Historia oculta

Leyendas sobre vírgenes y demonios en Cuzco

En sus calles se mezclan los restos de una civilización que todavía plantea numerosos enigmas junto a la impronta dejada durante época colonial que alimenta mil y una leyendas.

Divulgador

21 de julio de 2021 (15:38 CET)

Leyendas sobre vírgenes y demonios en Cuzco
Leyendas sobre vírgenes y demonios en Cuzco

La novela Viracocha (Ediciones Luciérnaga) sirvió de improvisado cuaderno de notas durante el viaje que Jiménez del Oso realizó por tierras peruanas mientras realizaba varios documentales para la serie El Otro Perú, emitida dentro de La Puerta del Misterio. En uno de sus capítulos, anotaba: "Leyendas en Cuzco las hay en cada esquina de la ciudad, en cada estrecha calle y en cada sombrío portal. Me hubiera gustado dar cuenta de todas ellas en un documental, pero eso habría exigido un tiempo y unos presupuestos de los que no disponíamos…".

LAS VIRGENES DEL SOL

En Cuzco, entre la época del Incanato y la colonial, sólo la arquitectura ha cambiado… Porque lo que antes era el Akllawasi o La Casa de las Vírgenes del Sol, donde desde su infancia eran encerradas las más nobles doncellas del Incanato tejiendo telares y amasando panes, hoy se alza el Convento de Santa Clara donde monjas de clausura bordan mantos y hornean dulces. "Allí –cuenta Jiménez del Oso en El Imperio del Sol–, tejían la finísima ropa destinada a los sacrificios y la que usaba el inca en sus ceremonias. Ajenas al resto del mundo, hacían el 'sanqu', el pan ácimo que se consumía en el Inti Raimy, la 'akka', la bebida fermentada que el inca ofrecía al Sol. Con la conquista, las Vírgenes del Sol abandonaron su casa y curiosa o fatalmente, la vinieron a ocupar en 1601 las monjas de Santa Catalina, que, al igual que ellas, se encerraron en clausura, se consagraron a su Dios, tejieron otras telas y fabricaron otro pan y otra bebida para otras ceremonias, como si en el fondo nada hubiese cambiado".

01) Convento de Santa Clara
Convento de Santa Clara (Foto: A. L. Moyano)

LOS DEMONIOS DE LA CASA DEL ALMIRANTE

Tras una empinada calle detrás de la Plaza de Armas se alza La Casa del Almirante –que hoy alberga el Museo Inca–. De este lugar se dice que sus distintos propietarios no se libraron de ser arrastrados repentinamente hasta el Averno por una legión de demonios después de faltar al respeto a varios religiosos en distintas épocas. Pero dejemos que sea el propio Jiménez del Oso en El Imperio del Sol quien nos relate este anecdotario de leyendas que tiene como escenario La casa del Almirante: "El nombre le viene del almirante don Francisco Aldrete Maldonado, pero la historia cita a otros almirantes que también ocuparon la casa, aunque con peor fortuna. Uno de ellos fue don Gregorio de Espinoza, al que poderes más allá de lo humano condenaron a muerte por abofetear a un cura que, portando en ese momento un Santísimo, no le saludó como correspondía a su grado y condición… Hubo otro dueño de La Casa del Almirante que murió también por una causa similar. Había mandado arrojar violentamente del patio de la casa a una anciana que, como otras mujeres, pretendía coger agua del pozo. No están claras las razones del encono, pero sí se sabe que resultó ser la madre de un cura mestizo. Y también se relata que ese sacerdote acudió indignado a pedir cuentas del almirante por su conducta y que, en lugar de una explicación, recibió una tanda de palos. Ser cura entonces debía tener gran importancia porque la leyenda afirma que esa noche salieron varios verdugos del averno para castigar al impío agresor. Mientras unos diablos levantaban el patíbulo en la Plaza de Armas, otros subieron por la empinada calle en busca del sentenciado. Un criado, que pretendió impedirles el paso, quedó trastornado al ver quiénes eran; donde uno de ellos le puso la mano para apartarle, su carne y sus ropas quedaron quemadas, y cuentan que él quedó mudo de la impresión. No dice la leyenda si el reo bajó la calle resignado o por la fuerza, pero sí afirma que a la mañana siguiente todos los cusqueños pudieron verle colgado de la horca".

02) Casa del Almirante
Casa del Almirante (Foto: A. L. Moyano)

Probablemente el tiempo haya convertido en leyenda unos hechos reales que dan buena cuenta de la influencia que tenían los jesuitas para granjearse el respeto entre los miembros de la nobleza, so pena de ser linchados en la misma plaza.

EL RELIGIOSO QUE PEDÍA CITA CON LA MUERTE

En la Basílica de La Merced, tampoco faltan las leyendas. Una es la que se refiere a fray Matías Zegarra (1732-1804) al que se le atribuye una obsesión enfermiza por el dinero con el que habría encargado una custodia de más de veintidós kilos, labrada por el orfebre Manuel Piedra. Otra de las historias que se cuentan es la del padre mercedario Francisco Salamanca (1660-1737), que vivió enclaustrado durante casi cuarenta años y quien, lejos de disfrutar del gozoso éxtasis que debe otorgar una vida contemplativa, dejó escrito en su celda los siguientes versos: "Venga ya la muerte a devorar mis tristes días; ya no tardes en venir, pues me cansa el vivir…".

03) Las tradiciones y leyendas están muy presentes en el folklore cuzqueño
Las tradiciones y leyendas están muy presentes en el folklore cuzqueño (Foto: A. L. Moyano)

 

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