Un susto puede provocar diabetes
Analizamos la extraña enfermedad cultural del "susto" donde el miedo súbito desencadena desnutrición, úlceras y hasta desequilibrio homeostático.
En varias comunidades de Latinoamérica existe una extraña enfermedad conocida como susto o espanto. Aunque síntomas como el estrés, el insomnio, la fiebre o la desnutrición forman parte de ella, el desequilibrio homeostático (condición médica donde las células y tejidos empiezan a funcionar mal) puede desencadenar padecimientos peores. Si no se trata de inmediato, el susto puede desarrollar parasitosis, úlceras gástricas o diabetes mellitus... o al menos eso es lo que se cree.
Susto es, como su nombre lo indica, tener miedo. Un espanto tan inesperado que desequilibra por completo el espíritu. Se puede contraer cuando una persona está a punto de ahogarse, cuando ve una muerte violenta, cuando sufre un accidente, cuando se enfada (hace un coraje), pero principalmente cuando se tienen encuentros sobrenaturales.
Según un estudio dirigido en 2018 por el antropólogo Carlos Zolla Luque, donde se preguntó a los habitantes de comunidades mexicanas de Oaxaca, Puebla y Veracruz, entre las principales causas del susto se enumeraba el transitar por un lugar peligroso como un cementerio, el soñar con algo inquietante y el encuentro súbito con nahuales (personas que se convierten en animales), embrujos, sombras, duendes, muertos y fantasmas.

Para quienes estudian la medicina mágica, el susto tiene niveles de gravedad dependiendo de la causa. Provoca palidez, falta de apetito, desmayos constantes o frío en piernas y brazos. Si no se trata, la enfermedad puede progresar rápidamente, siendo los casos más complicados los de las embarazadas. Un susto mal tratado puede conllevar a la muerte en el transcurso de unos días.
Fuego se combate con fuego. Por eso, como toda enfermedad paranormal, su único tratamiento debe ser dado por curanderos desde el mundo de lo mágico; se le llama "levantar". Lo primero que se hace es ubicar dónde está guardado el susto.
Retenido en el estómago produce dolor de pecho y úlceras; el que está en la garganta causa pérdida de la voz o tuberculosis, y el que se guarda en el corazón produce las más fuertes angustias e inquietudes. Muchas veces la gente va a consulta médica por la úlcera, la tos o los niveles de glucosa, pero según se cree, cuando la persona no mejora y empieza a bajar de peso, viéndose más pálida y acechándole la tristeza, ahí es donde uno se da cuenta de que es susto.
Se han clasificado hasta 58 plantas diferentes que se emplean en las comunidades indígenas con el fin específico de curar el susto
Ubicado el susto en el cuerpo, hay que devolver el alma al paciente. Un buen curandero debe tener conocimiento absoluto de la vegetación que servirá para la curación, pues los botánicos han clasificado hasta 58 plantas diferentes que se usan en las comunidades con el fin específico de curar el susto: desde la flor de los muertos (cempaxúchitl) hasta la rosa de Castilla.
Los sustos leves se tratan con almohadas rellenas de plantas medicinales o baños de temazcal (baño ritual prehispánico de vapor); los medios, con pelotillas (té de plantas medicinales que se introducen en el recto), y los graves, con limpias, oraciones, procesiones y grandes ofrendas en el sitio donde se perdió el alma.
Son rituales complejos y varían según las comunidades. Se hacen figuras en la tierra, se montan altares con imágenes católicas y se acompaña de masajes con ajo, tabaco, cedro o manzanilla. Generalmente, tras cuatro días de ceremonias, el alma vuelve.
Los buenos curanderos recomiendan no abandonar los tratamientos médicos para las "otras" enfermedades que se desarrollaron tras el susto. Pero eso sí, hay que mantenerse al tanto (al pendiente) de los pacientes; pues aunque el susto puede darle a cualquiera, dicen que suele afectar más a quienes nacen en fechas específicas del año.








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