La Gran Pirámide concentra energía electromagnética
Un estudio revisado por pares concluyó que la Gran Pirámide puede concentrar energía electromagnética en sus cámaras bajo condiciones de resonancia
En julio de 2018, cuatro físicos de la Universidad ITMO de San Petersburgo y la Universidad de Hannover— publicaron en el Journal of Applied Physics un trabajo sobre las propiedades electromagnéticas de la Gran Pirámide de Giza.
Estos científicos, sin embargo, no viajaron a Egipto ni tampoco metieron una antena dentro de la Cámara del Rey Keops. Se limitaron a construir un modelo electromagnético teórico de la pirámide —asumiendo caliza homogénea, sin cavidades ocultas más allá de las conocidas en 2018, con propiedades dieléctricas razonablemente bien establecidas— y simular cómo respondería esa estructura al ser iluminada por ondas de radio.
Los inquietantes resultados fueron publicados en una revista revisada por pares con un título que parece sacado de un paper de telecomunicaciones, no de egiptología: Electromagnetic properties of the Great Pyramid: First multipole resonances and energy concentration, es decir: Propiedades electromagnéticas de la Gran Pirámide: primeras resonancias multipolares y concentración de energía.

El resultado, despojado de la épica que le pusieron después cientos de titulares es que, bajo determinadas condiciones de resonancia, con longitudes de onda de entre 200 y 600 metros (frecuencias de radio media y larga, entre aproximadamente 500 kHz y 1,5 MHz), la estructura de la pirámide concentra energía electromagnética en tres puntos muy concretos: la Cámara del Rey, la Cámara de la Reina y, finalmente, en la zona situada bajo la base, donde se encuentra la cámara subterránea inacabada.

Los autores emplearon simulaciones numéricas y descomposición multipolar —una técnica habitual en nanofotónica— para estudiar cómo la pirámide excita momentos dipolares y cuadrupolares electromagnéticos. El equipo ya ha aplicado esta lógica al diseño de nanopartículas dieléctricas capaces de concentrar luz, con aplicaciones en sensores y celdas solares de alta eficiencia. Es decir: usaron la pirámide como modelo de referencia para tecnología fotónica de última generación, no al revés.
No es "energía mística"
Conviene cortar por lo sano antes de que la conversación se desvíe: esto no es la resonancia de Schumann, no es una energía telúrica desconocida, no es nada que la física no pueda explicar con las herramientas de un curso avanzado de electromagnetismo. El principio es el mismo por el que una antena rinde mejor en determinadas frecuencias; por el que una copa de cristal vibra con una nota concreta o por el que un puente puede entrar en resonancia destructiva con un paso de viento regular: cualquier objeto con una geometría y unas dimensiones determinadas responde con más intensidad a ondas cuya longitud es comparable a su tamaño. La Gran Pirámide, con sus 230 metros de base, encaja en esa lógica para longitudes de onda de cientos de metros.
Hasta aquí, física pura y dura. El problema —o la pregunta interesante, según se mire— no es que la pirámide "genere energía". Es que sigue sin estar claro por qué una tumba necesitaría comportarse así, y por qué ese comportamiento resonante coincide con una acumulación de otras rarezas estructurales que la egiptología convencional explica con bastante menos solidez de la que se suele admitir.
¿Cuántas tumbas conoces que necesiten una precisión geométrica capaz de generar comportamiento resonante calculable con física de nanopartículas cuatro mil quinientos años después?
El propio equipo ha planteado aplicar esos mismos principios al diseño de nanopartículas dieléctricas, nanoantenas y sensores ópticos para celdas solares de alta eficiencia: la pirámide como modelo macroscópico de un comportamiento que interesa, sobre todo, a escala nanométrica.
Esa última parte casi nunca se cuenta. Lo que se viralizó fue una sola frase —"la pirámide concentra energía electromagnética"— convertida en titular sin el resto del párrafo.

