El misterio del Ahu Tahira: ¿Llegaron los incas a Isla de Pascua?
En isla de Pascua, situada a 3.700 km del Perú se erige un muro que parece obra de los incas. La ciencia oficial lo niega. La genética, no tanto.
Vinapu es un área ceremonial donde se encuentran los restos de tres plataformas que algún día sostuvieron moáis, las esculturas monumentales que han hecho célebre a Isla de Pascua en el mundo entero. Una de estas plataformas, correspondiente al Ahu Tahira, tiene un muro de basalto que recuerda poderosamente las paredes de los templos incas, lo que ha suscitado no pocas polémicas. ¿Acaso estuvieron los incas en Rapa Nui?
La isla está en medio del océano Pacífico, a más de 3.700 Km de la costa de Chile. Según la versión oficial, Rapa Nui fue poblada por aborígenes polinesios en algún momento del siglo X. Y, sin embargo, la similitud constructiva de Vinapu con algunas partes de la ciudadela inca de Muchu Picchu, o las enormes rocas de la fortaleza de Saysachuaman, en Cuzco (Perú) son cuanto menos sugerentes. El arqueólogo noruego Thor Heyerdahl estaba convencido que la población de Rapa Nui fue visitada por una cultura preincaica del Perú y, para demostrarlo, en 1947 realizó un viaje en una balsa de totora, llamada Kon-tiki que recorrió desde la costa peruana hasta el archipiélago de Tuamotu (situado a 2.500 Km al oeste de la isla de Pascua). No obstante, las duras condiciones del viaje obligaron a ser remolcada hasta destino.

Colonización polinesia de Rapa Nui, según la cronología corta hoy más aceptada.
Construcción de las plataformas ceremoniales (ahu) de la isla, incluido el Ahu Tahira de Vinapu.
Ventana genética de posible mezcla con población nativa americana, según el estudio de 2014.
Según los cronistas citados por José Antonio del Busto, fecha aproximada de la expedición marítima de Tupac Yupanqui al Pacífico, aún como corregente de su padre Pachacútec.
Reinado en solitario de Tupac Yupanqui como Sapa Inca.
Llegada del explorador neerlandés Jacob Roggeveen, primer contacto europeo documentado con la isla.
Guerras entre clanes rapanui; derribo de los moáis, incluidos los de Vinapu.
Thor Heyerdahl realiza la expedición Kon-Tiki para demostrar la viabilidad de una travesía desde Perú.
El arqueólogo estadounidense William Mulloy excava y documenta científicamente el yacimiento de Vinapu.
Un estudio genético del Centro de GeoGenética de Dinamarca detecta ADN nativo americano en la población rapanui actual.
Un estudio de ADN antiguo no halla ese componente amerindio en restos prehispánicos de Anakena, reabriendo el debate.
El Ahu Tahira se erige a orillas de la costa sur de Rapa Nui, donde se termina la pista del aeropuerto. Aunque se han descubierto restos de tres plataformas en Vinapu sus moáis fueron derribados en torno a los siglos XVIII y XIX, durante las guerras que tuvieron lugar entre los distintos clanes de la isla. Sin embargo, lo interesante no son las estatuas sino la forma de trabajar la piedra que no existe en ninguna otra parte de la Polinesia. Salvo éste, las plataformas ceremoniales están conformadas por piedras volcánicas amontonadas con gracia para conformar un muro relleno de piedras más pequeñas. Lo de Vinapu te hace explotar la cabeza. No cabe una cuchilla de afeitar entre las juntas y parecen obedecer a un patrón puzle como las construcciones preincaicas. ¿Cómo es posible?

