Karakasa y el desfile nocturno de los cien demonios
La existencia de un paraguas monstruoso en Japón está en los limites entre lo imaginario y lo real
Dicen las crónicas japonesas que allá en el periodo Heian (794 al 1185), la calle principal de Kioto, era víctima de un extraño suceso. Todas las noches empezaban a desfilar por la calle una serie de objetos cotidianos. Eran ollas, linternas, porcelanas, abanicos, kimonos y todo tipo de cosas que cobraban vida. Cualquiera que se cruzara con ellos, se enfrentaría a dolorosas enfermedades o la muerte misma.
Tan grave era el problema que el emperador ordenó una serie de oraciones budistas y se encaminó a todos los objetos a un lugar dentro de las montañas donde habitarían lejos de los humanos; pero el problema no terminó ahí. Según la tradición sintoísta, todo objeto en este mundo tiene un alma, los perros, las hormigas, las flores, las piedras; pero también los teléfonos, las sandalias, las cortinas y la televisión. El budismo afirma que el alma debe meditar para alcanzar la iluminación, por eso los objetos fueron llevados a meditar en medio de las montañas donde finalmente pudieron transitar a otro plano. Pero detrás de ellos llegó la siguiente generación de “cosas”.
Esta leyenda conocida como “El desfile nocturno de los cien demonios”, aunque data del periodo Heian, fue ilustrada hasta el siglo XIII en un rollo que se conserva en el templo zen de Daitoku-ji. La tradición afirma que cuando los objetos llegan a cierta edad, se les concede el don de la vida, y una vez con vida pueden decidir entre seguir su camino como objetos o rumbo a la iluminación. Les salen ojos, cabellos, piernas, caras y otros rasgos monstruosos. Se les llama Tsukumo-Gami o “espíritus artefacto”.

Aunque existe toda una gama de estos objetos, quizá el más simpático y conocido es el Karakasa; el paraguas encantado. Según se cuenta, es el espíritu de aquellos paraguas olvidados o perdidos que después de 100 años buscan la manera de entrar al hogar.
Cuentan que se colocan en los posaparaguas públicos esperando a que alguien los tome por error. Una vez que alguien los lleva a casa, abren su ojo (raras veces tienen dos), su bastón se convierte en una pierna y se acercan a su víctima a la que empiezan a lamer con su grotesca boca humanoide.

La existencia del Karakasa como un monstruo japonés tradicional (o yokai), se puede rastrear desde el periodo Edo hasta el Taisho. Se les ha representado desde 1857 en las danzas kabuki (como en Matsuasa Ogi Utsushi-e) e incluso existe una estatua en la ciudad de Sakaiminato que lo muestra con su lengua de fuera. Pero lejos de las leyendas locales, no se tiene más información sobre este peculiar ser.
Existe una teoría. A lo largo de los años, el desfile nocturno ha inspirado a artistas y dibujantes a crear todo tipo de artefactos animados. Hay quienes atribuyen la invención del Karakasa al ilustrador más famoso de los monstruos tradicionales, Sekien Toriyama. Solamente que al publicar su guía de monstruos en 1776, incluyó un párrafo misterioso en la descripción que hasta hoy no da más detalles. Sekien dice que “En los mares del norte existe un pez llamado shifun […] se dice que crea nubes y hace llover. Este paraguas también tiene que ver con la lluvia”. Eso es todo.
Karakasa es un monstruo extraño cuya existencia se balancea entre leyendas e imaginación, pero poco importa, pues de los yokai, es quizá el más querido de japón, incluso con su aceitosa lengua...








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