuración del modelo de defensa a nivel estratégico y operativo, leemos lo siguiente:

No solo tenía que responder a las preguntas del presidente sobre los informes de amenazas que eran diseminados por la comunidad de inteligencia, sino que también tenía que informarle sobre las amenazas “imaginativas”. Después del 11-S,  la CIA invitó a guionistas de Hollywood a la agencia para mantener una reunión en la que se proporcionasen ideas sobre posibles métodos de ataque, puesto que antes del 11-S pocos hubiesen podido imaginar que Al-Qaeda secuestraría un avión y lo utilizaría como arma. Estos escenarios eran presentados al presidente en un formato especial llamado “Célula Roja”,  que tenía un diseño característico y una advertencia en la parte superior para recordar a las personas que los leyeran que estos no eran informes normales sino que eran productos altamente especulativos que empleaban las mismas dosis de inteligencia que de imaginación. Buscábamos ideas sobre cómo mantener el país seguro allá donde pudiésemos obtenerlas. El presidente estudiaba cada uno de los informes de la “Célula Roja”

En 1991, durante la Conferencia de Paz celebrada en Madrid, hubo un intento de ataque terrorista basado en el uso de aviones suicidas

Resulta llamativo que la ingente cantidad de personas implicadas en la seguridad nacional ignorasen que, tan solo 10 años antes, en la ambiciosa Conferencia de Paz celebrada en Madrid en el año 1991 para abordar el conflicto árabe-israelí, hubo un intento de ataque cuya estrategia se basaba en el uso de aviones suicidas que impactarían sobre el Palacio de Oriente y otras sedes que albergarían el colosal evento.

Entre los participantes se encontraban mandatarios de la talla de Mijaíl Gorbachov, George H. W. Bush, Isaac Shamir, el presidente Felipe González y numerosos representantes de diversos Estados e instituciones directamente involucrados en los procesos de paz –y conflictos– en curso en aquella época: el presidente del Consejo de Ministros de la CE, Hans van der Broeck; el ministro de Asuntos Exteriores de Egipto, Amr Mussa; su análogo jordano, Kamel Abu Jaber; el representante de la Delegación palestina, Halim Abdel Chafi y un largo etcétera.

La Conferencia fue auspiciada por España y, gracias a la información proporcionada por los servicios secretos de un país árabe –Yemen presumiblemente–, se logró, tras una rápida reacción Gobierno español, neutralizar el despegue de los aparatos suicidas en Sudán. La gestión del incidente se llevó con absoluta discreción y solo un exiguo número de personas estuvo al tanto de los acontecimientos, entre ellos el propio presidente, el vicepresidente Narcís Serra o José Luis Corcuera.

Se puso en marcha un velado, pero contundente operativo de máxima alerta. Aviones y cazas del Ejército español patrullaron incesantemente el espacio aéreo, en los puntos clave de la cumbre se instalaron infraestructuras sanitarias –con uvis móviles y helicópteros– y se examinaron con dispositivos de detección hasta los objetos más insignificantes que accediesen a las sedes, comida incluida.

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Imagen de las Torres Gemelas de Nueva York

El diseño de las Torres Gemelas contemplaba expresamente la posibilidad del impacto de un avión a raíz de un accidente en el año 1945

También se antoja extraño que se pasase por alto el hecho de que el propio diseño de las Torres Gemelas, de principios de los sesenta, contemplara expresamente la posibilidad del impacto de un avión. Efectivamente, sabemos que a raíz de un accidente en el año 1945, en el que un bombardero B-25 Mitchell impactó contra el Empire State Building a causa de la densa niebla, se decidió dotar a las Torres Gemelas de mecanismos estructurales que las protegiesen frente a accidentes similares. Se pensó en la capacidad de hacer frente a la colisión de un Boeing 707, cargado y a gran velocidad.

Vemos pues que, aunque nos transmitieron que cuando la realidad supera a la ficción los acontecimientos se tornan impredecibles, en este caso hubo realidades anteriores que pudieron haber ayudado a prever lo imprevisible.

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