Nanofotónica en el Antiguo Egipto
Antes de seguir, conviene aclarar que Mikhail Balezin, Kseniia Baryshnikova, Polina Kapitanova y Andrey Evlyukhin, los científicos del estudio, no dijeron en ningún momento que la Gran Pirámide fuera una central energética o un dispositivo construido para producir electricidad; tampoco que utilizara resonancias electromagnéticas de forma intencionada en su diseño. Su objetivo era el contrario: estudiar cómo la forma piramidal —esa geometría concreta de base cuadrada y caras triangulares— modifica la propagación de los campos electromagnéticos, para trasladar después esos principios a una escala radicalmente menor. La pirámide funcionaba en el paper como un "modelo gigante" cuya física podía aplicarse al diseño de nanopartículas dieléctricas, nanoantenas, sensores ópticos y células solares más eficientes. Es nanofotónica que usa Keops como caso de estudio macroscópico, no arqueología alternativa.
Aquí es donde la mayoría de los artículos escépticos se detienen, satisfechos de haber "desmontado el bulo". Pero detenerse ahí es perder lo más interesante del asunto. Que el comportamiento resonante no sea sorprendente desde la física no significa que no abra preguntas legítimas desde la arqueología y la historia de la ingeniería.
Si una construcción de hace 4.500 años presenta propiedades electromagnéticas que hoy interesan a la nanofotónica más avanzada, ¿qué relación tiene eso con cómo y por qué se diseñó así?
- ¿Fue una consecuencia puramente accidental de su geometría? Es la explicación más parsimoniosa: cualquier estructura con esas proporciones, construida con ese material y a esa escala, mostraría un comportamiento resonante similar. La precisión geométrica de la pirámide tendría entonces otras motivaciones —religiosas, simbólicas, de ingeniería estructural— y el efecto electromagnético sería un subproducto no buscado.
- ¿Observaron los arquitectos algún fenómeno físico sin comprender la teoría que había detrás? Las civilizaciones antiguas construyeron empíricamente mucho antes de poder describir matemáticamente lo que hacían: los arcos, las cúpulas o la acústica de ciertos templos griegos son ejemplos de un dominio práctico que precede en siglos a su explicación teórica. No es descabellado preguntarse si algo parecido pudo ocurrir con propiedades acústicas o térmicas de estructuras a gran escala, aunque no haya ninguna evidencia de que ocurriera con el electromagnetismo.
- ¿Pudieron propiedades acústicas, térmicas o electromagnéticas haber influido en decisiones de diseño? Esto es distinto de afirmar que las "conocían" en el sentido moderno. Es preguntarse si la repetición de ciertas proporciones —geometrías que funcionan bien estructuralmente y que, de paso, generan efectos físicos secundarios— pudo reforzarse por ensayo y error a lo largo de generaciones de construcción piramidal, sin que mediara ninguna teoría formal.
Ninguna de estas tres preguntas tiene respuesta en el paper de 2018, ni en ningún otro estudio publicado hasta la fecha. Pero el hecho de que sigan abiertas, después de casi dos siglos de excavación moderna, dice algo: la Gran Pirámide sigue siendo un objeto extraordinariamente complejo desde el punto de vista físico, y esa complejidad no ha sido completamente explicada ni por la arqueología ni por la ingeniería.
大ピラミッドの正面入口の上にある、現代人が見たことのない部屋に内視鏡カメラを入れた時の映像。
— 保守報道 (@kusowarosan) June 23, 2026
それからほぼ2年経ったが音沙汰がない。
ある怖い事に気づいたんだが...。 pic.twitter.com/Pcuoo0pFn0
Un corredor que lleva veinte años esperando
Mientras estas preguntas siguen sin respuesta teórica, la investigación de campo no se ha detenido. En 2017, el proyecto internacional ScanPyramids —usando radiografía de muones cósmicos— detectó un vacío de al menos 30 metros sobre la Gran Galería, el llamado "Big Void". En 2023, un endoscopio de 6 mm confirmó la existencia de un corredor con techo abovedado, sin artefactos visibles hasta donde el instrumental alcanzaba a ver.
Conviene no precipitarse aquí tampoco. La arqueóloga Kate Spence, de la Universidad de Cambridge, ha planteado que el vacío podría ser simplemente una rampa de construcción interna, una explicación funcional y nada misteriosa. Pero el propio equipo de ScanPyramids ha insistido en que, a día de hoy, no hay certeza sobre su función. Lo que sí es cierto es que lo que se encuentre detrás de esa puerta —si finalmente se abre este 2026 como ha anunciado Zahi Hawass— podría aportar el primer dato nuevo en décadas sobre cómo se distribuyen los espacios internos de la pirámide. Y eso, indirectamente, también es relevante para las tres preguntas anteriores: cuanto mejor se conozca la arquitectura interna real, más fino podrá ser cualquier modelo —físico o arqueológico— sobre por qué se construyó así.

Ningún otro elemento del Reino Antiguo egipcio combina estas tres cosas a la vez: una precisión geométrica y astronómica que roza el límite de lo alcanzable sin instrumental moderno, una red de conductos internos que no sirven para ventilar ni para pasar un cuerpo, y —ahora lo sabemos gracias a la física aplicada— una geometría capaz de concentrar energía electromagnética en sus cámaras bajo condiciones de resonancia muy concretas. Tres líneas de evidencia que no se contradicen entre sí, pero que tampoco encajan con naturalidad en la explicación de "tumba real estándar".
¿Era "solo" una tumba?
Aquí hay que ser igual de estrictos que al principio. El estudio de 2018 no aporta ninguna evidencia arqueológica sobre la función de la Gran Pirámide. Que su geometría tenga un comportamiento electromagnético interesante no dice nada, por sí mismo, sobre si fue concebida como tumba real, como monumento funerario con funciones rituales más amplias, o como algo distinto. Esa interpretación depende de la arqueología, la epigrafía y el contexto histórico del Reino Antiguo egipcio —no de la física de ondas de radio—, y mezclar ambos planos es precisamente el error que conviene evitar.
Pero hay un terreno intermedio, mucho más riguroso que la afirmación de "central energética" y mucho más interesante que el silencio cómodo de "es solo una tumba, no hay nada más que ver": La física moderna está empezando a describir matemáticamente comportamientos de la Gran Pirámide que sus constructores nunca pudieron formalizar con esas herramientas. La pregunta de si llegaron a intuirlos, observarlos o aprovecharlos de algún modo empírico —sin necesidad de entender por qué funcionaban— sigue completamente abierta. Y mientras esa puerta sellada en el corredor norte siga sin abrirse del todo, probablemente seguirá estándolo.








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