El misterio del 'monje' de la carretera A-432
Un conductor sevillano asegura haber visto la figura de un fraile inmóvil sobre un talud en la carretera que conecta Cantillana con El Pedroso
La carretera A-432, que conecta los municipios sevillanos de Cantillana y El Pedroso atravesando parte de la Sierra Norte, acumula desde hace años un relato que se repite entre conductores habituales de la zona. No figura en informes oficiales ni en registros de la Guardia Civil –aunque saben de ello-, pero forma parte de ese tipo de historias que circulan entre vecinos y trabajadores que recorren la vía de madrugada. La protagonista de este caso es una figura descrita como un fraile o monje, alguien tocado con un hábito oscuro que, según algunos testigos, permanece inmóvil sobre un pequeño promontorio de tierra junto a la carretera.
El testimonio que reavivó el interés por este supuesto fenómeno corresponde a un profesional sevillano que decidió compartir su experiencia varios años después de haberla vivido. Según su relato, los hechos ocurrieron en 2025 –hace solo unos meses-. Roberto Mendoza conducía durante un desplazamiento temprano hacia su lugar de trabajo ocasional en la Sierra Norte. Comenzó el viaje a primera hora, cuando el sol comenzaba a iluminar la carretera.
La A-432 es una vía estrecha, de un carril por sentido, marcada por curvas continuas y tramos rectos cortos. No es una carretera que permita grandes velocidades, especialmente en las primeras horas de la mañana, cuando la luz aún cambia con rapidez entre sombras y claros. Mendoza recuerda que circulaba con tranquilidad tras superar una curva cuando apareció ante él una breve recta. A la izquierda se extendía una zona de campo abierta, sin edificaciones ni caminos visibles. A la derecha, en cambio, se levantaba una pared de tierra que descendía ligeramente conforme avanzaba el vehículo.

La observación del testigo
Fue entonces cuando, en una pequeña hendidura del talud, distinguió una figura humana. En un primer momento pensó que podía tratarse de un senderista o de alguien detenido junto a la carretera. Sin embargo, al acercarse lentamente —sin ningún tipo de vehículo detrás que le presionara— observó con mayor claridad que la silueta vestía lo que parecía un hábito marrón, similar al de los frailes franciscanos. La persona permanecía completamente quieta sobre unas rocas, mirando hacia la carretera en dirección al vehículo que se aproximaba.
El detalle que más inquietó al conductor fue la absoluta inmovilidad de la figura. No reaccionó al ruido del coche ni al paso del vehículo. Tampoco realizó gesto alguno ni cambió la dirección de la mirada. El testigo asegura que pudo distinguir incluso rasgos físicos: un hombre relativamente joven, con barba y cabello oscuro, vestido con un hábito sujeto por un cordón a modo de cinturón.
La escena resultaba difícil de explicar por el contexto del lugar. En ese punto concreto no existe espacio para detener un vehículo ni acceso visible desde caminos cercanos. Tampoco hay edificios, ermitas o conventos en las inmediaciones que justifiquen la presencia de un religioso a primera hora de la mañana. Cuando el conductor dejó atrás la zona sintió, según describe, una sensación de inquietud que le acompañó durante varios minutos.

Ya en su lugar de trabajo decidió comentar el episodio durante un descanso. Un compañero, también representante, escuchó la historia con sorpresa y respondió con una frase “se cuenta muy y hay aquí personas que también lo han visto”. La conversación terminó ahí y nunca volvieron a tratar el asunto en profundidad, más por miedo y respeto.
En algunos casos se relacionan con antiguas leyendas, accidentes olvidados o simples juegos de luces y sombras que el cerebro interpreta de forma inesperada. En otros, los relatos permanecen sin explicación clara durante años.
Investigadores de lo insólito y aficionados al estudio de fenómenos extraños han visitado en diversas ocasiones el tramo señalado de la A-432. Este testimonio se suma a otros comentarios dispersos que hablan de apariciones fugaces en esa misma carretera.
Mientras no exista una explicación definitiva, el supuesto “monje de la A-432” continúa siendo parte de aquella carretera y de su historia misteriosa así como de quienes recorren la vía entre Cantillana y El Pedroso al amanecer. Para algunos es solo una historia curiosa; para otros, un misterio que sigue esperando una respuesta.
El caso refleja también cómo determinadas experiencias personales permanecen durante años en silencio antes de ser silenciadas y luego “soltadas” cuando hay más personas que han tenido una similar. Mendoza insiste en que la visión fue clara, breve pero perfectamente definida, y que la sensación que le produjo no se parecía a ninguna otra vivida durante sus habituales desplazamientos por esa carretera serrana.
Hoy el recuerdo sigue intacto y la pregunta permanece abierta: “¿Qué fue lo que vi?”.








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