El historiador peruano José Antonio del Busto sostiene que el Ahu Tahira pudo ser construido por el Inca Tupac Yupanqui durante su expedición al Pacífico. Basándose en las crónicas de los cronistas españoles Pedro Sarmiento de Gamboa, Martín de Murúa y Miguel Cabello de Balboa en el siglo XVI, asegura que Tupac Yupanqui, tomó conocimiento de la existencia de unas islas lejanas estando en la zona norte de Perú y decidió ir a conquistarlas. En su libro Túpac Yupanqui: Conquistador Inca, escribe que, partiendo siempre del Cusco, el incaconquistó por el Norte hasta Quito y por el Sur hasta el río Maulé, por el Este hasta el Beni y por el Oeste hasta el mar. Navegó el océano Pacífico, el fluvial Amaru Mayo y el sagrado lago Titicaca. Buscaba el nacimiento del Sol por levante y su ocaso por poniente e, insatisfecho con el mundo de los hiperbóreos andinos, se marchó al sur en busca del fin de la tierra.

De este modo, preparó un gran número de balsas a vela y junto a 20.000 guerreros llegó a unas islas llamadas Ninachumbi y Auachumbi. José Antonio del Busto cree que estas dos islas podrían ser Mangareva (en la Polinesia Francesa) y Rapa Nui. Es más, dijo haber encontrado varias pruebas que lo acreditaban, como el hecho de que en Mangareva haya una leyenda sobre un rey Tupa que llegó del este en unas balsas de vela, llevando orfebrería, cerámica y textiles. El historiador francés Jean Hervé Daude también se aproximó a este enigma y comprobó como las plataformas de Vinapu están hechas al igual que las chullpas de Sillustani, cerca del Lago Titicaca en Perú, las mismas que fueron levantadas en el período de Tupac Yupanqui. Ambas edificaciones están formadas por una fachada de piedra que sostiene los escombros que sirven de relleno. Hervé señala, además, que el inca se habría hecho llamar en isla de Pascua como Mahuna-te Ra'a que significa "hijo del sol".
En contra del contacto inca: el arqueólogo estadounidense William Mulloy, que excavó Vinapu en 1958, y buena parte de sus sucesores atribuyen el parecido a una coincidencia técnica. El aparejo de Vinapu son placas de revestimiento que sostienen un relleno de escombros, mientras que los incas trabajaban con sillares macizos. La diferencia de escala es también notable: los bloques de Vinapu rondan las 7 toneladas (con picos de 10-12), frente a las 120-360 toneladas de los mayores sillares de Sacsayhuamán.
A favor de algún tipo de contacto: un estudio genético de 2014 del Centro de GeoGenética de Dinamarca encontró en la población rapanui actual un componente de ascendencia nativa americana cuya mezcla data de entre 1280 y 1495 d.C. — la misma ventana temporal en la que del Busto sitúa la expedición de Tupac Yupanqui.
El giro más reciente: un estudio de ADN antiguo publicado en 2024 sobre restos óseos prehispánicos de Anakena no encontró ese componente amerindio en los individuos analizados, lo que sugiere que la mezcla genética podría ser posterior a lo pensado. Lejos de cerrar el caso, la ciencia lo mantiene abierto.
¿Estuvieron los incas en Rapa Nui, o simplemente dos culturas separadas por más de 3.700 kilómetros de océano llegaron, por caminos distintos, a la misma solución para levantar un muro que no se derrumbe?
Ni las crónicas de Sarmiento de Gamboa, Murúa y Cabello de Balboa, ni la piedra de Vinapu, dan una respuesta definitiva. Lo que sí dejan es una pregunta incómoda para la versión oficial: ¿por qué esta plataforma, y solo esta, rompe con todo lo que se hacía en el resto de la Polinesia? Mientras no aparezca una prueba arqueológica irrefutable —una herramienta, una inscripción, un objeto de manufactura inequívocamente incaica en un estrato bien fechado—, el Ahu Tahira seguirá siendo lo que ha sido durante décadas: el lugar donde la arqueología oficial y la intuición de investigadores como Heyerdahl, del Busto o Hervé Daude se miden cara a cara, piedra contra piedra.
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