El ADN de la Sábana Santa cuestiona la 'verdad oficial' medieval
Durante el nuevo análisis a la Sábana Santa se detectó una gran variedad de restos biológicos, ofrecen pistas sobre los entornos que ha estado a lo largo de su existencia
La ciencia ha vuelto a posar sus ojos —mejor dicho, sus secuenciadores genéticos— sobre la Sábana Santa de Turín.
Tras la datación de carbono 14 realizada en 1988 parecía claro que el origen del lienzo se situaba entre los siglos XIII y XIV, es decir, en plena Edad Media. Un golpe casi definitivo para quienes sostenían que se trataba del sudario que habría envuelto el cuerpo de Jesús. Pero la historia —y la ciencia— rara vez son tan simples.
Ahora, un nuevo estudio basado en análisis metagenómico de ADN extraído de muestras recogidas en 1978 introduce una variable inesperada: la complejidad biológica del tejido y, sobre todo, su posible rastro geográfico.
El estudio, realizado, por científicos italianos, ha sido publicado en el sitio web bioRxiv, y se centra en el análisis de las condiciones de conservación de la Sábana Santa a lo largo del tiempo, así como las interacciones que ha tenido con su entorno, las cuales revelan "su complejidad biológica a través de rigurosos análisis de ADN y metagenómicos".

Los investigadores han identificado múltiples linajes de ADN mitocondrial humano. Algunos son comunes en Europa occidental, como el haplogrupo H1b. Pero otros, como el H33, aparecen hoy con mayor frecuencia en poblaciones del Cercano Oriente, especialmente entre los drusos. ¿Qué hace esa huella genética en una tela que, según la versión oficial, nació en la Europa medieval?
El propio estudio lo reconoce: la Sábana contiene ADN de “múltiples fuentes biológicas”, resultado de siglos de manipulación, veneración y exposición. Pero incluso teniendo en cuenta la contaminación, hay un dato que resulta difícil de ignorar: en análisis previos, más del 55% de las secuencias humanas detectadas apuntaban a linajes del Próximo Oriente, frente a un porcentaje mucho menor de origen europeo .
¿Estamos ante un simple efecto de contaminación acumulada durante siglos… o ante la huella de un recorrido histórico mucho más antiguo y complejo?

El estudio también abre otra grieta en la narrativa oficial. Los propios autores plantean que la Sábana podría haber existido antes de su primera aparición documentada en Lirey (Francia) en el siglo XIV, situando su posible origen en Oriente Medio y en un periodo anterior al Saqueo de Constantinopla, momento en el que numerosas reliquias desaparecieron o cambiaron de manos.
La hipótesis no es nueva, pero ahora cuenta con un respaldo inesperado: el ADN.
Sin embargo, la misma investigación introduce un elemento de cautela que no puede pasarse por alto. La enorme diversidad de ADN detectado —incluyendo plantas, animales y microorganismos de distintos continentes— apunta a una intensa contaminación a lo largo del tiempo. De hecho, el propio equipo admite que la genética no puede determinar la edad real del lienzo .
Y aquí es donde el misterio se vuelve aún más fascinante.
Porque si el carbono 14 señala una fecha medieval, pero el ADN sugiere conexiones con Oriente Medio… ¿estamos ante una reliquia remendada, contaminada o incluso reconstruida? ¿O podría existir una parte del objeto —o de su historia— que escapa a los métodos tradicionales de datación?
La Sábana Santa de Turín sigue resistiéndose a ser encasillada. Ni la ciencia logra desacreditarla por completo, ni las evidencias permiten confirmarla sin fisuras. Como si el lienzo, silencioso, continuara guardando un secreto que se resiste a ser revelado.








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