Los 'fantasmas' que fundaron un museo
Hay un museo en Roma con objetos marcados por huellas de fuego que, según la tradición, pertenecieron a almas atrapadas en el purgatorio
Existió en Roma, a orillas del río Tíber, una pequeña capilla dedicada a la Virgen del Rosario. Estuvo situada en un terreno que el padre Francesco Victor Jouët adquirió en 1893 para restaurarla un año después. Todo marchó bien hasta la tarde del 15 de septiembre de 1897. Una vela mal colocada inició un funesto incendio que destruyó por completo la capilla. Cuando las llamas se extinguieron, rescatistas y misioneros entraron a evaluar los daños, pero no imaginaban que, entre las cicatrices del tizne, se distinguían rostros sobre la piedra.
Según los testigos, había varias figuras en las paredes, incluyendo un rostro sonriente encima del altar mayor —donde tuvo lugar el fuego más intenso— y que los italianos aseguraban que era Satanás. Pero Jouët prestó más atención a la sombra de uno de los pilares. Parecía una persona cubierta con túnicas, con un rostro melancólico y doliente que se asomaba desde la pared. Jouët estaba convencido de que aquellas eran las ánimas del purgatorio que se manifestaban para pedir auxilio.
De acuerdo a las creencias cristianas, se pueden ofrendar misas para ayudar a las almas a permanecer menos tiempo en el purgatorio
La creencia del purgatorio dentro del catolicismo afirma que, al morir, todos los seres humanos pasan directamente a este espacio lleno de fuego donde purgan los pecados cometidos antes de acceder al cielo, desde un mal pensamiento hasta una falta grave: pecados que pudiesen ser perdonados. Según el catolicismo, los vivos podían ofrendar misas que ayudaran a las almas a permanecer menos tiempo en ese espacio de sufrimiento. La prueba física de su existencia eran, desde el siglo VI, huellas invisibles que se plasmaban con fuego sobre objetos, edificios y personas.
La aparición de aquel rostro provocó que Jouët cambiara radicalmente su visión sobre aquel terreno. Con la aprobación del papa, fundó allí la Asociación del Sagrado Corazón del Sufragio de las Almas del Purgatorio. La capilla no pudo rescatarse, así que se inició la construcción de un nuevo templo de estilo neogótico, con alusiones a las ánimas. Mientras la construcción se llevaba a cabo, Jouët inició un viaje por varios países de Europa para recolectar pruebas de la comunicación de los muertos con el mundo de los vivos a través del purgatorio.
El resultado fueron catorce objetos recuperados por el padre, que enmarcó y colocó en una puerta del convento para convencer a los feligreses de ofrecer misas por las ánimas. Las almas que solicitaban ayuda debían dejar pruebas de su aparición. De cada objeto investigó su historia y la dejó en resguardo dentro de sus archivos.

En Metz, Francia, encontró un libro marcado por los dedos de fuego de una mujer muerta treinta años atrás, que pidió a su nuera, Margherita Demmerlé, peregrinar al santuario de Marienthal. En Mons, Bélgica, recolectó la camisa de Giuseppe, en cuya manga aparece la mano izquierda que su madre, muerta veintisiete años antes, dejó impresa. Y en Italia obtuvo la sotana que la abadesa Clarisse de Todi conservó cuando el padre Panzini impregnó con sus huellas de fuego el tejido el 1 de noviembre de 1731.
Un libro de oraciones, una mesa de madera, un trozo de camisa, una copa de cristal. Eran objetos muy variados en los que huellas de dedos, manos y pies podían verse claramente.

Abierto el templo en 1917, llegaron más objetos. Desde el monasterio de San Leonardo, en Montefalco, se envió una copia de los billetes de diez liras quemados por el espíritu de un sacerdote que solicitó misas en 1920. También las fotografías del encuentro de una mujer con un ánima en la cocina de un castillo, que le quemó la piel. Y en 1932, un centinela que custodiaba las tumbas de un cementerio cercano entregó el abrigo militar en cuyo hombro el rey Umberto I, asesinado en 1900, dejó una huella para comprobar su aparición y el mensaje que tenía para su hijo Vittorio.
La colección aún existe. Se exhibe en el mismo lugar desde hace más de cien años: la Chiesa del Sacro Cuore del Suffragio, la Iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio, en Roma. Allí, en un pequeño espacio, se encuentra el Museo de las Ánimas del Purgatorio y, en el templo, detrás de uno de los retablos neogóticos de madera, aún se conserva, en una columna protegida por un cristal, la imagen de un alma que se habría asomado a nuestro mundo durante aquel incendio de 1897, dando inicio a una colección tan singular como inquietante.








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